—¡Ahora a la panza, Pachan!
—¡Otro sopapo, a la trompa, Folofo!
—¡Metele las patas, inútil!
—¡No te rajes Folofo: ya lo tenes domado!
—¡Tan grandote, Pachan, y tan la reata!
—¡Noquealo, Folofo! ¿Qué esperas, majadero?
Son gritos acompañados de expresiones gestos de los muchachos lustrabotas, qué haciendo rueda, presencian y animan a dos chicos empeñados en bravas y dura pelea a puñetazos, puntapiés y mordiscos. Ríen, animan azuzan, lanzan palabras chabacanas, gritan.
Entre ellos se han formado dos bandos: Pro-Pachan y Pro-Folofo. Hay también adultos. Los transeúntes han detenido el paso para presenciar la riña entre los niños descalzos, que, resoplando como toros, se agreden sin Piedad, pero dando ya demostraciones de cansancio.
—¡Cipotes tan garañones! -Exclama un señor vestido de casimir, mientras despliega una sonrisa admirativa.
—Pelean con todo: hasta con los dientes -Dice otro individuo que tranquilamente fuma un puro demostrando complacencia poder espectáculo.
Sólo al verle el rostro podría cualquier adivinar qué ese regordete señor que ha detenido su marcha es un aficionado a las peleas de boxeo, las corrida de toros, o las riñas de gallos.
—¡Mordele la oreja, Pachan! -grita un niño Moreno de ojos inquietos y ropas remendadas.
—¡Arrancarle un pedazo!
—¡No! ¡Si ya Pachan no puede ni estar parado!
—¡Folofo: fue una zancadilla! -Aconseja uno de los partidarios.
Ahora en los dos ruedas por el pavimento. Folofo siguió el consejo y por ello están rodando entrelazados y una riña que parece de hombres por la rudeza.
A veces se oye un ¡ay! o una palabra cortante de alguno de los lidiadores. Nadie interviene. Poyoyo, Fierabras, Cara-de-hacha y otros muchachos mayores gozan presenciando, no hay tampoco un policía que se aproxime.
Muchos son los lustrabotas y canillitas que hacen eueda, aunque van perdiendo el entusiasmo a notar que la pelea llega a su fin por el agotamiento de los rivales.
—¡Ya está bien tanto relajo! ¡Dejen de pelear, carajitos!
Un hombre joven en mangas de camisa, se abre paso entre los espectadores y tomando con fuerza a cada contendor, los separa e incorpora.
—A la policía los voy a llevar por escandalosos! -Amenaza el intruso, qué es un chófer de taxi con estacionamiento en el parque.
Los lustrabotas no protestan por la intervención y rodean a Pachan y Folofolo, son los que muestran rasguños y moretes en sus rostros sudorosos.
El hombre del puro, único descontento con el chofer, siguiendo su camino murmura:
—Hay que dejarlos que se
atraquen: así se hacen hombres.
—Si fueran hijos suyos no diría lo mismo -Le increpa, retador, el chofer de puños macizos; y, alejándose también, en voz alta, dice: —Son los grandes los que los echan a pelear. ¡Carajitos!
—¡No, no-no-no! -refuta, tartamudeando, un chico descalzo que lleva en la diestra una caja de lustrar zapatos y la sucia camisa desabotonada.
—Fu-fu-fue Pachan que le qui-qui-quiso pegar al jo-jo-jo-jorobadito.
El chofer se aleja, sin replicar, hacia uno de los automóviles de servicio que permanecen estacionados en el sector Norte del parque.
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Cipotes
RandomVivirás las alegrías y tristezas de dos niños que, enfrentados a los golpes de la vida, se ven obligados a madurar de manera acelerada. Carentes de una vivienda digna, los 'Folofos' y 'Caticas', sin acceso a la recreación, a la salud ni a la educaci...
