Me encontraba allí tirado, en aquel callejón de un barrio de Nueva York a la 01:00, pensando en una respuesta para una pregunta clave: ¿Para qué existo?, no hago nada, no trabajo, no gano ningún sueldo mensual y lo único que hago es alimentarme de los desechos de comida y bebida que la gente tira al contenedor de basura de mi izquierda y ver cómo los dashers van al puticlub de la esquina, en esos momentos en los que se demostraba que los dashers tenían mucho dinero era cuando más me cabreaba y sobre todo me sacaba de mis casillas que lo único que podía hacer era pensar: esos cabrones afortunados.
Me levanté a mirar en el contenedor a ver si había algo para comer, levanté la tapa de este y... No había nada, solo cáscaras de plátano, botellas de vidrio rotas, cajas de cartón y una cajetilla de tabaco con porros a medio fumar. En ese momento metí la mano en mi bolsillo del vaquero y por suerte tenía un mechero, decidí fumarme el resto de un cigarrillo para calmarme. Me quedé mirando el cigarro mientras se consumía, era como una manía que tenía, me resultaba fascinante ver cómo las cenizas se desprendían del cigarro y caían lentamente al suelo como si de copos de nieve en un profundo invierno se tratasen. Me rugían las tripas, así que no me quedó más remedio que intentar robarle dinero a alguien. Poco después de pensar esto, apareció una persona para ir al puticlub, lo supe por la dirección a la que se dirigía y por la cara de depravado que llevaba en ese momento. Le dije justo cuando estaba delante mía:
-Acércate, tengo algo para ti.
El señor estaba borracho, razón por la cual no tenía pleno control de sus actos, ni mucho menos capacidad plena de pensamiento, por lo tanto se acercó sin cuestionar nada.
-Dime, ¿Qué es?
A lo que yo le contesté susurrándole al oído, mientras le pinchaba con una navaja en el costado izquierdo:
-Quiero que me des dinero, cabrón, o si no prepárate para morir.
Lo curioso es que me lo dio sin rechistar y sin oponer ninguna resistencia, podría llegar a ser comprensible puesto que el hombre parecía que iba a entrar en un coma etílico.
Efectivamente a los treinta segundos de haberme dado el dinero, se cayó desmayado justo en la entrada del puticlub. Al caer hizo un gran ruido abriendo la puerta y a causa de esto una prostituta se dio cuenta de ello, inmediatamente llamó al encargado, pero este tardó unos segundos en llegar, era un hombre que iba vestido de etiqueta (smoking) y presentaba una barba canosa al igual que su pelo y con una piel deteriorada por el tiempo, sería un hombre ya de edad avanzada, de unos sesenta años. A pesar de lo acostumbrado que estaba ya a esta sociedad, nunca podría imaginar que a la NERLE CO. se le fuera tanto de las manos la situación: el encargado, sacó una pistola del pantalón del smoking, le quitó el seguro y apretó el gatillo sin compasión ni duda alguna. En ese momento pude ver la bala a cámara lenta por alguna razón que desconozco, pude ver cómo se perforó el cráneo del del hombre inconsciente, incrustándose en el cerebro y saliendo de él una gran colada de sangre, inundando en un extenso charco de sangre espesa que se extiende bajo el cadáver del señor y a su vez, se filtra por la alcantarilla que se situaba al lado del señor y el puticlub en la acera. En ese momento me quedé espantado, mis músculos no respondían a mis órdenes, no podía hacer nada aunque ya estaba acostumbrado a presenciar ese tipo de actos. Supongo que hay cosas a las que nunca te puedes llegar a adaptar por X razones. Pensándolo bien no sé de qué me sorprendía si yo fui el que inicialmente le robó dinero, aprovechándose de que no estaba en óptimas condiciones. Realmente estas cosas son las que hacen que la gente medianamente cuerda se replantee en que mundo vivimos. En ese momento fue en le que pensé: si no cambio yo el mundo quien cojones tendrá huevos para plantarle cara a los de la NERLE CO. Antes de nada necesitaba comer, llevaba tres días seguidos sin hacerlo, tenía hambre, aunque me sentía mal por haberle quitado el dinero y me sentiría mal después de gastarme el dinero de un muerto, ya que no fue por herencia ni mucho menos.
