Erza es una chica de 20 años, quien se encuentra en la cima de sus sueños, trabaja como modelo para la ropa de Shade Roccini. Es independiente de sus padres desde hace dos años, y vive su vida como ella quiere.
Todos pensarán que se la vive de fiesta en fiesta, y que tiene a todos los hombres del mundo a sus pies, que por su belleza obviamente, los tiene. Pero Erza, ahora es una chica tranquila, a quien le gusta pasar los fines de semana en su apartamento, comiendo lo único que su nutrióloga le permita, ensaladas. Y en cuanto a los chicos, lo único que quiere es dejar pasar las cosas.
Aunque sí ha conocido a dos o tres que han hecho que su mundo cambie.
Era la Navidad del 2014, cuando Erza recibió la invitación de sus padres, de pasar las fiestas con ellos.
-Vendrá tu tía Clara y tu madrina Gaby con sus familias, además de que tu padre ya invitó a tus abuelos. –Había dicho la madre de Erza.
-Vale mamá. Solo dile a la tía Clara que no deje que su perro se coma mi bolso otra vez, o yo misma me haré un bolso con ese pulgoso.
-Es tu culpa. ¿Para qué compras animales en forma de bolso?
-¡Es un perro salvaje! Mira que comer piel de animal. ¿Sabes cuánto me costó aquel bolso?
-Ya, ya, déjalo pasar. Aquí te quiero el 23 para que me ayudes con unas cosas.
-Claro mamá. Como tú quieras.
Erza no se había puesto a pensar lo que había dicho su madre, iba a estar su madrina Gaby, con su familia. Eso significaba que Christian, Rodrigo y Sara, estarían ahí. Erza odiaba convivir con ellos, cuando eran pequeños (tal vez de diez años) Sara, quien tenía su edad, vivía solo para darle jalones de cabello, Rodrigo (Mellizo de Sara) por otro lado, siempre que pasaba junto a ella la empujaba. Aunque Christian era otra historia, siempre estaba apartado de ella. Erza solo podía notar una mirada silenciosa, siguiéndola como una sombra.
-¡Ay no! –Dijo cuando recapacitó las cosas. Ya no estaba segura de querer asistir esa Navidad a casa de sus padres.
Y por fin llegó el 23 de Diciembre. Erza condujo durante cuarenta minutos para llegar a casa de sus padres. Una casa preciosa con un jardín lleno de flores en las primaveras y de hojas amarillas y secas en los otoños.
-Mi niña ya llegó. –Dijo su madre. –Vamos cariño, te ayudo a dejar tus cosas en tu habitación y vamos a recoger a tu madrina y a su familia al aeropuerto.
-Sabes mamá, ya no estoy tan segura de querer estar aquí, ¿Recuerdas como me trataban Sara y Rodrigo? Definitivamente no serán unas bonitas navidades.
-No seas llorona, Erza. –Dijo su madre. –Sara está saliendo con un chico muy amable, Rodrigo es un excelente alumno, ¿Sabías que está estudiando arquitectura? Tu madrina me mostró sus notas, son excelentes. Y Christian por otro lado, se dedica a la fotografía, teniendo una carrera como abogado y decide trabajar como fotógrafo. Tu padrino aún no lo perdona, pero está aprendiendo a vivir con eso.
-¿Y todo esto me importa por qué...?
-No seas así hija. Esos tres fueron tus mejores amigos cuando eras una niña.
-Qué bueno que no tuve enemigos. –Dijo Erza, su madre le hizo mala cara. –Vamos, ya es tarde.
Erza condujo otros treinta minutos, su madre llegó primero que ella, aún no estaba lista para conducir a más de 60km por hora. Y las únicas ocasiones que había visitado a sus padres, siempre debían orillarse y darle un momento fuera del auto.
-Hija tienes que superar eso. No es posible que tu abuela conduzca más rápido que tú.
-No me das muchos ánimos mamá. –Dijo Erza en voz baja.
-¡Gisella! –Gritó una voz emocionada. Era su madrina.
-¡Gabriela! –Gritó su madre. Y ahí estaban, su madrina, su padrino, y sus hijos del infierno.
YOU ARE READING
Let It Go
RomanceA veces simplemente debemos dejar ir; el dolor, el rencor, el miedo, a las personas... Pero sobretodo, dejar ir el pasado.
