Le despertó un ruido procendente de la ventana.
Aún medio dormida, solo atinó a coger torpemente los cascos y ponerse a escuchar música. Sumiéndose en su propio mundo.
Pero se dio cuenta de que la habitación estaba demasiado oscura, miró por el rabillo del ojo y solo pudo distinguir una pequeña silueta que tapaba la fastidiosa luz de la farola de enfrente.
Sobresaltada, encendió la luz y, mientras se quitaba los cascos, vio a un pequeño hombrecillo gris apoyado en el alfeizar. Tenía unos ojos profundos y unas arrugas que le hacían parecer un amable anciano. Estaba fumando una pipa que llenaba la habitación de humo.
No gritó, se limitó a mirar curiosa a ese ser fruto de su imaginación. Solía soñar despierta.
- Buenas noches Ipsum - profirió el ancianito gris con una voz cascada muy característica.
- ¡Oh! Hola ¿Qué eres? - No le sorprendió que conociera su nombre, ni le interesaba cómo se llamaba en verdad. Solo quería saber qué había creado esta vez.
- Me llamo Denestor Tul, encantado - graznó con un tono casi molesto, pero en seguida suavizó sus gestos - Soy un demiurgo y vengo de Rocavarancolia.
- Qué nombre tan curioso - dijo aún pensando cómo clasificar al hombrecillo,si como duende, enano... era demasiado peculiar.
- Emm supongo - contestó, no muy seguro de si se refería a la ciudad o a su propio nombre - El caso es que he venido para llevarte allí, a la ciudad de las maravillas, de los milagros y los portentos - Paró dramáticamente y se afanó en fumar de su pipa.
- ¡Oh! Lo siento, pero no puedo salir de mi casa a estas horas. Por favor, deje de fumar, es muy molesto.
Aquel ser gris pareció confuso y en vez de hacer caso a la chica, llenó la pipa y comenzó a fumar aún con más fervor
-Verás, no lo entiendes - dijo - te estoy dando la oportunidad de tu vida. Es la ciudad donde todo puede pasar, donde los sueños se hacen realidad.
- Eso solo ocurre en los cuentos - Ipsum sonreía divertida. No se le había ocurrido pensar lo extraño y peligroso que era tener a un desconocido en su ventana, porque estaba bastante adormilada.
- Bueno esto es mejor que un cuento ¡es Rocavarancolia! Solo tienes que firmar aquí.
Ipsum se levantó, intentando ver mejor a ese tal Denestor que estaba entre nubes de humo.
- ¿podré volver?
- Oh bueno, pasado un tiempo se te dará esa posibilidad, claro.
- Cuánto es "un tiempo"
- Un año exactamente - y le echó el humo en la cara.
- Mmm mire mejor se lo digo mañana, no logro pensar con claridad y... todo esto es tan irreal...
- ¡Para nada! no hay nada más real que Rocavarancolia. Y me temo, mi querida niña, que me tienes que dar la respuesta ya.
- Vaya, ehh... bueno, nunca está mal tener un sueño divertido, supongo - dijo pensando en voz alta porque al fin y al cabo todo eso no tenía ningún sentido y no podía ser real.
- Claro, claro. Bueno firma aquí - profirió Denestor con un tonillo casi desesperado
Ipsum cogió el boli con una sonrisa medio atontada, pero en un momento de lucidez dijo:
- No, espere. ¿Qué hace en mi habitación? No se ni siquiera qué es un demiurgo ¿por qué tendría que firmar? No se... - se frotó la sien - esto parece demasiado serio.
Denestor adoptó una actitud reflexiva y tras un minuto entero de silencio, que invirtió en fumar, contestó:
- Yo te he dicho lo que hay. Ven a la ciudad donde todo es posible. No te estoy mintiendo, lo tengo terminantemente prohibido. Ah y un demiurgo es aquel que da vida a los objetos inanimados
- Yo...bueno, si por qué no.
Y firmó. Tan atontada ya por el humo de la pipa que no se dió cuenta de que la tinta era su propia sangre.
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Hola, muchísimas gracias por leerme.
Esta historia esta basada en mi libro favorito. Se llama Luna roja. Se que no es conocido así que por eso quiero avisar que no es necesario habérselo leido para entenderlo.
Espero que lo disfruteis.
Comentad y votad si queréis.
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La Cosecha
FantasyFanfic del libro "Luna Roja" Cada año, cada halloween, Denestor Tul, el demiurgo, hace una cosecha de niños humanos. Que no pueda mentir no significa que diga la verdad. Y una vez engañados los lleva a la ciudad... y alli simplemente los suelta...
