Princesa Tibia

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Para todos pasaba desapercibida aquella castaña sentada en la barra. Quizá, distinto sería el cuento si el bar fuera en Londres Mágico y no muggle... bueno "quizás" no, definitivamente sería distinto. No todos los días la heroína de guerra Hermione Granger se dedicaba a ahogar sus penas a tragos de Vodka. Ya había perdido la cuenta de cuanto había tomado, pero las agujas del reloj indicaban que todavía tenía parte de la tarde y absolutamente toda la noche para seguir haciéndolo. No, no es que en el año post guerra nuestra Hermione se había vuelto adicta a la bebida, pero había decidido que esa noche actuaría como una.

Por eso, cuando salió del ministerio, cambió el rumbo y en vez de dirigirse al departamento que compartía con Luna terminó en Londres Muggle, porque allí nadie la reconocería, nadie la juzgaría ni la señalaría con el dedo al verla. ¿Por qué tomó aquella decisión? Porque se lo debía.

Hacía tres años que había dejado atrás la trágica guerra, tres años de que había intentado sostener una relación amorosa con Ronald sustentada en amistad -lo que por lógica no funcionó y encima terminó por arruinar lo poco que tenían-, tres años donde intentó conocer hombres y que cada intento colaboró para culminar en su situación actual: sola.

Su última cita le había dado más respuestas de las que estaba preparada para afrontar: su vida era aburrida a los ojos de los hombres. Ninguno podía concebir que Hermione disfrutara de sus extensas jornadas laborales y que en su tiempo libre disfrutara de leer. Les resultaba poco sexy su manera de vestir, que no cargara con ningún vicio y que se intimidara con suma facilidad.

Después de aquello, Hermione podría haberse encerrado y predisponerse a no acudir nunca más a una cita y olvidarse del sexo masculino por tiempo indeterminado. Pero no. Esa tarde, al salir de la oficina, cuando cambió su camino, lo hizo a conciencia de dejar atrás aquella Hermione "aburrida" que repelía a los hombres. Si querían una chica mala, ella iba a demostrar que podía ser la más mala de todas.

Pero lo cierto era que lo que a lo que menos se había dedicado en las dos horas que hacía que estaba en el bar, había sido intentar ligar con otros hombres. Se maldijo al saber que saldría sin compañía de allí y no tenía donde ir a pasar la noche, ya que le había asegurado a Luna que pasaría la noche fuera y ella a estas alturas de seguro ya habría hecho planes con Theo.

Tomó su cartera, se bajó del taburete y salió con un destino claro. Por mucho que le desagradara la idea, no tenía otro lugar a donde ir.

(.. ..)

Odiaba los viernes. Ya quería largarse de de la maldita oficina y todavía le quedaba una hora. Claro, lo cómico de esto era pensar que justamente los viernes era el día que menos trabajaba, ya que lo hacía sólo media jornada. La gran diferencia radicaba en que lo hacía solo, porque su compañera se ocupaba de la media jornada anterior a la suya.

Le gustaba pensar en lo irónica que era la vida. Hacía ocho meses había ido a parar al trabajo que menos había pensado, acompañado con la persona que menos hubiese creído. Pero decir que aquello le molestaba, era decir una mentira enorme, lo cierto era que la primera vez que pisó el despacho y la vio allí, rodeada de papeles, enfundada en sus asuntos mientras se mordía el labio ofuscada, fue el principal motivo por el cual no titubeó a la hora de aceptar el empleo, a pesar de ser el segundón en el puesto, por que claro, delante de él estaba ella... siempre era ella.

A quien presintiera que Draco Malfoy -fuera de sus dos mejores amigos- estaba completamente perdido por Hermione Granger, deberían de darle un doctorado en Adivinación. La situación parecía tan inverosímil como ver a Voldemort bailando el cascanueces con un tutú rosa.

Princesa Tibia (Dramione)Cerita yang bikin terobses. Temukan sekarang