Irreal

462 50 10
                                        



15 de agosto de 2015.

Me encontraba en mi habitación, como de costumbre. Era de madrugada; al parecer mis neuronas trabajaban mejor en la noche. Se acercaba la entrega final de semestre, y yo, con todo mi estrés acumulado y las ansias aterradoras de terminar pronto, notaba que mientras más trabajaba, más paulatino se hacia mi avance.

Necesitaba algo que me despertara, algo así como una taza de café. Pero yo odiaba el café. ¿Qué podía salvarme entonces?

La música.

Encendí mi computadora, entré a mis listas de reproducción más frecuentes y puse el modo aleatorio.

Ya entendía el por qué decían que los diseñadores no conocían el verbo dormir. Desde que había comenzado mi carrera, trasnochaba más de lo que lo hacía en mi vida cotidiana. Pero "mejores ideas" y "no dormir" estaban correlacionadas de una manera sorprendente.

Escuche ese beat, esa melodía que conocía perfectamente, esa letra que sabía al derecho y al revés, y esa voz que ya me era imposible olvidar. Billie Jean estaba reproduciéndose, y mi cuerpo comenzaba a sentir la necesidad de moverse al ritmo de la canción. ¡Eso era lo que me faltaba! Una buena canción, de mi persona favorita.

Pasaron los segundos, los minutos y las horas. En un abrir y cerrar de ojos, ya eran las tres y media de la madrugada. De repente, escuche el sonido de un leve golpe en el cristal de mi ventana. Me volteé, pero no vi nada inusual, así que seguí en mis asuntos. Al pasar de tres minutos aproximadamente, escuché otra vez el mismo sonido, como si un niño travieso y juguetón estuviese tirando piedras. Volví a girar, pero esta vez me llevé la sorpresa de encontrar la ventana abierta.

Me asusté. Estaba segura de que le había puesto seguro, además, el viento no hubiese podido abrirla, aunque no estuviese asegurada.

Cual película de terror, me acerqué a la ventana de manera lenta, para ver qué era lo que había causado el sonido. Me asomé, y vi que todo estaba en su estado natural. El vecindario estaba en calma y silencio, no había un alma deambulando por ahí, las únicas luces que alumbraban eran las de los faroles, y las de las estrellas.

Me giré para devolverme a mi asiento y continuar con mi trabajo, mi motivación era que ya faltaba poco para terminar e irme a dormir. Pero, me vi interrumpida por el sonido de los arbustos en movimiento, que adornaban la entrada de mi casa. Miré rápidamente, y observé la sombra de una persona correr en dirección a la parte trasera, a mi jardín.

- ¡Oye! – grité.

La persona desapareció entre las sombras.

Bajé corriendo las escalas, mis piernas temblaban y mi respiración se agitaba. Salí de casa sin percatarme si quiera de cerrar la puerta, y corrí rumbo a mi jardín, con esperanzas de detener a aquella persona y saber qué quería.

Sabía que me estaba arriesgando, podría fácilmente tratarse de un ladrón, y sabía que la mejor opción era llamar a los policías, o a un vecino. Pero decidí hacerlo por mi cuenta, y no me explicaba por qué.

Lo vi corriendo hacia el pequeño bosque de guaduas que conectaban con la siguiente calle, aumenté mi velocidad como pude, ya que no se me daba bien correr.

- Detente – le ordené, pero hizo caso omiso a mi orden.

Lo perdí de vista al entrar en el bosque, pues estaba tan oscuro que no podía ver ni siquiera mis propias manos.

Con la respiración entrecortada, y un sabor ácido en mi garganta producto del cansancio, me detuve a descansar, y a su vez, a rendirme. Pues ya no había rastro de aquella persona, así que caminé hacia mi jardín de nuevo, rumbo a mi casa.

De pronto escuché el crujido de una rama.

Me giré sobre mis talones, y lo vi de nuevo, pero está vez escondido tras una guadua.

Sólo pude ver sus ojos, que brillaban con una intensidad candente.

- ¡Oye, tú! – alcé el tono de mi voz – ¡sal de ahí!

Mi voz se escuchaba temblorosa, era cierto que estaba nerviosa. Aun así, quería saber quién era, quería ver su rostro.

Él sólo comenzó a correr de nuevo, pero no fue tan astuto esta vez, porque tropezó con uno de los arbustos de mi jardín, haciéndolo caer, sin escapatoria.

Me acerqué sigilosamente.

- ¿Quién eres y qué hacías escondido en los arbustos? – pregunté.

Pero no conseguí respuesta, lo único que conseguí fue que se tapara el rostro con sus manos.

- ¡Muéstrate! – intenté hacer que quitara sus manos de su rostro, pero fue inútil – llamaré a la policía si no lo haces. ¿Quieres esto por las buenas, o por las malas?

Pasados unos segundos, se levantó, aun cubriendo su rostro, y se giró de espaldas.

- Vamos, ¡Son las cuatro de la madrugada! ¿no tenías algo mejor que hacer?

El chico comenzó a deslizar sus manos a través de sus mejillas, de una forma tan lenta, que asustaba. ¿Qué escondía? ¿Por qué tanto misterio en mostrarse?

Cuando por fin tenía sus manos lo más alejadas posible de su cara, se giró hacia mí, cabizbajo.

Entonces, sus ojos por fin se encontraron con los míos.

El tiempo se detuvo allí, ante mis ojos. sentí que todo a mi alrededor se había congelado, que era una extraña coincidencia, o simplemente producto del sueño y el estrés. O tal vez ya había perdido totalmente la cabeza.

Inventé en mi mente mil y una posibles teorías, explicaciones. Cada una más loca e irreal que la otra.

- T-tú... - pude articular después de un momento de completo silencio y desconcierto – tú te pareces... – tomé un bocado de aire antes de proseguir – te pareces demasiado... ¿Cómo? ¿P-por qué?


-

Aquí les dejo el primer capítulo de Halo. Espero que les guste. 

Portada: KatGGP 

Halo (Michael Jackson)Stories to obsess over. Discover now