Cárcel de hueso y carne:

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Solíamos visitar a ratos las canciones, los parques, las risas, los amigos y también las alegrías. Solíamos, sí, pero ya no. Ahora la madurez mancha nuestras mentes y con ella llegan los miedos, los rechazos, y los secretos. Solíamos correr por la calle y cantar a pleno pulmón sin reparar en los demás, o en sus pensamientos sobre nosotros. Ya no. Yo, por lo menos yo, vivo con miedo a los demás, a sus opiniones. Solían gustarme los espejos, ahora solo son cristales que me rompen, que me llenan de miedos, de prejuicios, de lagrimas, de complejos, de todo; menos de nada bueno. He escuchado mitos de personas a las que les gusta su cuerpo, mitos, claro esta. A nadie, a ningún adolescente, le gusta su cuerpo. Su cuerpo, su forma de ser, su forma de vestir, su nivel de inteligencia, bueno, nada que tenga que ver con el.
Nunca he pensado que eso fuera algo para darle importancia, nunca hasta que caí en ellos, en los complejos. Y son algo que no puedes detener a no ser que te aceptes, y cuesta tanto aceptarse cuando nadie te dice lo bonito que es tu cuerpo, o lo enamorado que esta de tu forma de pensar.
Suelo llegar a esta conclusión, tanto, que para mi ya parece ley; es imposible que te guste tu cuerpo, si nadie te dice, y te hace ver, lo hermoso que puede ser a otros ojos, y a los tuyos.

Prosa, de todo corazón:Where stories live. Discover now