Brenda es una chica extremadamente feliz, hasta que descubre que su prometido Drew le está siendo infiel.
Brenda decide transformarse completamente. No quiere saber nada más sobre el amor y decide aislarse completamente en una burbuja sin sentimient...
Brenda estaba en el aparcamiento. Estaba dentro de su coche observando como su corazón se partía en mil pedazos. Ella estaba enfrente de la oficina de su prometido. Brenda quería darle una sorpresa, pero al final la sorpresa se la dio ella misma. Drew, un chico alto, fuerte, de ojos color café, con una poderosa barba de 4 días y lo más importante, prometido de Brenda, estaba besándose con su nueva secretaria en su despacho y por desgracia, Brenda lo había visto todo.
Salió de su coche con algo en las manos y entró en la oficina de su ya-no-prometido dando un portazo.
-Eres todo un mentiroso. -dijo ella con lágrimas en los ojos.
-Eh... nena yo... -balbuceó él. No había procesado todavía lo que estaba pasando.
-No, no hace falta que digas nada. -dijo Brenda a punto de estallar, soltó en la mesa lo que llevaba en las manos, el collar que él le había regalado cuando empezaron a salir, ella jamás se lo había quitado... hasta ahora.
-No te vayas, deja que te explique... -suplicó él agarrándola del brazo. Ella se soltó rápidamente y le tiró todos los papeles que Drew tenía en la mesa a la cara.
-No me toques. -dijo ella seria mientras cruzaba la puerta.
-Vamos por favor, hablemos sobre esto. -dijo él impidiéndole el paso.
-No te acerques a mí. -dijo ella separándose de él.- Me voy.
-¡No es lo que piensas! -gritó Drew.
-OH! ¿¡enserio?!
-Sí, ¡no lo es! ¡Vamos, hablemos sobre esto solo un segundo! -gritó de nuevo Drew. Pero ya era tarde, ya la había perdido. Brenda ya se había metido en su coche y se había marchado.
Brenda no quería volver a ver a Drew en la vida. No quería ver a su familia porque tendría que explicarles lo sucedido y ella no quería eso. Quería olvidarse de todo, quería ser otra persona.
Brenda condujo por dos horas sin saber a dónde ir, ella solo quería conducir, pero tuvo que parar para echar gasolina y de paso compró una cerveza. Mientras esperaba el cambio, vio un pequeño cartel en un corcho que ponía "Todas las mujeres son iguales, pero algunas se apuntan al ejército. EEUU att: El cuerpo militar." Brenda no lo pensó dos veces y se dirigió a su coche. Sacó una gran bolsa negra del maletero y se fue a los baños de la gasolinera.
Al entrar se miró al espejo seria. Ella era una chica guapa, pero su piel ahora estába pálida. Su larga melena morena le caía por la espalda cubriendo sus hombros y sus ojos azules se reflejaban en el espejo como dos gotas de agua. De la bolsa sacó unas tijeras y empezó a cortarse el pelo. Uno a uno sus mechones de pelo caían al suelo mientras ella no paraba de llorar. Se cortó tanto el pelo que al mirarse de nuevo en el espejo, ahora parecía un chico. Se tapó la cara con las manos y siguió llorando pero pensó que Drew no se merecía esas lágrimas.
Se puso completamente derecha y se secó las lágrimas. Ella ya no lloraría más. No iba a dejar que nada ni nadie la dañara.
Puso el cerrojo al baño y cambió el vestido rosa que llevaba puesto por unos vaqueros grises y una sudadera verde que guardaba en la bolsa. Se puso la capucha y salió del baño.
Brenda era ahora una persona diferente. Algo en su mente había cambiado. Ya no lloraba porque no se sentía triste, ya no gritaba porque no estaba enfadada, ella ya no sentía nada. No podía sentir ni el frío ni el calor, ni el miedo ni la amargura. Brenda solo quería alejarse de toda su vida anterior y ser una nueva persona.
Su corazón estaba roto en tantos pedazos que si quiera pensar en volver a juntarlos era todo una locura. Drew había acabado con ella. Había conseguido que Brenda dejara de sentir.
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