Acto I
"Somos la consecuencia de nuestros actos".
Agosto de 2002. La prensa local se hace eco de un terrible suceso acaecido en la bella ciudad de Pittsburg. Una de las bellas promesas del mundo del arte, Justin Taylor, aparece muerto en la bañera de su casa. Presenta profundos cortes en ambas muñecas. La policía sopesa el suicido como causa principal de la muerte. Todos están consternados por dicha noticia.
Días después otro suceso acaecido en la discoteca de ambiente, Babylon, salta las alarmas sociales de toda la ciudad. Un joven aparece muerto en uno de los denominados "cuartos oscuros" por sobredosis. Se desconoce la identidad del mismo.
Se levanta lentamente dirigiendo sus pasos hacia la cocina. Rebusca en el primer cajón de la alacena para sacar unas tijeras. Vuelve a sentarse y recorta lentamente el artículo del periódico de ese día. Sonriendo tristemente, acaricia con cariño el rostro del joven que aparece la foto. Aguantando las lágrimas recoge los recortes y sube a su habitación. Abre el armario y de entre varias mantas saca un pequeño cofre. En el guarda ese recorte junto con los demás.
-¿Por qué Justin? ¿Por qué hijo mío...?
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Se siente pesado. Muy pesado. Aún con los ojos cerrados siente una presión inmensa. Se obliga poco a poco a abrir los ojos. Todo está oscuro o eso le parece, puesto que unas luces tenues comienzan a acercarse hasta él. Como buenamente puede se incorpora mirando fijamente las luces. Dos hombres, de mediana edad, se presentan ante él. Ambos portan dos candelabros. Pasando su mirada de uno a otro puede ver cómo uno de ellos lleva colgado al cuello una gran llave. El otro porta en su mano libre un pergamino. Sus ropas son viejas y raídas y sus miradas frías como el hielo.
Intenta hablarles pero su voz queda atascada en la garganta. Un par de intentos más y empieza a ponerse nervioso.
-¿Justin Taylor?
Al oír su nombre siente un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. Tan sólo asiente mientras fija su mirada en ellos. Sonriendo socarronamente, el mayor le tiende la mano.
-Bienvenido al infierno.
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Aguantando estoicamente las ganas de llorar, termina de arreglar el ramo que él mismo ha preparado. Un gran ramo de flores silvestres como recuerdo de sus amigos. Tras colocar el papel decorado con unas minúsculas rosas, cierra el mismo con un gran lazo rojo. "Conociéndole nos llamaría a todas bolleras". El sonido de su móvil le saca de sus pensamientos y tomándolo entre sus manos fija su mirada en la pantalla durante varios segundos. Finalmente descuelga.
-¿Todo listo?
-Sí. Cuando vosotros digáis.
-Bien. Espéranos en la puerta ¿vale? Ma está terminando de vestirse. En unos diez minutos estaremos ahí.
-De acuerdo cielo. No corráis.
Tras colgar vuelve a revisarlo todo. Las ventanas están cerradas, la llave del gas también así como los grifos. Suspira pesadamente y va a su habitación. Siente que se olvida algo e inspecciona la habitación para recordar qué es. Tras agitar las manos y desistiendo en su empeño ve el objeto de su búsqueda sobre la cama. Un precioso pañuelo blanco con sus iniciales grabadas en el mismo. Tomándolo, lo guarda en su bolsillo. Justo al salir ve su imagen de refilón en el espejo. Vuelve sobre sus pasos y se enfrenta a él. Traje negro, camisa gris pues detesta el color blanco y un deje de inmensa tristeza en sus ojos. Atusándose las solapas va hacia el salón, coge el ramo y sale.
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Alegorías
FanfictionTras conocer la muerte de Justin Taylor, Brian Kinney es encontrado muerto en extrañas circunstancias. Despertando en un lugar "extraño" para él, Brian descubre que el alma de Justin está cerca por lo cual irá en su búsqueda.
