Otro hombre de apariencia inmunda ha llegado a realizar un nuevo pacto con el "ángel caído", todos son iguales, todos vienen con un solo propósito, riquezas, y es curioso que crean que al vender sus almas mi padre les recompensara de una manera altamente satisfactoria, ¡ja! que ilusos, incluso con seis años de edad, aparentemente solo física, puesto que mi espíritu y mente al ser sobrenatural, es superior a los demás, mi manera de expresar y pensar son totalmente diferente, como si de un adulto, no, como si de un ángel iniciado se tratase, mis conocimientos son más elevados y por ende sé cómo diferenciar el precio de cada alma, debo admitir, mi padre sí que sabe manejar un negocio, después de todo, esto lo es, ellos entregan algo que creen que tiene valor y padre les devuelve su precio, que es totalmente nulo, un ser que sea capaz de vender su alma por fines egocentristas, no tiene valor equivalente a la nada, y quedan vagando entre los infiernos más profundos de los dos mundos, puesto que sus almas pasan a nuestro poder, bueno, al de mi padre exactamente.
El hombre de aproximadamente treinta años de edad se dirige hacia el altar, afuera cae una fuerte tormenta, los vientos fuertes golpean los árboles, con una violencia que cualquiera creería que los grandes cielos se encuentran enojados, es una pena que yo no pueda estar allá, los cielos serian como el viaje de mis sueños y el infierno el de mis pesadillas, pero me encuentro entre los dos mundos, atrapado, tengo en mi ser las dos fuerzas del bien y el mal, sé que existe una manera de salir de aquí, pero ¿Cuál es? Supongo que después de todo, esa es mi misión, averiguar mi propia salida, mientras he de quedarme en esta sucia cueva, sentado detrás de un altar en medio del bosque, con múltiples libros y velones, las cuales estos últimos puedo encender con solo desearlo, en realidad, puedo hacer muchas cosas con solo sentir algo, bien o mal no se podría esperar más de mí, después de todo soy el hijo del ángel caído.
Detrás de aquel hombre empapado y sucio de barro, le sigue una mujer con un aspecto desfavorable, su rostro demuestra golpizas pasadas, lleva un vestido desgastado y un bebe en brazos, no mira al frente, solo mira a su bebe y con lágrimas en los ojos intenta calmar sus nervios, claramente no debería estar acá. Mientras sigue el camino del hombre, puedo observar que camina de manera inestable, su pie presenta una fractura sin tratar y rápidamente me molesto, ¿cómo es posible que alguien permita que le hagan esto?, no llego a sentir pena por esa mujer, solo odio, si no es capaz de defenderse, entonces no merece un gramo de mi compasión, rápidamente me levanto y los atraigo, no deseo estar con sus presencias, quiero que se vayan, me han molestado y mi humor, como si de un vaso de vino lleno se tratase, se ha roto en mil pedazos, derramando su líquido. Veo el hombre sorprenderse al verme, no intenta disimularlo, lo cual hace que sonría un poco, al ver a un simple infante de seis años de edad en un altar de sacrificios manipulando el fuego, si, es una visión algo inquietante y digna de asombrar.
-Pe-perdón, joven amo, hemos llegado desde lejos para ofrecer en sacrificio a esta niña en honor a su padre Itsvan y así, este nos pueda dar algo de su infinita riqueza y poder sobrevivir, a estos tiempos crueles y fríos que se acercan. – El hombre hablo mientras se arrodillaba, con su cara queriendo tragarse la tierra, sus manos temblando, sin embargo firmes en su lugar.
Esto sin duda era diferente, el precio de una vida inocente era invaluable y por ende, no podíamos tomarla, la persona en cuestión sacrificada debía estar en pleno acuerdo y consiente, de lo contrario el contrato sería nulo, su alma sería reclamada por los guardianes del cielo y nosotros, o bien, mi padre, perdería y eso, eso no era agradable para él.
-¡Conocen las reglas, no me hagan perder mi tiempo, largo! – Mi voz inocente y sin embargo mortal, retumba sobre las paredes de piedra, buscando una salida en esa fría cueva. Mientras me dirijo hacia ellos, con intención de expulsarlos, la mujer levanta su mirada – Por favor Dios, haz que salve a mi niña, líbranos de ese mal y apiádese de nosotros - dijo en su mente.
Raras cosas me llegan a sorprender, y está es una de ellas, la mujer no es una simple mortal, era una guardiana que perdió su rumbo y creyó enamorarse en el mundo de los vivos, no obstante no poseía recuerdos de su vida como ángel por lo que verla a los ojos, me hizo ver su pasado, presente y futuro, su mente era un libro abierto, dado que ella no era consciente de quien realmente era, no podía obstaculizar el mínimo pensamiento frente a otros seres, como yo. La bebe no era su hija, era de ese hombre con otra mujer, una hechicera, que se encargó de borrar la mente de la guardiana con el fin de protegerla y así, cumplir la profecía antes de morir en el parto, muy interesante, desconozco dicha profecía, por otra parte, será algo lo cual sin duda averiguare. Aquella niña tenía un poder en su interior, uno muy codiciado por los ángeles caídos, uno que definitivamente me sacaría de este lugar, un poder tan poderoso que cambiaría las reglas de los mundos, mi padre no la dejaría ir tan fácilmente, no me dejaría observarla, siquiera respirar a cien metros de ella, a él le convenía tenerme aquí, más que como hijo, como su sirviente y estaba harto de eso, sentí en todo mi ser que me pertenecía, así que no la dejaría ir.
-Ofrecer a esa niña en sacrificio no es aceptable si se la ofrece a mi padre, en cambio... - Interrumpí mientras me dirigía a donde se encontraba la guardiana, está se arrodillo y destapo el rostro de Ava, mi alma gemela.
- ¿En cambio?- dijo el hombre impaciente, cuya presencia, claramente hacia juego con mi calificativo al verlo en un inicio, era totalmente inmunda, despreciable y asquerosa, el saber lo que este haría en el futuro, me daban ganas de asesinarlo, de una manera dolorosamente lenta, tanto que rogaría porque le diese muerte de una vez y cuanto disfrutaría en torturarlo.
- Si me la ofreces a mí, te daré todo lo que pidas, por otra parte haz de comprometerte en cuidarla y tratarla como es merecido cuando ella cumpla los veintidós años, al anochecer, iré por lo que me pertenece, el mínimo daño que le proporciones, yo mismo – sonreí con el simple pensamiento de saber que así sería – iré a buscarte y pagaras en mi mundo lo que te has ganado.
Y de esa manera espere veintidós años, el momento había llegado.
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ÁURON, entre dos mundos ©
RomanceUna vez más estoy sumergida en mi realidad, ya no sé lo que está bien o lo que está mal. Pienso que he perdido mi razonamiento por culpa de aquellos acontecimientos que han marcado mi vida. Estoy sola, no creo en el amor, no creo en la vida, pero lo...
