Y en solo un segundo todo termina, aquella preciosa boda quedó en el pasado.
Katrina miro nuevamente al juez, para después dirigirse a John quien la miraba enternecedoramente desde la otra esquina de la corte.
–Segura señora Keaton. – pregunto la juez.
–Mi apellido es Haynes, Katrina Haynes. – contesto ella mientras que rozaba el golpe en su ojo derecho, cubierto con un par de gafas obscuras.
–De acuerdo, ahora solo basta que el cónyuge firme el acta de divorcio. – antepuso levantándose.
–No lo haré, no pienso firmar ningún jodido papel hasta hablar con mi esposa. – grito él desesperado.
Katrina se alejó del escritorio tomando su saco, susurro algo sobre el oído de su abogado y sin más por decir salió de la habitación, con lágrimas en los ojos.
–Mi cliente pide una orden de restricción en contra del señor. – dijo señalando a John.
