Respiro con dificultad, el cuerpo me pesa y los pulmones y garganta me arden. La mochila que cargo en la espalda choca contra mi espalda produciendo un leve tintineo, escucho pisadas a unos metros pero ya no puedo más, llevo unas cuatro horas aproximadamente corriendo sin parar, otro minuto y me desmayare. Treparé en un árbol y esperare a que esos tipos desaparezcan.
Y eso hago escojo uno que parece de unos trece metros de altura y lo escalo lo más rápido que pueden mis piernas, cada paso es un dolor punzante en mi rodillas e hombros. Dos ramas se entrelazan haciéndolo el perfecto lugar para esperar unas dos o tres horas.
-¡Niñata! ¿Dónde estás maldita Madison?- gritó un hombre, reconocería esa grave voz en donde fuera, era uno de esos tipos idiotas que me perseguía -Si te encontramos ten por seguro que no saldrás ilesa de esto.
Sabía a lo que se refería, las últimas dos veces que me escape no logre llegar tan lejos como esta, siempre que me atrapaban me encadenaban y me encerraban en un frío cuarto, no sabia cuanto tiempo estaría ahí, las cadenas me apretaban las muñecas al punto de hacerlas sangrar. El hambre era lo peor de todo, de vez en cuando alguien venia a mostrarme un plato con cualquier clase de alimento para después darse la vuelta y salir por el mismo lugar por donde entro, también entraban de vez en cuando a golpearme, varias de las cicatrices que tengo en mis piernas y brazos son debido a eso, también tengo una cicatriz debajo de mi ojo izquierdo. Estas personas son peligrosas y no tengo ni la mas mínima idea de que tengo yo que ver con ellos.
-Maldita sea mocosa, ¿¡Donde carajo estas!?- exclamó enojado, no pensaba bajar ni aunque mi vida dependiera de aquello, ¿es que acaso me creía idiota?
Los ruidos, gritos y pisadas se dejaron de oír pero aún así tenía que estar cien por ciento segura, me asome entre las ramas intentando moverlas lentamente para producir el mínimo ruido posible, no se veía nadie cerca pero como ya dije, necesitaba estar cien por ciento segura, no me volvería a arriesgar, mis dieciséis años casi diecisiete encerrada me habían enseñado a ser fría, calculadora y en no confiar en nadie eso equivalía a mi vida entera.
Maddie, no cometas errores estúpidos... Casi siempre me repetía esas palabras en mi cabeza hasta que se volvió un hábito para recordar lo peligrosos que son, es una forma de sobrevivir para mi.
Pase de un árbol a otro moviendo un poco las ramas haciendo que algunas hojas cayeran.
-¡Hey! ¡Escuche algo!- gritó uno de lo hombres, maldita sea...
-Creo que viene de los árboles- dice otro, ya no tengo ningún jodido plan ¿Qué hago ahora?
-Eh, ¡ya la vi! Esta entre esos dos árboles- levanta un dedo y me señala, A lo estúpido Maddie, salta y corre. Con esto rompo mi promesa de no hacer ningún error estúpido, salto unos cuatro metros, el impacto lastima mi tobillo y mis rodillas gravemente, con la mochila aún en mi espalda empiezo a correr lo más rápido que puedo. El tobillo es un dolor punzante, y las rodillas, pues lo único que puedo decir es que gracias a mis cortadas en ellas ya tengo las piernas completamente pintadas de rojo carmesí.
Las ramas caídas o rotas me arañan la cara pero aún así no dejo de correr, me agacho un poco y tomo una roca del tamaño de mi puño volteo y la lanzo a uno de los hombres, eran tres.
La piedra cae en la cara de uno de tez oscura, el gruñe por el impacto que lo tira junto a otro, ¡Bien! Solo queda uno.
El que queda es uno alto, casi me saca dos cabezas de altura, un gigante comparado conmigo.
Piensa Maddison, piensa en alguna de tus estúpideces que prometiste no volver a hacer... ¡Él no puede subir un árbol! Aunque creo que en mis condiciones yo tampoco, debo pensar en otra cosa y ahora. ¡Joder! No se me ocurre nada.
El tipo acelera el paso a tanto que me agarra del brazo, si vivir rodeada de asesinos me ha servido de algo tengo que usarlo ahora, vi cómo mataban a miles de personas desde mi celda, usaban sus puños o manos para torcerles completamente el cuello, con este tipo no sería posible ya que ha de tener el doble de fuerza que yo, Maddie, ¡busca un punto débil!
Le doy un codazo en las costillas dándome tiempo suficiente como para agarrar una rama clavársela justo debajo del ojo, unos centímetros más y les aseguro perdía el ojo. Su cachete se perforó lo suficiente como para que me soltara, el saco una pequeña navaja de la bolsa de sus vaqueros y me la lanzo dándome en la palma de la mano izquierda, solté un grito ahogado para después arrancarme la navaja y clavársela a él en la pierna, volví a tomar la navaja y salí corriendo lo más rápido que podía, ahora no sólo era el tobillo e rodillas también estaba la profunda cortada en la palma de mi mano.
Corrí como una hora más y después empecé a caminar, ya estaba lo bastante lejos de ellos como para que me encontrarán aún así debía ser precavida, traía una playera de manga larga negra que hacía que sintiera un calor infernal, arranque la manga de mi brazo izquierda y me hice una clase de venda atándola alrededor, al llegar al pueblo más cercano iría a otra ciudad lo más lejos posible de este bosque. El lugar en donde me tenían encerrada estaba como a unos cincuenta kilómetros cálculo yo. Sigo caminando hasta que me encuentro con un lago, cuando vi el agua corriendo lentamente me di cuenta de la sed que tenía. Saque un bote que había robado antes y me bebí toda el agua en el, fueron como unos dos litros. La rellene con agua del lago que parecía bastante limpia aunque solo sería para emergencias pues pronto llegaría al pueblo. También me comencé a lavar las piernas haciendo que la clara agua se tornara roja.
-Hey ¿quién eres?- pregunta una voz a mis espaldas que no reconozco, sin pensarlo dos veces pasó mi mano a la bolsa de mi mochila en donde tenía la navaja.
YOU ARE READING
Escapando de la realidad
AdventureEstoy cansada, me duele respirar y siento la garganta arder pero aún así tengo que seguir corriendo. Si llego a detenerme las consecuencias pueden ser terribles, ¿qué necesitan esas personas de mi? ¿Acaso les debo algo? Necesito encontrar aliados...
