Capítulo 13: Amigos

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Rym se despertó con el primer rayo de sol de la mañana. Se levantó sin hacer ruido, se cambió de ropa y salió de su cabaña, donde dormían su hermano pequeño y sus padres. Antes cogió su lanza y el zurrón con lo necesario para salir de caza: dos cuchillos, una manta, tres botellitas con antídotos para picaduras de diferentes animales y un rollo de vendas. Ya en el exterior, caminó hasta el río. Allí, se lavó la cara y se mojó el pelo, que recogió en varias trenzas. Por la noche se lo dejaba suelto, pero durante el día le era más cómo así. Finalmente se dirigió al centro del poblado. A esas horas, la gente empezaba a despertarse y el campamento estaba silencioso. Podía oír el cantar de los pájaros y el susurro del viento acariciando las hojas de los árboles. Esos eran los dos sonidos omnipresentes en el bosque, y los que más le gustaban porque le transmitían tranquilidad. Escuchándolos, la idea de pasar más de un día fuera del bosque se le hacía inconcebible. También le gustaba el aroma del poblado, una mezcla de perfume de diversas flores, olor a madera quemada y hedor a ser humano.

Junto a la hoguera apagada la esperaban Rya y Lyt. Las dos conversaban animadamente, aunque en voz baja para no molestar a los que aún dormían, así que no se fijaron en ella hasta que les saludó.

-Buenos días.

Cuando Rya la vio se calló de golpe y frunció el ceño para después apartar la mirada. No le hablaba desde aquella noche frente a la hoguera, una semana atrás. Rym se sentía muy sola desde entonces y echaba de menos sus bromas y su contagiosa risa.

Lyt le sonrió. Sus ojos grandes y marrones rebosaban orgullo. A pesar de ser un año menor que ellas, su inteligencia y madurez le habían permitido hacer la Travesía un año antes de lo normal, a los once, de manera que la habían hecho al mismo tiempo. Ese era el motivo por el que acostumbraban a salir juntas, con todo el grupo de chicos de su edad de Nur-Mur. Era una chica lista y confiada, aunque demasiado sincera para su gusto. Se sentó junto a ella mientras esperaban a los demás.

Llegaron apenas dos minutos después. Se trataba de Tet y Tof, mejores amigos y ambos recolectores. Les saludaron y se quedaron de pie junto a ellas. El último, como era habitual, fue Ren, que lucía una amplia sonrisa.

Cuando estuvieron los seis juntos partieron hacia el interior del bosque. Recorrieron el camino habitual río arriba hablando de la novedad del día.

-¿Sabéis lo del forastero que llegó ayer? -preguntó Ren.

-Pues claro, todo Nur-Mur lo sabe, cara rana -respondió Tof con sorna. Ren bajó la vista mientras sus mejillas enrojecían-. Es más, yo lo vi de cerca.

-¡Seguro que no tan de cerca como yo! -contestó Ren con orgullo-. Fui yo quien lo encontré. Con Rym -añadió mirándola.

Ella asintió, pero no dijo nada. La imagen del cuerpo hecho un ovillo aparecía delante de sus ojos y la perturbaba.

-Mi hermana mayor le curó. Tiene mi edad y la piel tan negra como la corteza de weku -dijo Lyt. Su hermana era curandera, como la madre de Rym.

-Pensaba que los del exterior eran blancos -intervino Tet.

-Yo creo que no es de Maikem -opinó Rya-. Todos los del exterior saben que el bosque es territorio bosquimano.

-¿Y por qué entraría aquí? -inquirió Ren-. Y además de noche. . .

Eso era lo que más intrigaba a Rym. ¿Qué hacía un chico en el bosque a esas horas? Sospechaba que el muchacho no había llegado allí por gusto. Quizá se había perdido. O quizá alguien lo había llevado hasta allí. Esa hipótesis era la que más lógica le parecía. Alguien lo había atacado en el exterior y después lo había llevado al bosque para deshacerse de él. El motivo le era imposible de suponer, pero, al fin y al cabo, los del exterior eran capaces de cometer cualquier atrocidad.

El viaje de los caídos *Título provisional*Histórias para pegar e não largar. Descubra agora