Prólogo.

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Antes de él, ya había tenido otras parejas. Debido a mi situación nunca fue importante para mí si era alguna mujer o un hombre, ¡Daba lo mismo! Nunca logré enamorarme de nadie, siempre andaba de "aventura en aventura"; repito: NADIE conquistó mi corazón... Nunca hasta que llegó Itan a mi vida.

No voy a mentir, cuando lo conocí y me percaté de que era tan frágil como el cristal, quería jugar con ese chico. No sabía que su personalidad me sería tan atrayente, parecía una persona normal hasta que cada día que pasaba me llenaba de dudas sobre su pasado, lo que hacía en mi ausencia, pero sobre todo lo que pasaba al estar conmigo.

¿Cómo era físicamente? Resumido en una palabra: Shota. Muchas veces fuí atacado mientras me acusaban de pedofilo, aunque terminaba por escuchar un lo siento por parte de mis agresores (gracias a Dios, Itan siempre llevaba consigo una identificación). Su cabello era negro, siempre estaba alborotado porque no hacia el menor intento por peinarlo. En medio de su rostro, casi llegando a la pequeña naríz, se encontraba un lunar con forma de luna en cuarto menguante del cual el nunca ocultó su vergüenza (algunas veces lo cubría con uno de sus delgados dedos). A simple vista era un debilucho pero si se enfadaba era capaz de levantar un edificio -LITERAL-.

Recuerdo que en lo particular le gustaba toda clase de comida, ¡Ah!, pero no podía ver a alguien comiendo dulces porque se los arrebataba para cambiarselos por un plato grande de verduras. A esto, su gran debilidad era el chocolate.

Otra característica muy marcada de Itan Todiras era su eterno amor por la lluvia, tanto la adoraba que cuando esta se presentaba, él se salia a disfrutarla sentado en una silla, no importando la intesidad que tuviera.

Creo que son ese tipo de cosas que enamoran a cualquiera. A veces extraño demasiado oir su linda voz, han pasado 5 años desde que el murió y todavía no me la creo. En cambio yo tengo que cargar con esta maldición de haber enloquesido de amor y no haberlo podido ayudar... Horrible, termine desquisiado al tratar de confundir al desquisiado. Irónico, ¿no?

Es por eso que quiero escribir algunas de las vivencias que pasé a su lado, tengo la esperanza de que haciendole este pequeño homenaje pueda olvidar.

He aquí esa historia:

El laberintoWhere stories live. Discover now