"Hasta el momento las ciencias, cada una orientada en su propia dirección, nos han causado poco daño pero algún día la reconstrucción de conocimientos dispersos nos dará a conocer tan terribles panorámicas de la realidad y lo terrorífico del lugar que ocupamos en ella, que sólo podremos enloquecer como consecuencia de tal revelación, o huir de la mortífera luz hacia la paz y seguridad"
H.P. Lovecraft
—¿Nunca han sentido que hay un hueco en sus vidas? como si supiesen que algo les está faltando, que algo... no está del todo bien. No están seguros de qué se trata pero lo intuyen, y eso, ¿no suele ponerlos ansiosos antes de dormir?— preguntó una voz femenina mientras una silueta sinuosa ingresaba a la sala. El eco de sus pasos resonaba a medida que se acercaba a ellos.
Amaru no conocía mucho de arquitectura, sin embargo, aquella enorme sala definitivamente lucía como uno esperaría que el interior de un palacio barroco luciese. Rebosaba elegancia y calidez, un poco debido a los ornamentos áureos que adornaban las columnas y a los marcos dorados que encerraban unas majestuosos retratos pintados igual de sofisticados que las paredes que decoraban, y otro, por las múltiples lámparas de araña gigantescas suspendidas sobre ellos que a simple vista parecían hechas de oro y diamantes. No obstante, aquella calidez pronto era contrarrestada por lo desierta que la sala se encontraba: solo había seis sillas amoblándola por lo que a pesar de que habían otras cinco personas sentadas en ellas y de lo cerca de ellas que se encontraba, no podía evitar que una sensación de frío y soledad lo invadiese.
Pronto quedó absorto en sus pensamientos, y no por aquella exposición de lujos innecesaria, sino porque desde que había despertado, era incapaz de hacer con su cuerpo algo más que observar desde su asiento. No tuvo que forzarse demasiado para descubrir que iba a ser imposible liberarse de aquella presión que lo paralizaba, le bastó con observar al muchacho que se encontraba próximo a su izquierda, un joven con una contextura mucho más grande que la de él y que aún así, lo único que había logrado, era sudar.
Sus pensamientos se vieron súbitamente interrumpidos por la poco silenciosa entrada de aquella mujer, pero no fue hasta verla que reparó en que no solo el rostro de cada persona que se encontraba en la sala sino que también el de aquellos en las pinturas, todos le resultaban extrañamente familiares. Ella, en particular, no parecía tener más de veinticinco años, tenía el pelo largo y rubio peinado de lado, vestía un extravagante traje blanco que no ocultaba sus curvas, los rasgos de su cara pequeña y sus ojos grises formaban una expresión difícil de leer en su rostro.
—Bien—agregó mientras chasqueaba los dedos. Amaru movió sus dedos y observó sus manos mientras lo hacía, aquella presión que había sentido hasta hace unos momentos había desaparecido—ahora pueden moverse cuanto quieran, pero les ruego, por su bien, no interrumpirme. Yo hablaré primero, si luego tienen más preguntas, tal vez las conteste— aclaró con una sonrisa sutil en su rostro.
— Mi nombre es Mío y todo lo que han visto, toda su vida, su realidad, no es más que una escenificación. Ustedes no me recuerdan pero yo sí. Antes que nada permítanme ambientarlos un poco — indicó con su mano hacia el centro del semicírculo que las sillas formaban y entonces Amaru comenzó a ver cosas que estaban más allá de su imaginación.
Hace siete años, nuestra civilización alcanzó el límite científico-tecnológico. La humanidad había progresado tanto que había logrado lo imposible: conquistar el universo. Todo gracias a la experimentación que permitió que los humanos pudiésemos ser capaces de controlar la mente, la materia, el espacio y el tiempo. En mayor o menor medida cada pueblo fue dotado con alguna de las habilidades, también hubo quienes por su naturaleza fueron incluso capaces de adquirir más de un poder. Pero no pasó mucho tiempo hasta que Dios se comunicó con nosotros.
Su voz fue oída hasta en las galaxias más remotas
51 c0nt1nuá1s5 c0n e5t0, 3l mult1v3r50 s3rá r31n1ciad0
Una gran parte de la humanidad, satisfecha con los logros, estuvo de acuerdo en acatar la solicitud divina. No obstante, grupos extremistas, minorías poderosas, no estuvieron de acuerdo, y pronto todo fue caos.
Perecieron miles de seres, planetas y sistemas enteros durante la discordia.
Cuando todo estuvo por darse por perdido, el Capitán Felalroon, inventó y desarrolló el método Nullity y transmitió su habilidad a los soldados más sobresalientes de su pueblo, los Joker. Los extremistas habían sido finalmente controlados, la victoria era nuestra y para asegurarlo, pronto se ideó el Proyecto TERRA:
Ocultaríamos todos nuestros descubrimientos. Cada uno de nuestros logros sería bloqueado de nuestra memoria y todos viviríamos ignorantes de todo lo que acababa de suceder.
Para ello, se designaron cuatro planetas en las galaxias más lejanas y se votó por qué edad representaríamos: los años del principio del Siglo XXI.
El proceso se realizó exitosamente hace unos años, o eso creíamos. Ustedes seis son los héroes sobrevivientes de aquella lucha. Y ahora, la humanidad los vuelve a necesitar.
YOU ARE READING
THE BOX
Science Fiction¿Y si todo lo que conoces, tus memorias, tu vida son parte de una escenificación que ha sido creada tan solo el día de ayer? Bien, no fue exactamente ayer, sino hace cinco años.
