«THE ONE WHO LIES»

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― Seguid el plan― escuché decir a mi padre por enésima vez. Me oculté detrás de uno de los autobuses escolares abandonados.

Vi al grupo de Shadowhunters separarse, así que me dispuse a seguir a uno de ellos. Decidí seguir a Alec; era el más responsable y probablemente quien se llevaría la parte más difícil de la misión. Necesitaría mi ayuda, pero debía actuar con cautela y procurar que nadie se diera cuenta de mi presencia. No estaba autorizada para esa misión, así que si alguien me veía, sobretodo Alec, la Clave no tardaría en enterarse

Y por mí, la Clave podía irse a la mierda.

De todas maneras, si se enteraban de que había estado en aquella misión yo ya estaría muy lejos de Nueva York, en busca de mi madre. Me dolía pensar que tendría que renunciar a todo solo por encontrarla. Sobretodo me rompía el corazón pensar que tendría que dejar de ver a Venus, mi Parabatái, y a los hermanos Lightwood por una larga temporada.

No necesitaba oír cuál era el plan, conocía a mi padre perfectamente: acorralarían a los hombres lobo fugitivos en aquel instituto abandonado hasta que saliera el sol. Lo único que tenía que hacer, era proteger a Alec. Y despedirme de él. Esa era la única razón por la que estaba allí. Aquella sería mi última misión antes de marcharme de Nueva York.

Me subí a uno de los autobuses y empecé a caminar encima de él. Dos de los hombres lobo se acercaron y empecé a dispararles flechas que soltaban rayos de luz, para obligarles a retroceder hacia el instituto. Justo después de que entraran por la puerta trasera, Alec bloqueó la puerta. Al girarse, se sorprendió al ver que yo había lanzado las flechas. Vi que buscaba a mi padre con la mirada, así que salté del autobús y caminé hacia él.

― No me importa si le cuentas esto a mi padre o a la Clave― le dije moviendo la cabeza―, pero me encantaría que no lo hicieras.

― ¿Qué haces aquí? No estás autorizada para esta misión― Alec dio un paso hacia mí. Retrocedí para evitar mis impulsos de volver a lanzarme sobre él para besarlo.

― Venía a despedirme― respondí, levantando la vista hacia sus ojos.

― ¿Te vas?― en sus ojos vi una mezcla de confusión y dolor― ¿A dónde? ¿Es por lo de tu madre?

Al escuchar que alguien se acercaba, le tapé los labios con la mano y tiré de él hacia uno de los autobuses. Entramos dentro y nos escondimos entre los asientos.

― No puedes irte― susurró Alec―, te necesitamos. Eres una de las mejores Shadowhunters y... y me gustas mucho.

Tú también me gustas mucho, Alec― me relamí los labios con la lengua, esforzándome por no mirar los suyos―. Pero necesito hacer esto. Necesito saber que te lo he dicho antes de irme― cogí su mano y le sonreí―. Estoy muy orgullosa de ti, Alec. Estoy orgullosa de ambos, de lo que hemos conseguido.

― Pero no puedes irte― repitió―. ¿Qué hay de tu Parabatái? Ni siquiera es una Shadowhunter, no sabe luchar y la única runa que tiene es la de Parabatái.

― Venus es más que una Shadowhunter― la defendí―. Me duele todo el cuerpo de solo pensar que tengo que marcharme...

― Pues no lo hagas.

― Tengo que encontrar a mi madre. Escúchame, ella es la Parabatái de Caitlin, la madre de Venus, y seguramente pueda llevarme hasta ella y así salvar a Venus de lo que se aproxima.

― ¿Salvarla de qué?

― ¡Alec!― escuchamos que lo llamaba mi padre. Alec me miró, esperando una respuesta.

― Ve con él― le pedí. Alec titubeó y pareció que no iba a hacerme caso, pero suspiró y salió del autobús.

Respiré hondo y apoyé mi espalda contra uno de los asientos. Debía encontrar a mi madre para cumplir mi misión más importante: salvar a Venus del alfa.  


The One Who Lies| Jeanne ArgentStories to obsess over. Discover now