Amor basado en melodía.

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- ¡Ya despierta! 

Grita mi madre desde la cocina, exactamente 15 minutos antes del inicio de mi día escolar. Cansada, saqué mi cuerpo frío de la cama sin ningún ánimo. Mientras me vestía pensaba, "¿Y a quién mierda le importa que llegué retrasada al colegio?" Exacto. A nadie. 

A mis 15 años le perdí el sentido al colegio, levantándome a las 6 de la mañana y saliendo de aquel infierno a las 4 de la tarde. ¿Por qué infierno? porque no tenía amigos, tenía un bajo promedio, sólo iba a que mi profesor me llamara la atención por mirar afuera y que mis compañeros se burlaran de mi personalidad. Aquella personalidad indiferente. 

- ¿Te puedes apurar? ¡Ya vas retrasada! 

- ¡Ya voy maldición! -grito con fuerza. Ésa era una parte de mi personalidad: ser una boca sucia. 

Arreglando mi corbata, amarrando mis zapatos, poniéndome la mochila y subiendo el cierre de mi chaqueta, se aproximaba mi parte favorita: posicionar audífonos de gatitos en mis orejas, teniendo a Memphis May Fire gritando en mis oídos. 

¿Mi pasatiempo? escuchar música. ¿Lo qué necesito? escuchar música. ¿Lo qué tienes en mente cada segundo? mi música. ¿Haces algo aparte de escuchar música y hace música? Ehm, claro. Investigar música.

Me enamoré de la música junto con mi guitarra hace años, encontrando la paz, entendimiento y salida de momentos en los cuales no tenía nada y me faltaba todo. Petit Biscuit descansa en mi lista, junto con A Day to Remember: muy distintos, sin embargo, entrelazados en mi alma dándole sentido a sonreír. 

¿Soy exagerada? para nada. ¿Te gusta escuchar a tu madre gritar? ¿Te gusta oír a tus compañeros burlarse de tí? ¿Te gusta estar junto a la soledad en una esquina de tu habitación? Supondremos que la respuesta es No: entonces escucha Música.

Las canciones eran mis compañeras fieles siendo exquisitas junto a sus letras o ritmos que me volvían loca. A day To Remember me calmaba el alma, Petit Biscuit me llevaba a otro mundo, Bring me The Horizon expresaba mis sentimientos escondidos, incluso Justin Bieber sacaba ése lado romántico que no sabía que tenía.

Caminando a la escuela sentía como mis pulmones me llenaban de aire con sentido al susurrar "Don't let me drown" ¡Que buena canción, maldición!

- Ahí está la rara de Magdalena.

- No la mires mucho que lo nota.

- ¿Supiste qué se sacó la peor nota en Geometría? 

- ¡Pero si éso es tan fácil! 

Bla bla bla, escuchaba del otro lado del salón. "Every scars will build my throne..." Exacto Oliver, que se burlen y hablen mal de mí, sé perfectamente que soy y no necesito unos números para reflejar lo que en realidad era: una amante de la música. Cerrando los ojos, apoyando mi cabeza en la mochila, y dejando a mi imaginación libre, empecé a volar: 

Siempre me imaginé en un bosque frondoso, con árboles viejos y anchos y la luz colándose entre las hojas entrelazadas de sus vecinos apegados. Con mi suéter negro, mis blujines y mis zapatillas deportivas que tanto me habían acompañado: corriendo, gritando, siendo libre dejando todo atrás empezando el futuro que tanto ansiaba por las noches. Donde sólo yo me ponía frente a la vida, donde sólo como obligación debía ser fuerte, donde podía ser y convertirme en todo lo que siempre quise.

- ¡MAGDALENA, DESPIERTA! ¿CUÁNTAS VECES TE HAS DORMIDO EN CLASES? ¡ESTO ES UNA FALTA DE RESPETO! 

Joder, cierra los ojos. Cierra los ojos junto a tu corazón. Todo estará bien.

Todo estará bien si la música está conmigo. 

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