Mi respiración se agitaba, el olor a sudor y vino me embriagaba; sus finos cabellos grises rozaban mi delicada, suave y lampiña espalda.
Respiraba en mi oído forzosamente. Me gustaba.
-Já cumi teu pai e teu tío; me decía ebrio- e paguei caro, agora tô me volvendo loco cuntigo.
Yo no lo hacía porque no quisiera, era una necesidad, estaba el abuelo enfermo y éramos tres hombres para pagar todo. Mi padre desempleado, mi tío retardado y yo con trece años.
-Pelo teu cu vô da o dobro de tãu bom que ta.
Era asqueroso el viejo Jorge, pero pagaba bien y eso era lo importante.
-Puta! Tu é mina putinha!
Es loco pero me gustaba que me dijera ese tipo de cosas.
Con un fuerte alarido y gemido acabó su lujurioso acto.
Me dolía pero era por una buena causa. Mi abuelo era más importante que mi infantil cuerpo.
-¿Ya terminaste? Bien, -decía yo con un hilo de voz- ahora dame la plata y hasta el viernes.
-Toma, e bem merecido - me decía mientras me tendía un billete de $500 y se subía los pantalones. Inté o miércoles guri. -y se fue guiñándome su asqueroso y grasoso ojo.
Al cerrar la puerta, me di vuelta en la cama y al fin pude dormir.
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Aclaro unas cosas, lo que parece escrito en portugués mal escrito es "portuñol" el dialecto que se habla en la frontera de Brasil con Uruguay, lugar donde vivo. Lo usé para mostrar la diversidad de culturas que habitan en la "Calle Escobar".
Cualquier duda basta con preguntar.
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Las Crónicas de la "Calle Escobar"
RastgeleEn la Calle Escobar pasa de todo, desde suicidios hasta milagros. En la Calle Escobar hay de todo, desde un colegio y un cabaret a residencias y el hospital. En la Calle Escobar pasa mucha gente en sus calles adoquinadas y estrechas. ¿Dónde se encue...
