La tía Constance

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Primavera de 1913

Azucena iba camino de casa a la salida del colegio, y a lo lejos divisó a su madre hablando con alguien. Pero no era una de las vecinas que le comentaba qué tal había ido el último parto de la Julia, o le hablaba sobre el nuevo novio de Marisa. No. Esta vez era una mujer alta y delgada, muy joven, con el cabello dorado, y que vestía un hermoso vestido azul marino casi negro.

Al ver que Azucena se acercaba, su madre la llamó.

- ¡Azucena, cariño! Esta es la tía de la que te hablé, la que vive en Inglaterra.

-Ah, sí. Mucho gusto. -Azucena le extendió la mano para saludarla, con un tono indiferente.

Hacía ya unas semanas su madre le había comentado algo sobre irse a vivir a un pueblo de Inglaterra, llamado Bruton, con su tía Constance ~tía a la que no había visto en su vida~ porque ella podría darle una mejor vida. Aunque el sueño de Azucena siempre había sido irse a vivir al extranjero, no quería irse tan joven, y con una mujer que, por mucho que fuera tía suya, era una completa desconocida.

~~El tío de su madre se había ido a Inglaterra muy joven, y allí conoció a una mujer llamada Margaret con quien se casaría en 1890. Tuvieron dos hijas, una en 1891, Constance, y otra en 1896, Eleanor, que tan solo era dos años mayor que Azucena.~~

-Bien, querida. Deberías ir preparando las maletas.- dijo su tía con un agradable acento inglés.

Dicho esto, Azucena metió la poca ropa que tenía y un reloj de pulsera que había recibido por su sexto cumpleaños en una bolsa de cuero, y salió afuera de nuevo.

Se despidió de sus padres, y tras prometer a su madre que escribiría todas las semanas, se subió a un precioso coche conducido por un chófer delgado y con un gracioso y despeinado bigote, y se dirigió a la estación de tren.

Una vez tomaron el tren correspondiente, Constance se planteó iniciar una conversación con su sobrina, pero al ver su rostro decidió que sería mejor dejarla navegar por sus pensamientos. A su vez, Azucena no sabía cómo sentirse; si bien, porque iba a cumplir su sueño de conocer lugares nuevos, como llevaba queriendo tantos años, o mal, porque estaría lejos de las cosas y las personas que más quería.

Tras un largo sueño, Azucena despertó, y vio que su tía también dormía.

Se fijó en ella y le pareció una mujer bellísima, con la tez muy pálida, los ojos grandes y de un marrón casi negro, unos labios carnosos y una nariz definida y pequeña. Y entonces se paró a pensar que no se parecía en nada al tío de su madre, y que debía parecerse a su mujer. Aunque esto parezca insignificante, e ella estos pensamientos le apartaron del resto de cosas que había en su cabeza.

Entonces también se fijó en que en la solapa de su chaqueta había un broche, parecido a las condecoraciones que reciben los soldados. Tenía tres rayas: una blanca, una verde y una morada. Se preguntó qué podía significar, pues no creía que ella hubiera sido soldado ninguna vez en su vida, pero no quiso despertarla para eso.

Constance era una mujer extremadamente sofisticada e independiente, y por todo lo que le había contado su madre y lo poco que había visto de ella, tenía claro que pertenecía a la alta sociedad.

Después de pensar todo eso, se quedó mirando los verdes prados por la ventana, y pensó que por lo menos se iría a un pueblo y no a una ciudad; no habría tanta diferencia. Además, siempre había estudiado inglés, ya que algún familiar -que ahora suponía, era Constance- le pagaba clases particulares.

Entonces, poco a poco, el tren empezó a perder velocidad y Azucena pudo ver a lo lejos una estación de tren.



Espero que podáis darle una oportunidad, sé que las primeras partes son aburridas y eso, peeero...

~~Intentaré subir un capítulo (o varios) a la semana. INTENTARÉ.~~

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