Sólo un guiño. Un guiño basta para que me conecte con la mirada de otro y pueda ver a través de sus ojos. El ojo que guiño pasa a ver lo que la persona mira, mi ojo restante continúa revelando lo que está ante mí. Es como una pantalla dividida a lo Brian De Palma, sólo que mejor. Inicialmente usé la habilidad para contrastar recorridos visuales. Si la persona cuya mirada poseía trotaba alrededor de una cancha, por ejemplo, yo trotaba en dirección opuesta esperando ese momento de choque entre las dos miradas, esa conjunción visual que me permitía verlo a él a través de mi ojo y verme a mí mismo desde su mirada capturada. Por eso mis primeros experimentos fueron con caminantes y deportistas, personas habituadas al recorrido circular, constante, rutinario.
Un oficinista que caminaba por la calle posó su mirada en las carnes de una vendedora de jugos de la Carrera Séptima y la persistencia de su mirada casi lo obligó a detenerse. Al principio creí que había sido un evento fortuito, pero al presentarse otros casos similares me di cuenta que se trataba de un patrón: señoras cuya atención en algún descuento de calzado las obligaba a aminorar el paso, hombres concentrados en los movimientos de un balón, gente deteniéndose ante la sospecha de un billete en el suelo visto de reojo. Si bien sólo podía poseer y controlar la mirada de las personas, gracias a estos casos descubrí que era más que suficiente. La mirada intensa obliga al desplazamiento del ojo, el cual condiciona el movimiento de la cabeza, que a su vez arrastra consigo al cuello y de allí al cuerpo entero. Empecé entonces a experimentar por esta vía: mirada y movimiento.
¿Y no oponían resistencia?
Al principio sí, de ahí que el movimiento no fuera del todo fluido. Los caminantes que poseía se movían de manera caótica e histriónica, como contorsionistas, y llamaban mucho la atención provocando varios percances. En otros casos, la resistencia del caminante era tan fuerte que me vencía y me obligaba a liberarlo, abandonando su mirada. Pero poco a poco fui adquiriendo destreza y capacidad de concentración, habilidad para fijar mejor y con mayor fuerza un objetivo visual. El quiebre se dio de manera literal, cuando la resistencia de un caminante, en contraste con la firmeza de mi agarre visual, desembocó en la ruptura de su cuello. En adelante, cuando el choque de fuerzas se acercaba a ese punto, el caminante vacilaba unos instantes, sopesando el riesgo, para finalmente rendirse y encaminarse hacia la dirección que la mirada le indicaba. Al principio de manera forzada y mecánica; luego, con el tiempo y la costumbre, era imposible distinguir un caminante normal de otro poseído por mí.
¿Qué me dice de los pensamientos y de lo que estos caminantes decían mientras usted los poseía? ¿Nunca pedían auxilio?
No me está entendiendo. Yo no poseía la conciencia de la gente (lo que descarta que pudiera percibir sus pensamientos), sólo su mirada y la mirada tiende a ser bastante silenciosa, como cuando se desconecta un cable RCA rojo, de manera que si decían algo no puedo dar cuenta de ello. En algunos casos excepcionales sí había algo de audio, pero no se correspondía ni de lejos con la imagen, eran más bien paisajes sonoros mínimos, similares a los que ofrecen las conchas de caracol o los ambientes submarinos. Al principio me molestaba la discrepancia entre esa imagen ajena y mi audio in situ, pero luego empecé a explorarlo conscientemente para realizar composiciones audiovisuales en tiempo real. Me desplazaba a lugares ruidosos (obras de construcción, carreteras, pistas de aterrizaje) y hacía que mi caminante de turno tomara vías que ofrecieran imágenes apacibles y tranquilas, para trabajar los contrastes de manera explícita y literal. Me di cuenta entonces (a pesar de lo inocente de esta primera aproximación) que lo que me interesaba eran ese tipo de experiencias visuales inéditas, y el hecho de ser capaz de controlar el movimiento abría un inmenso campo de posibilidades.
¿Cuáles? ¿Recorridos?
No exactamente. Esa etapa estaba superada casi desde el momento en que arrancó.
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Blinker
Научная фантастикаBlinker narra las aventuras de un hombre que adquiere la habilidad de poseer las miradas ajenas mediante parpadeos.
