Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.
La descarga fue letal. Pequeña, pero no importa, una descarga directa de neutrinos es de consecuencia mortal, con pocas probabilidades de sobrevivirla. Como una mordida de cobra en la yugular. Una vez recibes un shock de neutrinos, viajarán en el torrente sanguíneo con paso constante y certero hacia el cerebro, causando su desintegración total.
La teniente Lana Irving, especialista en comunicaciones e interfaces, entró al turbo elevador con prisa y distraída. Tenía una vídeo llamada de su madre para ser transmitida tan pronto ella llegara a una interfaz de eslabón. Mientras continuaba leyendo informes en su pantalla táctil, distraída, ni siquiera se fijó que quien estaba frente al turbo elevador colocando herramientas en el suelo era un técnico de ingeniería, que reparaba el aparato. Puso ella su mano sobre la consola del turbo elevador sin notar que la cubierta había sido removida. La fuente de neutrinos proviene del sistema de amortiguado inercial que evita que los ocupantes resulten azotados contra el piso y techo del turbo elevador, con sus súbitas aceleraciones y detenidas. La teniente no sintió nada cuando su cuerpo se desplomó por su propio peso al suelo. No perdió el conocimiento.
-¡McCoy! ¿Qué sucede? -preguntó Kirk. -Una descarga de neutrinos, llegué tan pronto pude. -¿Es grave? -Un shock de neutrinos siempre es grave, Jim. -¡Santo Dios, hay que llevarla a enfermería! -Jim -dijo McCoy sujetando a Kirk del brazo y bajando la voz para que Irving no lo escuchara-, tardé un par de minutos en bajar hasta aquí y tomaría otros tantos en cargarla hasta la enfermería. No hay uso en perturbarla, dejemos que al menos tenga algo de paz. No hay mucho que hacer. Lo siento.
-¡Mi madre! -decía con voz desesperada la teniente -¡Debo hablar con mi madre! Spock, de rodillas junto a ella, replicó: -Por favor, trate de calmarse. Lana Irving sólo se volvía más impaciente y desesperada en sus quejidos y súplicas. -¡No, debo hablar con mi madre! ¡Morirá si cree que algo me pasa! ¡Madre, por favor, mamá! Kirk y McCoy sólo podían quedar de pie allí, con ojos vidriosos, ante la dolorosa escena. Estaban a punto de ver a una colega despedirse de la vida, sin nada que pudieran hacer. Spock sujetaba la mano izquierda de Lana. Su mano derecha ya se encontraba a medio desintegrar, un tono plateado pálido cubría lo que quedaba mientras partículas del mismo color continuaban cayendo de su mano. La teniente temblaba incesantemente.
-¡Madre, estoy aquí! -gritaba Irving entre llantos -¡No te vayas, llegaré pronto! ¡Madre, espera! ¡No te vayas, madre! ¡Mamá, por favor...! ¡¡Mamááá...!!
Entonces Spock, movido por un sentimiento de misericordia, fuerte aún para un vulcano, tomó una decisión. Colocó su mano derecha junto al cuello de la teniente, y un segundo después, ésta dejó de temblar y cerró suavemente sus ojos. McCoy acercó el tricorder para examinar la paciente: registró otros trece segundos de signos vitales, y luego, un leve y continuo tono, le indicaba que Lana Irving ya no estaba entre ellos. La muerte... era.