Nada sucede porque sí.
Caminando por las calles frías de la ciudad, con las llaves de mi casa en mano y tratando de no pisar las rayas del duro concreto, iba a paso firme casi corriendo por las fuertes gotas que inundaba mi vista. Si tal vez hubiera estado más atenta no habría dejado mi paraguas en casa y me ahorraría un resfrío.
Apuré el paso cuando vi un auto afuera de nuestra pequeña casa, el propietario de aquel lujoso cuatro ruedas había estado visitando a mamá muy seguido, seguramente estarían ocupados y asi no vería sus caras.
Respecto a mi mamá era una mujer solterólica rechazada por el amor y el aprecio hace ya 14 años, con un corazón roto y generalmente cada semana con un nuevo hombre el cual le pagara sus exigentes gastos,a cambio de satisfacción para ellos.
Jamás toqué un peso de esos hombres, con mis tres trabajos ganaba lo justo y suficiente para comprar mi propia comida, pagar mis estudios y darme uno que otro lujo de tener ropa.
-¡Martha! ¿Eres tú? - gritó una voz gastada e irritante. Hice silencio mientras cerraba la puerta con cautela no quería que mi madre apareciera para que me pidiera dinero y se lo fumara, o que hiciera la cena.
Era decepcionante cuando me miraba con esos ojos cansados de pocos amigos y me trataba como una desconocida, como una nadie. Prefería no tener que verla, y evitar estar cerca con ella, porque era el mal de mi vida, con tan solo un gesto podía hacer ruinas mis sentimientos.
Caminé directo a una puerta escondida detrás de lo que sería un cuadro de óleo que daba directo al sótano, a mi hogar. Consistía en una vieja y olvidada habitación llena de vida con frases del periódico, pósters, una cómoda cama , un clóset al lado de mi escritorio y un calefactor echado a perder, pero con 4 patadas funcionaría media hora. Bajé las estrechas escaleras que llevaban a mi refugio, mientras tanteaba con mi mano buscando el interruptor para prender las luces.
Cuando llego del trabajo siempre guardo el dinero en un frasco en donde alguna vez hubo pepinillos. Tener que trabajar casi todos los días e ir a estudiar por la mañana era agotador y lo que más ansiaba en ese momento era tener que ponerme mi pijama y acostarme, pero mi vida tenía otros planes para ese viernes en la noche.Recordé que debía ordenar y organizar toda la disquería en la que estoy trabajando hace ya un buen tiempo.
Había optado por abrigarme más, ya que las noches en Trispod suelen ser más frescas y más cuando hay una lluvia tropical intermitente afuera esperándote para que te mojes.
Mi cuerpo se estremeció cuando insultos y gritos inflaban la casa, la paciencia de mi mamá es un poco insuficiente cuando de trata de dinero. Seguramente el sujeto no le pagó, o le dio una excusa para no hacerlo y lo último que escuché fue el fin de los gritos y un fuerte puertazo.
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Trabajar siendo menor no es lo mejor, más cuando estaba ilegalmente y la paga no era regular. Apesar de ser una disquera reconocida, la gente prefería mil veces spotify y los clientes bajaban cada vez más, pero no faltaba el coleccionista de vinillos que nos salvaba.
Debía ordenar 1500 discos, por categoría y año, y la desesperación mezclado con el cansancio hacia ver que no llevaba ni la mitad lista sumándole que tenia que programar la playlist del día siguiente.
2480 pasos eran de mi casa al trabajo, casi 20 minutos de pereza y cansancio de mi cuerpo tiene que resistir mientras camino.
Volví a casa agotada, con basura y boletas de la disquera en los bolsillos de mi abrigo y monedas de poco valor en los otros. Con este clima tropical la humedad se podía sentir en toda la casa, al parecer tener aire acondicionado con carecimiento de uso era invisible para el uso de mi madre.
Bajé a mi cuarto, sin antes haberme llevado comida, tenía un mal hábito de comer a altas horas de la noche. Un gran vaso de soda con altos grados de azúcar y calorías y para ser comida insana, también cogí un pastel de yogurt y gelatina. Iba bajando las escaleras mientras bebía irresponsablemente un poco de mi bebida con miedo a que se me callera todo lo que tenía encima; con mis manos ocupadas y mi hombro cargando un bolso. Apreté el interruptor para iluminar la sala.
Pero al ver mi habitación completamente vacía, junto con todos mis pósters y decoraciones destrozadas mi corazón se encogió y no entendía nada, hasta que una voz alegre me despertó de mi perplejidad:
--Que bueno que ya estás acá, recordé que este lugar estaba abandonado y como eres tan buena ambientando lugares decidí que lo convertirás en un centro para mis clientes--la miré atonita, con su perfecta sonrisa demostraba que no tenía ni un poco de empatía con lo que alguna vez fue mío.--Por supuesto claro, con el tiempo irá tomando vida. Yo compraré las cosas con un dinero que encon...-
Dejé la comida en el suelo y me apresuré a buscar mi tarro de vidrio;lo más preciado de esta vida. Me acerqué directo en dónde estuvo mi cama y removí un pedazo de bloque de cemento con mis brazos temblando, temiendo lo peor.
Para llevarme el horrible crimen; encontrar el frasco completamente lleno con billetes de cien dólares. Soplé toda la angustia que tenía por haber creído perder mi tesoro más grande, y lo eché inmediatamente a mi bolso.
Cuando llegué al primer piso vi que algunas de mis cosas estaban ahí, no me habia percatado de que estan unas bolsas de basura con mi ropa tirado en el suelo de mármol. Qué considerada, al menos la dejó en bolsas. Mi busqueda acabo con un resentimiento más grande, al darme cuenta que mis implementos de pintura, y mis libros ya no estaban. Pero lo material siempre se puede reocuperar.
Volví a bajar a lo que era mi habitación para confrontarme con una humana buena para fumarse todas sus penas.
--¿Dónde es que dormiré ahora? ¿¡Si quiera pensaste en mí, y mi existencia!?--de apoco iba subiendo mi tono de voz, porque ya estaba harta.
Pero su cara no me decía nada, sólo expulsaba el humo de su organismo. Sus ojos no me decían nada.
--Estoy cansada de tu áctitud irrespetuosa, quiero que me escuches y que te calles. Mañana mismo Abraham te llevará al internado más prestigiado de la ciudad, es una suerte que él este en mi vida. Así porfin podré deshacerme de tu persona desagradable.--y se marchó, dejándome atónita y destrozada.
