Acciones estúpidas, palabras estúpidas.
Y es que simplemente le doy vueltas y vueltas a mi cabeza, pensando en soluciones y respuestas buscando en algún lugar recóndito de mi mente, sentada en aquella nube flotando en el aire, observando hacia el horizonte, buscándolo.
No sé si todavía no encuentro una respuesta o es que simplemente no la hay.
Siempre estoy ahí a la vista de todos.
Sola y abandonada.
Triste y desolada.
Muerta y viva.
Tan dulce e inocente.
Tan estúpida.
Y es que se quema, arde todo dentro de su estómago, lo derrite completamente, lo hace cenizas.
"Maldita culpa, deja de consumirlo todo, ve a quemar a alguien más, yo no soy una buena persona deberías de huir de mí."
Era lo que le decía una y otra vez, que con valentía le plantaba cara a la culpa.
Pero la culpa, sabía perfectamente que era yo quién en realidad huía de ella, de mi dilema, de mi traición, de mi vergüenza.
"Solamente me he equivocado."
Se dijo a sí misma como cada día, como cada noche intentando justificar, intentando solucionar y qué pasaba esperando pacientemente a que el tiempo llegue, para llevárselo todo.
Es por eso que nunca le quito la mirada al reloj, como si eso fuese a ayudar en algo.
Es por eso que nunca dejo de sentirme frustrada, culpable.
Quise decirte mil palabras, quise mostrarte mil cosas.
Pero sentía que el calor disminuía, el sol se apagaba.
Sentí la helada brisa ruda contra mi rostro e inmediatamente me dirigí hacía ti, universo y se lo dije, todo.
Aquello fue tan intenso y profundo, así fue como lo sentí.
Di un paso más pero desde entonces ha caído un enorme diluvio, un monzón y no deja de parar, como si fuese eterno.
Supe entonces que él necesita dejar salir el dolor, el enojo, la tristeza porque tanto él como yo, sabemos que esos sentimientos no combinan con sus relucientes estrellas.
Pero él lo dijo, claro y preciso, desvaneciendo el helado sentimiento lo más que pudo, me dejó sentir su calor.
Me dejó sentir su amor...
