Prologo: Ha pasado mucho tiempo...

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Un hombre vestido con una gabardina negra, una simple camisa blanca vaqueros y botas altas se acerca a un edificio pequeño, una iglesia rústica de un barrio bajo de Londres, la lluvia cae como si fuera a acabarse el mundo. Al hombre le acompañaba una melodía de este siglo, puesta a través de sus auriculares. Su cara reflejaba que había cumplido los dieciocho años de edad. Unas gafas de sol cubren sus ojos, su pelo canoso empapado por la lluvia era lo que más destacaba de el. Se detuvo en la puerta de la verja de la iglesia y suspiró, miró a los lados de la calle sin un alma rondando, a diferencia de su mente en la cual sus pensamientos la habitaban.

-Maldita sea, llevo años dando palos de ciego, espero que este me de lo que necesito, debo saber donde esta Drake.

Miró hacia un lado de la calle y perdió su mirada en los ríos de agua de lluvia que recorrían las callas de Londres y se colaban por un sumidero, al igual que ese difuso pensamiento. Suspiró de nuevo, los años pesaban en sus espaldas y no había conseguido nada útil de ninguno de sus "amigos", no le habían dado la información que necesitaba. Sólo se había encontrado con peones prescindibles, que no soltarían prenda aunque pudiera sonsacárselo de la manera más persuasiva.

-Si hubiera sabido cómo darles una forma material hace años -pensó -podría haber sacado información a Aracnos. Espero que esta visita sea más fructífera.

Con ese pensamiento entró a la iglesia, un pequeño edificio para los fieles y algún que otro vagabundo de la zona. Atriles con velas electrónicas para poder encontrar el perdón con limosnas y ofrendas, a la derecha se encontraba un pequeño confesionario hecho de madera, bancos cubriendo todo el establecimiento y un hombre mayor presidiendo la sala. El joven se quitó las gafas y los cascos, con una sonrisa se dirigió al hombre mayor.

-Padre -dijo- estoy aquí para que me ayude, querría que me dedicara un momento para escuchar a una oveja descarriada.

El chico de negro captó la atención del cura con su amable y correcta forma de hablar, éste se acercó y cuando le miró a los ojos , vio unos penetrantes ojos verdes y éstos no podían evitar reflejar un hombre roto en muchos sentidos, pero que aún era capaz de mantener la compostura. El anciano sonrió amablemente y le preguntó:

-¿Cómo te llamas hijo mío?

El chico de negro rió con una inocencia perfectamente actuada y le respondió:

-Mis padres eran muy extraños para los nombres, así que le pido por favor que no haga burla del mío.

El cura asintió como signo de aprobación.

-Mi nombre es Berios, Padre.

El hombre de avanzada edad esbozó una sonrisa, Berios sabía que algún chiste referente a su nombre había llegado a la cabeza de aquel caballero y tendría la oportunidad de oírlo, pero no eran de su agrado esos estúpidos comentarios. Sonrió también para seguir con su papel de cordero inocente.

-Me prometió no reírse- dijo con voz afable y un matiz de afección.

El cura al oírlo tornó serio su rostro de nuevo y dijo:

-No, hijo, simplemente me ha impresionado que alguien con un nombre tan dulce sea tan serio.

-Inevitable- pensó Berios, en una situación normal lejos de esta tierra infesta ese comentario hubiera sido el último de la vida de ese hombre.

Berios dejo de lado su enfado y siguió con la conversación que le interesaba. Así que su semblante torno preocupado y se dirijo al sacerdote:

-Padre, me gustaría hablar en privado, sé que no hay nadie a excepción de Dios, pero no me gustaría que alguien llegara y nos escuchara.

El hombre mayor mostró intriga sobre lo que preocupaba al joven, así que señaló el confesionario. Berios negó con la cabeza, miró hacia abajo a su mano derecha la cual tenía un guante de cuero negro curtido y se lo quitó dejando ver una extraña señal verdosa, con la forma simplificada de un reloj de arena atravesado en su mitad por unas runas escritas en un idioma desconocido para los ojos del viejo cura. Éste se santiguó y, alarmado, preguntó:

-¿Pero qué es esa extraña señal?

Berios insistió:

-En privado.

El sacerdote asintió y emprendió la marcha hacia un pasillo, pasado el púlpito, que daba a su habitación.

Berios repaso mentalmente la información que poseía del hombre mientras se dirijan a la habitación de la iglesia.

-El Padre Zacarías, varón, sesenta y ocho años de edad, se ordenó sacerdote a los veinte años, de raíces italianas. Trabajó gran parte de su vida en El Vaticano hasta que se descubrió que cometía actos impuros para los que profesan su dogma, aunque lo hagan muchos, contra los monaguillos de la Santa Sede. Cuando se descubrió ésta atrocidad para la Iglesia, una atrocidad frecuente entre sus filas, se le destinó a Londres para evitar que eso saliera a la luz. El artefacto que busco es un crucifijo hecho de oro y joyas engarzadas, según la información que tengo recibió el objeto en el aeropuerto de Milan de un hombre trajeado con un sombrero de pana gris. Ése podría ser el hombre que busco.

Cuando llegaron hasta la puerta de la habitación, el viejo sacó una llave de aspecto pesado de la sotana y la encajó en la cerradura, la abrió y dejó ver el interior de la estancia. El cubículo no tenía nada que ver, en cuanto aspecto, a la austeridad de iglesia,
Su decoración contaba con cruces de excelente calidad, la plata y el oro era el material de todas ellas, los cuadros con motivos de vírgenes parecían claramente de coleccionista o dignos de un museo. La mesa estaba hecha de una madera negra exquisitamente tallada y en ella unas fotos de este en la Santa Sede.

El hombre mayor se sentó en la silla que acompañaba a la misma e invitó a Berios a tomar asiento de misma forma. Éste tornó su rostro serio y preocupado y se dirigió al anciano.

-Padre, ahora que estamos solos me gustaría hablarle de el hombre que se encontró en MIilan hace 3 años, un caballero que vestía un traje negro y llevaba un sombrero de pana, ¿le entrego un objeto?

El cura se mostró impactado, no sabia como aquel joven podía saber un echo tan aislado, Berios tenia claro que el hombre preguntaría el por que lo sabia, así que preparo su respuesta mientras el anciano pensaba como asaltar el comentario.

-Pero,¿como sabe usted eso joven? Fue en el aeropuerto cuando fui a coger el avión hacia Londres.

- Así lo tenia entendido padre, e estado investigando a ese hombre durante algún tiempo, y me gustaría saber la relación que tiene con el, y ver el objeto que le entrego.

-¿pero por que me enseño aquella marca en su mano? ¿No creerá que ese hombre tiene algo que ver?

-¿Usted cree que tiene algo que ver?

Un silencio inundo la habitación dejado solo oír las gotas de agua golpear contra el cristal de la ventana.

-Parece ser que este viejo sacerdote sabe mas de lo que aparenta- pensó Berios, mientras una media sonrisa se le dibujaba en la cara.

- No se de que e habla joven, solo fue una pregunta normal, cualquiera lo hubiera preguntado- dijo el hombre mayor con un tono cordial y despreocupado.

Berios sonrió, se le ocurrio una gran forma de que ese viejo pudiera soltarse mas de la lengua.

-No mintáis los unos a los otros, puesto que habéis desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, Colosenses 3:9.



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⏰ Última actualización: Sep 27, 2019 ⏰

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En nombre del nigromanteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora