Entonces enterró profundamente aquella cuchilla en su vientre, su piel era tan fragil y delicada, que parecía que la sangre saldría finamente a través de ella, sin embargo, aquel líquido rojo no paraba de salir disparada.
Los gritos de desesperación de aquella voz que antes siempre reía, hacían que sus manos se movieran solas, más y más profundo entre sus entrañas.
Entonces todo quedo en silencio.
Solo se escuchaban a los armoniosos grillos de aquel solitario lugar, el rocio que la mañana había dejado con sigo lentamente se deslizaba a través de las verdes y frescas hojas de las plantas.
Un llanto.
El llanto de los primeros momentos de la criatura quebrantó el silencio y envolvío a aquella persona, haciendo que soltará la cuchilla y la gravedad le ganará a sus rodillas.
Calló al suelo con aquella ñina en brazos, y sus ojos se llenaron de desesperación, una leve curvatura se formó en sus labios y aquella se amplio hasta mostrar sus punteagudos dientes, empezando con una carcajada.
Una risa
Rió fuertemente mientras dejaba las lágrimas caer, mirando hacía el cielo, el cual no parecía inmutarse ante tal acto, tan brillante y claro como cualquier otro día, y sin embargo pronto se volverían penumbras.
Paró aquello y bajó su mirada escarlata hasta la pequeña criatura, esta había calmado su llanto de una manera nada normal al momento.
Con sus manos temblorosas y ensangrentadas, bajó lentamente a aquella cría, dejandola sin protección alguna al sucio y frio suelo de tierra, empuñando nuevamente aquella cuchilla y presionandola suavemente en el cuello de esta.
Un estruendo.
Junto con una gran estrella de fuego, el humo escapó por el cañon de aquel revolver calibre 38.
—No dejaré que arruines esto, no otra vez.
