Uno nunca está suficientemente preparado para ciertas cosas. Yo lo sabía muy bien. Quizás demasiado bien.Aun así, tenía la esperanza de que esta vez sí lo estaría.
Fui gilipollas. Un pobre iluso y un completo gilipollas. Sólo tenía que decir adiós, ¿verdad? Eso pensaba yo también. Eso me repetía una y otra vez mirándome al espejo, con una amarga sonrisa.
Me prometí a mí mismo no desviar la mirada, y clavé mis ojos en los tuyos de hielo. Me prometí a mí mismo que no iba a llorar, y no se vio lágrima alguna en mi rostro de piedra. Pero también me prometí que estaría bien después, y ahora me doy cuenta, más que nunca, de lo débil que puede llegar a ser un corazón de carne.
Yo no te dije la verdad, mas nunca te mentí. Me escondí. Lo oculté todo. Yo te quería, con toda mi alma. Tú nunca lo aceptarás. Yo lo sé. Lo llevo grabado a fuego muy dentro. Y quema, oh sí. Sabes muy bien cuánto. Me fui y me llevé el secreto conmigo.
No quería perderte. Quería que, de alguna manera, siguieras estando ahí. ¿Fui prudente? ¿O fui cobarde? Quizás ambas cosas. Quizás no haya diferencia. Quizás quisiera pensar que era lo más lógico y seguro, pero me quedaré con la duda susurrando por mi mente, echándome en cara mi falta de valor.
Echaré de menos tu desdén, tus cigarros, tus manías absurdas y todas aquellas cosas que me sacaban de quicio. Echaré de menos tu lealtad, tus ganas de ser feliz, tu lucha incansable contra el mundo, y todas aquellas cosas por las que yo te admiraba y te admiraré hasta el fin de mis días. Echaré de menos intentar mirar más allá de esos ojos de hielo.
Volveremos a vernos, pero no será igual. Durante un tiempo, contadas ocasiones: Navidades, Semana Santa, ¿algún puente quizás?, y el verano. Hasta que seas tú quien te marches, durante mucho más tiempo y lejos. Una nueva despedida. ¿Seguirá la llama viva entonces, o se habrá extinguido? No lo sé, y odio no saberlo. Lo que sí recordaré, es lo duro que es decir adiós.
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Despedida
RomanceA lo largo de la vida las personas van y vienen, como susurros en el viento. Algunas duran más y otras menos. Algunas nunca las recordarás, a otras con cierto cariño, y por último hay personas a las que te aferras con fuerza para evitar decir adiós.
