Prólogo

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Cierro los ojos, siento como el aire fresco y puro del verano me azota en la cara, no quiero abrirlos, a veces me gustaría que pudiéramos guardar un recuerdo, un pensamiento o una sensación como si fuera una fotografía, sacarlo de nuestra mente y almacenarlo para siempre. Y cuando nos sintiéramos solos, abandonados y desamparados, acudir a ese memorable recuerdo y sentirnos un poco más en casa.

Y este recuerdo lo guardaría, lo guardaría siempre, pese a que, realmente tampoco tiene mucho de especial. Abro los ojos a pesar del sol que intenta cegarme a través de la luna del coche y le observo conducir, con el ceño fruncido y mirando a todos lados, nunca tranquilo, siempre vigilante y sonrío, porque a mí me encanta verle así. Alcanzo a acariciarle la mejilla y sonríe mientras se acurruca contra mi mano con cariño, no puedo evitar que el corazón se me acelere con ese pequeño gesto, da igual todo el tiempo que llevemos juntos.

― ¿Estás bien? ― Él solamente asiente y aparca en la cuneta de la carretera, ante nosotros se extiende un campo de amapolas amarillas al sur del estado de Nevada, con el Sol en el horizonte y nada más que nosotros y el silencio. Me miro al espejo, retocándome una última vez con el pintalabios de color nude. Mis ojos de color castaño se han visto resaltados por la cantidad de maquillaje negro que me he puesto en los ojos, contrastando con mi piel más bien tirando a pálida y llena de pequeñas pecas. Salgo del coche y sonrío, sin motivo aparente lo hago, porque ahora soy feliz y no tengo nada más que a él, a él y todo este paisaje solitario delante de nosotros.

En pocos segundos sus brazos fuertes y con un par de tatuajes me rodean por detrás y yo deposito un suave beso en sus manos secas y ásperas a causa del trabajo

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En pocos segundos sus brazos fuertes y con un par de tatuajes me rodean por detrás y yo deposito un suave beso en sus manos secas y ásperas a causa del trabajo.

―Todo va a ir bien, Aby, te lo prometo― Asiento, aunque no convencida del todo, sé que hay cosas que siempre están ahí, fantasmas que nos persiguen e incluso personas vivas, armadas hasta los dientes que nos quieren ver muertos a los dos. Y esa realidad sigue ahí, sigue en Las Vegas...y no se irá―Venga, ponte ahí― Me señala el gigante campo de amapolas y yo simplemente sonrío mientras me despego de su abrazo y voy hacia donde él me ha dicho.

― ¿Estoy bien aquí? ― Él asiente, frunce el ceño, otra vez concentrado mientras mira a través del objetivo de la cámara, fijando toda mi atención en mí, en mis movimientos.

―Tú siempre estás preciosa Aby― Me sonrojo y él capta ese instante, le saco la lengua como respuesta y él se ríe, como solo hace cuando está conmigo, de esa forma tan natural, enseñando los dientes y echando la cabeza hacia atrás.

―Quiero verlas― Le digo mientras me acerco hacia él y él clava sus ojos azules en mí mientras sonríe y me muestra una foto detrás de otra― Son increíbles cariño― Exclamo sonriente.

―Me alegro de que te gusten preciosa, dentro de poco podremos ir a vivir a nuestra casita en San Francisco cuando abandonemos todo aquello y me dedique a fotografiar lo más bonito de mi vida, es decir, a ti― Le beso con suavidad, recreándome y él ...

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―Me alegro de que te gusten preciosa, dentro de poco podremos ir a vivir a nuestra casita en San Francisco cuando abandonemos todo aquello y me dedique a fotografiar lo más bonito de mi vida, es decir, a ti― Le beso con suavidad, recreándome y él me corresponde mientras me abraza, ambos intuimos que algo no está bien, que las piezas de lo que parecía ser nuestro precioso mundo se están resquebrajando sin solución. Observo el tatuaje de su antebrazo mitad de mi tatuaje, el ying y el yang. Típico ¿No? Pero es que, realmente ambos sabemos que no podemos existir el uno sin el otro, y que...en uno siempre habrá un pedazo del otro. Por mucha distancia o tiempo que nos separe.

