La leve brisa me golpeó suavemente en la cara. Hacía ya unas semanas que el frío viento invernal se había convertido en esta refrescante brisa que ayudaba a sobrellevar el asfixiante calor que por esta época azotaba mi pequeña ciudad, Gandía. Pero no puedo quejarme mucho, ya que aquí apenas teníamos un mes de lluvias y cualquier persona venida del norte se burlaría de ese "frío viento invernal", sabiendo como son sus inviernos es normal que piensen que aquí nunca hace mucho frío, pero alguien que vive aquí sí que nota el cambio.
Y como no podía ser menos, el sol me acompañó en todo el camino de mi casa al instituto, que se encontraba en la zona céntrica. A estas horas apenas había gente por la calle, aunque esto solía ser bastante tranquilo comparado con la zona de playa. Desde aquel programa de televisión, Gandía playa se convirtió en un cúmulo de adolescentes con ganas de juerga y venían de todas partes para obtenerla. Aunque echo de menos el tiempo en que a esta ciudad acudían familias y ancianos de diversos sitios del país (e incluso de otros países), por fin este sitio tenia un ambiente más juvenil (aunque a veces es demasiado).
Unos metros más allá se encontraba la valla que me separaba de la tortura que tenía que soportar cada día. Me detuve enfrente de ella, haciéndome a la idea de lo que me esperaba.
"También tiene su lado bueno, Alba" me dije a mí misma mientras suspiraba. Después entré.
Subí las escaleras de aquel anticuado edificio de piedra y me dirigí a mi aula de todos lo días, aquella que tenía una pequeña placa que mostraba un 1°C escrito a ordenador. Me alegré un poco al pensar que solo me quedaban dos años para acabar el instituto. Entré y deposité mi mochila encima de mi mesa, para después salir al pasillo en busca de mis amigas.
Como supuse, allí estaban, apoyadas en la barandilla de las escaleras, charlando mientras miraban llegar a otros compañeros.
-Hola.
-Hola Alba- dijo Daniela, una de mis mejores amigas.
A ella la siguieron las otras dos, también con un "hola".
Me uní al grupo y me esforcé al máximo por prestar atención a la conversación pero, como cada mañana, estaba demasiado dormida aun como para concentrarme. Me apoyé junto a Daniela en la barandilla color verde y fingí estar atenta a lo que decían.
Y en ese momento, lo vi aparecer en el descansillo de la escalera que estaba un poco más abajo. Ahí subía él, con su mochila negra y roja, a juego con su sudadera, con la capucha calada para protegerse del sol. Subía lentamente, lo que me confirmaba que estaba tan dormido como yo hasta hace unos minutos. Estaba serio, lo cual realzaba sus facciones perfectas. Cuando estuvo a unos escalones de nosotras, sus ojos verdes se clavaron en los míos y me saludó con un movimiento de cabeza,al cual le respondí de la misma forma. Nunca entendí por qué, pero ese simple gesto hacía que mi corazón latiera un poco más rápido de lo habitual.
En ese instante sonó el "oportuno" timbre, haciendo desviar los ojos de los de él y entrando en clase junto con mi pequeño grupo de amigas.
Sin apartar la mirada del suelo, llegué hasta mi sitio junto a Nuria, mi segunda mejor amiga, y me senté. Desde ahí pude observar como él dejaba la mochila en la mesa de delante y se quitaba la capucha al tiempo que se sentaba, dejando ver su corto cabello castaño oscuro casi negro.
No sé si es porque se dio cuenta de que lo miraba o simplemente se giró, pero sus ojos volvieron a posarse en los míos para después dedicarme una de sus lindas sonrisas.
Un segundo después, su compañero llamó su atención y comenzaron a charlar mientras yo me centraba en lo que Nuria me estaba diciendo.
Minutos después entró la profesora. Y así fue como comenzó mi primer viernes de primavera, un día cualquiera.
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Los Alados
Adventure¿Qué harías si un día, la novia del chico que te gusta, te dice que eres la única persona que puede salvar su mundo? Él es perfecto. Ella es una chica normal, o eso es lo que cree. Alba lleva enamorada de él desde hace tres años. Oscar la ve como un...
