Dulce Hogar

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Habrá sido un éxito el plan Selene pero la verdad es que muchas almas fueron dejadas en la tierra. Solo los más capacitados, los más ricos y algunos pocos fueron elegidos para ir a la luna. Muchas especies de animales fueron dejadas y con ellos la extinción. Pero para los humanos solo era un mal recuerdo, ya que estaban conscientes de lo que iba a suceder. Dejando de lado ese antiguo suceso, escrito en nuestros libros de historia de hoy en día, la raza humana necesitaba una nueva tierra donde vivir libremente. A mil años de la búsqueda, nunca disidieron agachar la cabeza.

La vida en la luna se llevaba ordenada, los granjeros se manejaban en las bio-cúpulas. Los ingenieros domésticos para las plantas centrales de oxígenos y agua, y los trabajadores buscando minerales en los grandes cráteres lunares. Mientras que los niños, decidían su futuro, eran las promesas de que alguna mente maestra los saque de este sitio, encontrando una solución segura. La cuidad era del tamaño de Puerto Rico, abarcaba unos 9.100 km² en la luna.

Se podría decir que después de varios años las personas vivían en paz. Todos tenían una misma opinión respecto a encontrar un nuevo planeta, las religiones ya no desataban discusiones o es más, hasta guerras. Todo esperaban el día de algún comunicado de buenas noticias, y eso los unía demasiado. Al parecer ese día había llegado, pero para la sorpresa de los habitantes, no fue como se lo imaginaban.

Fue por la tarde, mientras que las personas hacían sus labores rutinarios. Una nave de gran magnitud despegó de la central de la cuidad. No llevaba algún número al costado para identificar la misión, solo había despegado sin previo aviso dejando a todos desconcertados. No tardaron en acercarse a la primera central para alimentar sus dudas pero después de varios golpes hacia la puerta, nadie contestaba. Cuando se logró derribar, notaron que dentro de la central superior no se encontraba nadie. Todas esas personas capacitadas, los más inteligentes y los que podrían dar una solución después de años... solo se fueron, abandonaron los domos sin dejar el por qué. La población no tardó en darse cuenta de lo que sucedió y empezaron los disturbios en la pequeña cuidad. Una vez más, una nave despegó sin previo aviso dejando vidas atrás.

Dos hermanos, Vhan y May Da Gama, en vez de crear conflicto, decidieron entender por qué estas personas solo se fueron. ¿Las cosas estaban empeorando? ¿O solo fue alguna misión? pero no daban fe que sea algunas de estas preguntas. Ellos decidieron averiguarlo.

Dentro de la central notaron que las computadoras estaban encendidas, varios papeles en el suelo, algunas sillas caídas. Investigaron por toda la central, de lado a lado, de arriba a abajo hasta que ¡Bingo! encontraron un telegrama importante.

Mensaje número 33: Humanos, necesitamos de su ayuda. Nuestra raza se está extinguiendo por un virus mortal. Repito, humanos necesitamos de su sabiduría. RECIBIDO, JESSAN-22b.

Los dos se miraron mutuamente muy confusos. Entrecerrando los ojos se daban cuenta que algo no cerraba en este tema.

-Acércate a ver estos documentos de Jessan-22b -dijo Vhan-. Ubicado en la constelación Cygnus, a 587 años luz. Jessan es un exoplaneta que orbita al rededor de su estrella madre. Su densidad, atmósfera y temperatura es parecida a la de la tierra. Habitada por una especie compresiva pero débil en el ámbito medicinal, están sufriendo un virus critico para ellos.

-¡Entonces hemos contactado con otra especie y nunca lo supimos! -exclamó May-. Pero no logro entender por qué nos abandonaron... Veo que no tienen pensado volver.

-May, creo que lo mejor sería avisar a todas esas personas y proponer viajar hasta Jessan.

Lo que nunca se preguntaron los hermanos Da Gama es, ¿Por qué el número 33? ¿Hubo más mensajes antes que este? La verdad, es que sí los hubo, pero fueron dirigidos con destino a la tierra. Y por suerte interfirieron con este último. Lo más probable es que la especie de Jessan se hubiera extinguido hace años pero decidieron correr ese riesgo.

Los hermanos juntaron a toda una multitud para revelar lo descubierto e informar sobre el plan, pero la multitud negó viajar. Las personas no se sentían seguras saliendo de estos domos. Preferían esperar un milagro a que hacerlo. Solo un grupo de personas se propuso a acompañarlos.

La nave despegó después de días. Sabiendo que el tiempo intermedio era largo, decidieron tomar una siesta en las cámaras criogénicas. Y solo pasaron los años...

Año 3687, constelación Cygnus.

Al despertar notaron el gran vacío cósmico, por supuesto que se sentían perdidos. Pero para la mala fortuna no se encontraban en Jessan, ni parecían estar cerca... Tampoco se veía la nave que salió con los capacitados. En definitiva esas coordenadas estaban erróneas. Pensaron qué hacer por horas, hasta que decidieron dar la vuelta y dirigirse hasta la luna -Su hogar-, no tenían otra opción, era volver o nada. Una vez en sus cámaras, se despidieron.

-Nos veremos dentro de unos años -añadió otro.

Cumplido los años. En vez de ser despertados por el sistema... una especie, con varias similitudes a ellos, fueron los que lo hicieron.

-Pe... pero, ¿Dónde estamos! -gritó Vhan- estamos hechos para perdernos- se lamentó.

Los misteriosos espécimen retrocedieron, asustados.

-Chicos... creo que no estamos demasiado lejos de casa -titubeó otro a unos metros-. Miren esto.

Lo que se apreciaba era extrañamente inaudito. Allí se posaba un nave, mejor dicho, una de sus naves incrustadas en la montaña.

-¡Estamos en la tierra! -exclamó May, mirando a sus compañeros-. Pasaron demasiados años y se ha sanado. Y ellos -dirigiéndose a los espécimen- nacieron de nuestras cenizas.

-«Tal vez exista otras tierras, pero estamos destinados a permanecer en esta y empezar desde 0» -pensaba Vhan, lanzando una sonrisa.



















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