Mi vida es un infierno. No recuerdo nada y no puedo ni moverme ni hablar. Tampoco podré crear recuerdos nuevos, lo olvidaré todo cada lunes. Y todo por culpa de mis padres y mi primer novio. Por su negativa a aceptar que soy feliz con Abdu Al-Baghdadi, negociador de su padre y un buen hombre.
Con él siempre he gozado de absoluta libertad. Siempre he salido y entrado sin problema de mi hogar aunque sabía que él deseaba que no fuera así. Él nunca se oponía porque entiende que necesito mi espacio, como negociador no se opone a nada de lo que yo quiero, es capaz de aceptar al igual que yo acepto el modelo de sociedad que su padre busca para gran parte del mundo. Me ama, y eso para él está por encima de todo. Quiere verme feliz. Yo le dije que en unos meses o cuando pudiera sería la mujer que él quería. Él me dijo que como si no lo era nunca, que eso para él no era importante, que yo podía vivir mi vida como quisiera.
Pero eso no importaba a mis padres y menos al joven con el que estaba antes de enamorarme de Abdu. Cuando supieron que nos íbamos a casar, pusieron el grito en el cielo. Yo recuerdo esto por mi diario. No logro recordar nada de mi vida.
- Tú y el negociador de Al-Baghdadi. -Dijo mi madre escandalizada- No puedes casarte con... No puedes casarte con su hijo. Lo apoya.
- ¿Y?
- Pero... Pero...
- Pero nada. -La interrumpí furiosa.
- Hija: Piensa. Ese hombre podría empezar a golpearte por vicio.
Estas palabras me llegaron al alma, y me calaron más cuando mi pareja, un joven ateo, y mi padre las apoyaron. Pero no me eché atrás: Me fui a Suiza con Abdu y, cuando supimos que su padre no se oponía a la relación ya que yo acepto el modelo de sociedad que defiende para gran parte del mundo, nos casamos. Llevamos ocho meses casados, y ahora nuestras vidas han cambiado por culpa de un error que cometimos: Confiar en mis padres, dejar que vinieran.
A veces mis padres me llamaban para intentar que me decidiera a asesinar a Abdu. Yo les colgaba, me negaba a dar muerte a la persona que me da la felicidad. Sí, sé bien lo que él y su padre defienden. Pero no me importa. Yo no lo siento una amenaza. No lo es. Él me ama. A mi no me ve como al resto: Para él yo soy especial. Yo no entro en lo que hacen y él no entra en lo que yo hago.
Hace tres meses Abdu llamó a mis padres confiando en que entraran en razón. Pero nada. Mis padres se negaron a escuchar.
Esto llevó a Abdu a tomar una decisión que sabía que no iba a acabar bien: Pidió a mis padres que vinieran a vivir con nosotros. Yo lo miré horrorizada, pero él estaba seguro de que eso era lo mejor.
Cuando llegaron con mi antiguo novio tuve un mal presentimiento. No tardó en confirmarse: Hugo se abalanzó sobre mi al verme, me golpeó sin piedad. Yo abrí la boca para gritar cuando su puño se acercó a mi, pero no pude. Pensé que iba a morir cuando empezó a golpearme con fuerza una y otra vez. Abdu intentó frenarlo, pero no pudo. Mis padres lo agarraron para que no me ayudara.
Mi pobre Abdu... Eso fue lo último que pensé antes de perder el conocimiento. Temí por su vida cuando mi padre fue a la cocina y volvió con un cuchillo. No sabía que lo que pretendía era matarme a mi, quería clavarme el cuchillo en el corazón. Yo no pude verlo pero Abdu lo impidió. Me salvó la vida.
He despertado hace unas horas. Abdu me miraba sin poderse lo creer. Estaba llorando. Me dijo que no se había movido de mi lado en ningún momento.
Yo lo miraba sin poder recordar quién era. Sabía que algo nos unía pero no sabía qué era. ¿Por qué no se había alejado de mi? Debía de ser alguien importante en su vida.
Él me miraba preocupado, pero nada. No lograba recordar. Intenté levantarme, pero mi cuerpo no respondía. Rompí a llorar. Abdu me dio un beso en la frente sintiendo más que yo incluso que hubiera quedado en este estado. Yo no lo rechacé, me gustaba sentirlo. ¿Quién sería él? Ojalá pudiera recordar. Tengo anotado todo en mi diario, pero no asocio nada de lo que leo a mi, es como si leyera la vida de otra persona. Es terrible. Ni siquiera puedo levantarme. Ni puedo hablar y me cuesta comer. Mi marido está a mi lado, sentado en una silla junto a la camilla en la que sigo, e intenta animarme. Pero ahora nada me anima. Imagina lo que es: He perdido mis recuerdos, mi vida, y no puedo ni siquiera mover las manos. El médico dice que no me preocupe, pero... ¿Cómo no hacerlo?
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Nada nos va a alejar. Te lo prometo.
RomanceHistoria escrita en primera persona. Victoria se siente desgraciada en su vida a pesar de que a ojos de todos es feliz. Su pareja, Hugo, un joven ateo lleno de odio hacia la moral, no la hace feliz. Ella, como musulmana en secreto que es, no es feli...
