Galya siempre ansiaba el verano, no sólo por finalizar las clases, el calor o poder hacer cuanto quisiera. La llegada del verano significaba mucho más que todo aquello; significaba que podía pasar tiempo con su querido padre.
Sus padres se habían llevado bien, se conocieron jóvenes y de una noche loca surgió aquella preciosa niña, que más tarde tuvo que crecer escuchando los desprecios de su madre hacia su progenitor, al cual la pequeña adoraba.
Savannah, una mujer proveniente de una familia adinerada nunca logró superar a Izan, un hombre de clase media que solo tenía un sueño; tener su propio talle de mecánica y una familia a quien amar. Realmente él nunca se había portado mal con ella, incluso había estado dispuesto a compartir gastos y por supuesto una custodia compartida para tener a la pequeña cada poco tiempo. Pero Savannah se había negado rotundamente, no solo por ella sino también aconsejada por el resto de su familia, que veían con malos ojos aquel muchacho y también siendo éstos el mayor motivo de que su relación se fuera a pique. Como no, Izan luchó por su niña y aunque no consiguió mucho logró tenerla al menos un mes cada verano, el mejor mes de cada año.
A pesar de las insistencias de su familia materna, Galya nunca se dejó influenciar y siempre, como le pasaba a su padre, aquel era el mejor mes para ella. Siempre pasaban tiempo en el taller, llenos de grasa, comiendo la comida más raras que salían al mercado y escuchando música que a ninguno de los dos le gustaba pero podían bailarla y todo aquello se había convertido en una rutina veraniega. Pero no se quedaba allí, Izan hacía cualquier cosa por su hija; pasar días enteros pescando para no llevarse nada a casa, pues a Galya le daba pena matar a esos "pequeños" peces. Rescatar animales abandonados para más tarde buscarles un agradable hogar. Acampar en medio del salón, convirtiéndose así en padre, oso y guardabosques todo en una noche. Y un sin fin de cosas más, con las que ambos disfrutaban. Y todo ello no había cambiado con el paso de los años. Bueno, tal vez algunas cosas sí, pero habían sido remplazadas por otras.
La joven ya tenían diecisiete años y no podía esperar el momento para cumplir los dieciocho y por fin poder elegir que hacer con su vida, algo que Savannah temía. Siempre había tenido envidia del vínculo de padre e hija, aunque ella y Galya compartían muchas cosas nunca había sido igual, teniendo en cuenta que Izan solo formaba parte de la vida de la pequeña 30 días al año. Savannah cada vez estaba más insistente en convencer a su querida hija de lo poco de fiar que podría resultar su padre; pero la joven no tenía ningún motivo para creerla. Y después de tantos años se había dado cuenta del rencor que su progenitora desprendía hacia aquel hombre tan especial.
- Mamá, no seas pesada me voy solo un mes, estaré bien como siempre.
La mujer se sentó en el borde de la cama, colocando las manos sobre las rodillas desnudas mientras observaba a su hija crecida acabar de guardar las últimas cosas en la maleta; en unos minutos se iría por 30 días, 30 días que era la mayor sentencia para Savannah que siempre pensaba que su pequeña no iba a volver.
- Lo sé, solo quiero que recuerdes que estoy aquí. Aunque te toque con tu padre puedes venir cuando quieras ¿vale?
- No, no vale mamá. Se supone que en este mes estoy con él, no contigo.
- ¡Me da igual! Si no quieres estar con él entonces ven y yo solucionaré el resto.
Galya sintió, le parecía inútil seguir discutiendo con aquella mujer, iba a pasar el mes sin verla como todos los demás. Nunca tenía problemas con su padre y si alguna vez discutían el cabreo se les pasaba fácil, siendo los dos iguales en aquel aspecto, como en muchos otros. Tuvo que sentarse sobre la maleta para poder cerrarla, pues su madre, aún sentada en la cama, no movió un dedo por ayudarla, negándose a colaborar en nada que pudiera adelantar la marcha de su hija. Ésta con los brazos en jarra observó la desastrosa habitación, tenía tres maletas y una mochila completas, tal vez se había pasado. Aún así se introdujo de nuevo en el desordenado vestidor para mirar si se olvidaba de algo. El timbre no tardó en sonar haciendo salir a la joven con emoción, Will estaba allí. Su madre se levantó nerviosa, cabreada.
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Todo es empezar.
Romance- Pegas como una chica. - Será porque soy una chica. - ¡¿De verdad?! Pensé que eras un tío al que le gustaba ponerse vestidos y tacones... ahora entiendo muchas cosas. - Idiota. - Vamos, vuelve a intentarlo y esta vez intenta pegar como una mujer...