Me separo de él arrebatándole la cámara de las manos con un gesto divertido y él sacude la cabeza.

― ¡Venga ahora tú! ¡Posa para mí! ― Observo su figura a través del objetivo, pero se encuentra difuminada... ¿Qué coño pasa?

―Var, para― Tiro la cámara al suelo cuando le oigo hablar de esa forma, esa no es su voz, y además él nunca...

― ¡¿Por qué cojones me has llamado Var?! ―Grito histérica y siento mis manos frías, frías y tensas

― ¡Var para, por favor! ― Cuanto más me grita más siento como todo a mi alrededor pierde sentido, el campo se difumina y él...él también, el coche también ha perdido la figura y solamente puedo oír gritos en mi cabeza, me llevo las manos a los oídos en un intento de reprimir esas voces incesantes en mi mente.

―¡¡Para!! ―Bramo enfurecida mientras me dejo caer al suelo.

―¡¡Var, por Dios despierta!! ― Una sacudida, otra más. Y abro los ojos.

Los abro de verdad, miro a mi alrededor totalmente desconcertada, intentando ubicarme, el frío que sentía en mis manos es el de la pistola que tengo entre las manos.

―Var, baja el arma― Miro al lugar del que proviene la voz y distingo a mi hermana Minerva con los brazos en alto y las palmas de las manos en mi dirección que me observa con el rostro desencajado, me observo a mí misma a través del espejo del armario, yo sudando, tiritando, con el rostro totalmente negro de haber llorado y apuntando a mi hermana con un Magnum del 44 directamente a la cabeza. Suelto el arma como si me quemara y ella viene corriendo para alejarla de mi alcance.

―Le he visto...―Susurro mientras me siento lentamente en la cama, mirando al suelo, intentando captar cada detalle de su rostro, como he dicho antes, intentando revivir ese momento, guardarlo para que fuera eterno...pero no, porque a cada segundo que pasa sus ojos azules pierden intensidad y se transforman en unos ojos totalmente inyectados en sangre. Quiero guardar de nuevo el tacto de su mejilla, de sus caricias...

―No es real, Var, ha sido todo un sueño― Minerva se sienta a mi lado en la cama y vuelvo a romper a llorar desconsoladamente.

―No era un sueño...fue el día que fuimos al campo, el día de las fotos, era...era real Minerva, él estaba ahí y me abrazaba, me decía que todo iba a salir bien...―Intento convencerme a mí misma, pero siento como su imagen se va difuminando cada vez más―sí, todo saldrá bien...― Paro de llorar y oigo como Minerva sopla con dificultad mientras me acaricia el pelo negro―No puede no estar...tiene que estar...―

Una imagen, un rostro cruza entonces mi mente, un ojo verde y otro azul, su cañón, el callejón, él y yo frente a él. Su sonrisa torcida. Siento un calor subir por encima de mi vientre que me quema las venas.

― ¡Elijah! ―Grito de repente saltando de la cama, cojo el arma del suelo pese a los incesantes gritos de mi hermana, cierro la puerta de mi habitación y salgo por el pasillo― ¡Te voy a matar hijo de puta! ―Le grito a la nada, mientras esa imagen se repite una y otra vez en mi cabeza.

―¡¡Var para por favor!! ― Me giro hacia mi hermana la cual corre hacia mí con una velocidad vertiginosa y empuño el arma en su dirección cuando ella se detiene en seco.

― ¡Nadie me va a impedir matar a ese hijo de puta Minerva, ni siquiera tú! ― Grito entre dientes―¡¡Tiene que morir!! ― Lo siguiente que siento es un golpe en el brazo y después en la cabeza...

Ron.

ESTRENO EL 2 DE SEPTIEMBRE DE 2016

No me dejes caerWhere stories live. Discover now