Estoy en una oficina. No soy yo, si no que estoy dentro del cuerpo de un hombre. Llaman a la puerta y tras ella aparece la secretaria del jefe.
-Quiere verle. - Dice.
De repente todo se vuelve más oscuro. Salgo de la pequeña oficina. Tras la puerta me espera un largo pasillo, apenas hay luz. Sigo andando decidida, como si supiera a donde me dirigía.
Tras varios minutos andando llego a una puerta, una simple puerta que me pone nerviosa. Dirijo mi mano al pomo, estoy temblando. Respiro hondo y entro en la habitación.
La habitación solo estaba iluminada por el flexo de un hombre robusto, sentado este tras un escritorio.
-Siéntese. - Dice con voz seria. - He estado observando tu trabajo y tu rendimiento ha bajado notablemente.
-Si, lo se, desde que soy padre se me hace un poco duro. -Me excusé yo.
Me mira fijamente con el puro en la boca y luego saca una televisión. En ella se ve a mi mujer y a mi hija de 4 meses en mi cama. Un escalofrío me recorre toda la espalda. El hombre apreta un botón en su mesa y aparece una mano robótica de la pared que tengo a mi derecha.
Se ríe con sus pensamientos. La mano sigue moviendose y de repente se introduce en la televisión. Mi mujer se asusta y grita. No se como sentirme, ¿qué está pasando? El brazo atraviesa su pecho, llenando todo de sangre, empuja al bebé de la cama y queda inconsciente. El brazo vuelve al despacho y suelta algo en el escritorio. Es el corazón de mi mujer, aun late.
-Muy bien, esto es por el trabajo nefasto que has estado haciendo estos meses. Como sigas así tu serás el siguiente.
