En algún lugar, en donde el perfume de una rosa seca alimenta mi sentido del olfato, se encuentra una corona de flores vivas y de colores danzantes, postrada sobre el cadáver de quien fuese mi mero amor. Y habiendo sido mi amor, sólo el recuerdo de rosas secas prevalece.
Recuerdo bailes de doncella, al ritmo de la lluvia, tomando su mano y acariciando su pelo. ¡ah que días! Pero ahora la sola brisa me atormenta con recuerdos de un amor que ya no es, pues la muerte ha demostrado que estamos mal echos, y destinados a no ser.

Mal EchosWhere stories live. Discover now