Uno

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Era una mañana tranquila, igual que cada día. Casi distinguía ya el sonido de cada pájaro. Pero empezó a llover, y fueron a refugiarse.

Me asomé a la ventana, se veía un pequeño monte en el horizonte, tras una explanada de un verde inmenso; un punto se dirigía rápidamente hacia el palacio, lento, recorriendo largas distancias; de picos escarpados, puntiagudos como agujas. Un destello precedió a un estruendo, es solo ruido pero lo suficientemente fuerte como para asustar a según quién. A mi me gusta, me hace sentir mejor que el resto, aunque supiera que no es así.

Muy al contrario, me encontraba entre los más débiles del palacio, aunque supiera que no es así.

Cogí mi traje negro, y con él puesto me dirigí a despertar al rey. Como siempre, antes de salir cogí un largo y resistente estoque que suelo guardar en el colchón por el día, nadie sabe que lo tengo y me gusta llevarlo escondido, aunque no sepa usarlo.

Llegué a la habitación del matrimonio con el delicado desayuno en la bandeja. Y pensé en que las sirvientas no somos las menos poderosas en un palacio. Al contrario. Nuestra supuesta "inofensividad" nos permitía llegar hasta el mismísimo rey con todo el mundo mirando, sin ninguna sospecha, poder clavar un cuchillo, y gritar como si lo hubiéramos encontrado así. Por supuesto que alguien nos acusaría, por eso hay que haber servido las comidas importantes para saber quién estaba de parte del rey, y a quien se le podría considerar sospechoso, para así inclinar las pruebas hacia este. Porque podemos estar presentes, ya que no somos una amenaza. O podemos traficar con información de la que no se han preocupado en ocultarnos, incluso se leen cartas en voz alta como si solo tuvieran muebles cerca. Pero los muebles tienen oídos y boca.

En un momento de exaltación por estos pensamientos, llegué a sacar el arma y rozar su cuello por saber cuan cierto era esto. Podría haberle desangrado en el mismo sitio, incluso pensé en hacerlo con tal de que llegase un buen rey, o por poder escaparme y vivir como yo quisiera, quizá incluso obtener un mejor puesto en el mismo palacio.

Pero no sería capaz de matar a alguien. Además, también tendría que morir su mujer, seguro que se enteraría de algo así durmiendo a su lado.

Un segundo trueno cayó, y me apresuré a guardar el arma. La dama acababa de despertarse sobresaltada. Si tenía que enfrentarme a ella, sería durante una tormenta. Pero, ¿Para qué todos estos pensamientos? ¿ acaso pretendo enfrentarme a un reino entero? Si, por qué no, un reino solo se sostiene si nadie le ataca. Se ataca a su territorio, se ataca al rey por obtener su poder, pero no se ataca al reino. Si alguien quisiera derrumbar el sistema, sería simple. ¿cómo? No lo se, supongo que improvisaría.

-Buenos días, mi señora. Me temo que un rayo ha debido despertarla. -Me sonó raro eso de decir eso de "rayo" a una reina, no se, no es noble.

-Si buenos días... -miró a su marido un momento y dijo- No le despierte, aprovecharé para desayunar en la mesa, como dios manda, no en la cama. Son sus caprichos, no los míos.

Me gustaba la confianza con que la reina me trataba, aunque simplemente sea su forma de ser. Dudo que sepa distinguir por el nombre a sus criadas.

-Como desee.

Saqué las prendas de ropa del armario según me fue diciendo y antes de comenzar a vestirla se quedó quieta y luego dijo:

-¿Sabes qué? - se quedó callada.

-No, señora.

-Si el rey puede servirse de sus excentricidades, yo también. Aun que sea por un día.

Tal y como iba vestida, cogió ella misma la bandeja y se dirigió a la puerta con la boca llena. Sabía que no era buena idea, y que en parte me iban a nombrar como responsable de lo que quisiera que fuera a pasar.

-No... no es buena idea, mi señora, que la vieran así.. debe mantener la imagen que su marido ha obtenido...

-¡¿Que mi marido ha obtenido?!- se que no, no hace falta que me lo digas- ¡¿Quién crees que gobierna?! ¿Ese gordo? ¡¿Quién crees que se encarga de todo?! ¿Alguien que duerme hasta mediodía y no se levanta hasta la tarde? ¿Y ahora me pides que respete su esfuerzo? ¿¡Qué esfuerzo?!

Yo nunca dije nada de ningún esfuerzo. Se que dice la verdad, opino como ella, pero por mi bien debían oírme diciendo eso.

Salió por la puerta, y el escándalo fue inmediato. No supe decir lo que ocurría, a mi me parecía simplemente una persona desayunando vestida como está mas cómoda, pero el revuelo me indicó que no. Una voz que me resultaba conocida me ordenó que despertara al rey. Otro trueno. No tenía mucho que hacer, y quería desentenderme cuanto antes, así que no me importó hacerlo.

Habían cerrado la puerta con llave, la única otra llave qué está en el castillo, por si se pierde la que yo llevo, así que hice lo mismo en cuanto estuve dentro. 

-¿Quién eres?

Se me cayó el metal del susto.

Una figura de la que no me había percatado -y que juraría que no estaba- cuando entré a la sala se encontraba de pie, completamente cubierta con una túnica negra. Me imaginé la situación, y rápidamente decidí por el bien común antes que el mío o el de mi gobernante.

-Me gustaría saber lo mismo.

El rey se encontraba como lo dejé, la puerta estaba sellada y la llave bajo la cama. La ventana cerrada, pero el suelo húmedo así como la repisa. Una galleta se había caído de la bandeja y ahora estaba junto a la mesilla, cerca de la llave.

-Debe morir. No me han pedido matar a nadie más, pero si et interpones no tendré reparos.

Esto no era atacar al territorio, ni al reino, esto era por poder. Y al reino no le viene bien ceder poder. Pero la muerte de una simple criada no significará nada. Di varios golpes en la puerta, rodé, antes de que me lanzara un cuchillo, y cogí la galleta a la vez que el estoque se me caía.

Quiso cogerlo antes que yo, pero el mango estaba de mi lado, así que no hizo más que desenvainarlo.

Fingí un amago hacia su izquierda, y aquí se clavó de repente un hacha. Aproveché, y me levanté de un salto hasta su espalda por su derecha.

-¿Qué ocurre ahí? Se oyó desde fuera.

La figura desencajó el hacha, y fue a clavarla contra el pecho del rey. Pero este, recién despierto, tuvo suficiente instinto como para pararlo agarrando del extremo del asa. Aproveché este momento para patear el puñal clavado en la puerta, haciéndolo asomar por el otro lado, y estocar contra el costado del asesino. Pero lo esquivó. Ahora era un enfrentamiento a contrarreloj, solo tenía que entretenerle hasta que decidieran entrar. Y sobrevivir hasta entonces. 

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⏰ Poslední aktualizace: Jul 05, 2017 ⏰

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