Me dirigí a un bazar que estaba situado cerca de la calle del callejón, por supuesto tenía un cartel que decía OK NERLE CO., eran unos carteles que se ponían en todos los establecimientos públicos y esto solo podía ser así si en el tuna parte de estos mismos vendían drogas duras y si el jefe era un trabajador de la NERLE CO. Crucé la puerta del bazar y el cliente me atendió:
-Vendrás con dinero ¿verdad capullo? Sino ya te puedes ir largando de aquí por las buenas.
-Tranquilo señor, claro que tengo dinero.
-Menos mal hijo de puta, porque sino ya tendrías el puro que me estoy fumando desintegrando tu ojo izquierdo.
-Bueno quisiera un poco de hachís, la cantidad me da un poco igual y deme dos hamburguesas de esas que tiene precocinadas.
-Está bien, son 65$.
-Aquí tiene.
-Que sobrevivas al día de hoy.
-Igualmente.
Salí del bazar e inmediatamente me comí las hamburguesas, hacía mucho que no comía algo así, los trozos de carne, pan, tomate y lechuga se deslizaban por mi paladar y posteriormente se depositaban en el estómago dejándome un muy buen sabor de boca. En ese momento me arrepentí de no haber aprovechado correctamente mi vida cuando era pequeño, aunque tampoco es que hubiese tenido muchas oportunidades, a pesar de no haber una organización corrupta como gobierno salida de la nada que hace el mundo al revés, lo legal lo convierte en ilegal y lo ilegal lo convierte en legal, como por ejemplo las drogas y los asesinatos y en el otro caso trabajar para mejorar el mundo y ganar dinero limpio. Regresé al callejón inicial vestido con mis harapos. Cuando llegué, cogí una caja de cartón, la aplasté y me tumbé sobre ella. Abrí otra vez el contenedor de basura y esta vez sí tuve suerte, encontré trozos de tela de un vestido rojo destrozado. Estos trozos de tela que encontré los amontoné sobre el cartón aplastado y apoyé cuidadosamente la cabeza sobre ellos, haciendo que actuaran, de esta manera, como almohada. Me intenté dormir un buen rato, pero debido al ruido de las motos aéreas de los dashers no pude, me resultaba imposible. Oí cómo una de esas motos se aproximaba a la zona, haciendo que me preguntase por qué cojones venía un dasher si no se había cometido ninguna infracción de acuerdo a su política de leyes. Siempre que aparece un dasher frente a una zona de revealers y mediums no suele ser por nada bueno. Ví cómo las luces delanteras del vehículo aparecían lentamente y de manera impactante, iluminando de esta forma aquel sombrío callejón lleno de revealers como yo, o como lo veían ellos, lleno de miseria y escoria. Finalmente llegó, acompañado de su cachiporra eléctrica. Primero se bajó lentamente de la moto y sin quitarse el casco ( debió ser porque le daría asco que algún revealer le mirase a la cara ) , caminó con aire de superioridad por el callejón mirándonos a todos por encima de los hombros. Sacó su cachiporra y apretó satisfactoriamente el botón para encenderla. La electricidad la recorría casi entera, estaba aterrorizado, una cara de espanto y unos escalofríos me recorrían todo el cuerpo. Pasó de largo de mí y siguió avanzando por el callejón hacia otro revealer como yo. Le cogió de su roñosa corbata, pero el revealer le dijo desesperadamente:
-señor, yo no he hecho nada.
-el otro día pediste limosna a un medium interrumpiendo su tranquilo paseo por la ciudad.
Extendió el brazo con la cachiporra encendida y rápidamente le golpeó en el moflete izquierdo. La electricidad se extendió por todo su rostro haciendo que se derritiese y sus ojos se cayeran a trozos. Se le desintegró completamente la cara, se podía ver parte del cerebro, los tabiques nasales y la mandíbula. El r
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Bajo la Humanidad (editando)
Science FictionNos situamos en el 2036, en un mundo cyberpunk , en la ciudad de Nueva York, donde hay una dictadura ejercida por una organización que emergió de las sombras llamada NERLE CORPORATION, para abreviar NERLE CO., que coopera con el cártel neoyorquino y...
