Prólogo: El comienzo

2.3K 151 34
                                        

El castillo Chateau d'Ussé se encontraba totalmente lleno tanto de nobleza como de plebeyos, todos se encontraban allí reunidos para la presentación ante la sociedad del heredero al trono, todos en el reino conocían al joven Príncipe, sabían que era un chico de buen corazón y sonrisa dulce, ademas de buen mozo, un chico lleno de amor tanto por su familia, como por el reino, iba a ser un buen rey.

El baile en honor al Príncipe avanzaba bien, las doncellas solteras bailaban con él una por una, con la intención de agradarle y tener la oportunidad de ser la elegida para ser su esposa, los padres se reunían en pequeños grupos y hablaban entre ellos de lo afortunado que seria el Príncipe de tener a una de sus hijas, las madres hablaban de que chica era la mejor y más bonita; el rey y la reina, bailaban en el centro de la pista sonriendo orgullosos mientras miraban a su hijo, no podían estar en mejor momento.

Mientras todos en el reino se encontraban enfocados en el baile; cerca del palacio iba un hombre a caballo, galopando a toda velocidad con dirección al Castillo, vestido completamente de negro y con pensamientos malvados; pensamientos que sólo tenían un fin: La muerte.

Los guardias del reino no se sintieron extrañados al ver aquel caballo yendo a toda velocidad hacia el palacio, se imaginaban que era un invitado que llegaba tarde, no sabían lo equivocados que estaban.

El hombre dejó su caballo cerca de la entrada al Castillo, él iba de entrada por salida, no pensaba tardar mucho; camino lentamente por la amplia entrada y caminó con calma por los pasillos, sintiendo la música sonando cada vez más cerca, cuando encontró el salón de baile, sonrió malvadamente, al fin había llegado el momento, la noche que había esperado por años, al fin podría ver su plan realizado. Camino entre la multitud, que se iba abriendo a su paso, su ropa negra llena de hojas y tierra no eran lo único que llamaba la atención, sus ojos negros con destellos rojos también daban impresión... causaban terror.

Frente aquel silencio repentino de la música y los jadeos asombrados de los invitados, el Príncipe y los Reyes miraron en dirección a aquel hombre, el Príncipe miraba curioso y los ojos de la reina se abrieron con impresión y reconocimiento, susurro algo en el oído del rey, que se tenso e hizo señas a los guardias para que lo sacaran de allí, pero cuando los soldados se acercaron a él, sólo rió y dijo:

- ¿En serio crees que un par de hombres podrán detenerme?

El hombre lucía tranquilo, todos en el lugar miraban curiosos por saber a que había ido aquel extraño.

- ¿Que vienes a hacer aquí? - habló el rey con voz fuerte.

- Vengo a cumplir con mi promesa - respondió mientras daba un paso a su izquierda - ¿La recuerdas?

El Príncipe caminó hasta donde estaban sus padres y se quedó de pie junto a su madre, poniendo un brazo sobre sus hombros de forma protectora.

- ¡Pero que bonito! - dijo en extraño dando un aplauso - El principito valiente.

- Deja a mi familia en paz... ellos no tienen nada que ver en esto, tu venganza es contra mi - dijo la reina dando un paso adelante - Arregla esto conmigo, dejalos a ellos tranquilos.

- Lo lamento... su Majestad - en su voz había una pizca de sarcasmo - Pero mi propósito no es que usted quede como mártir.

- ¿Cual es tu propósito entonces? -hablo esta vez el rey.

- Hacerlos sufrir...

Y sin decir otra palabra más, se abalanzó sobre el Príncipe y con sus afilados dientes desgarro una parte de su cuello, el cuerpo del Príncipe cayó inerte al suelo con un ruido sordo.

La gente del salón empezó a gritar aterrorizada y a correr desesperados hacia la salida, algunos guardias también huían llenos de terror; la reina gritaba el nombre de su hijo, mientras las lágrimas mojaban sus mejillas; el rey abrazaba a su esposa, impotente y entristecido, sabía que atacar no serviría de nada, aquel hombre se había convertido en una bestia, se había vuelto un demonio.

Un par de minutos después el salón se encontraba vacío, sólo quedaban el rey, la reina y el cuerpo en el suelo del Príncipe. Después de ese día, no se volvió a saber de aquel hombre y el reino cayó en depresión por la muerte del Príncipe.

Lo que nadie sabía era que él no había muerto, al menos no totalmente.

Fuego De MedianocheStories to obsess over. Discover now