Sip.

Herónimo.

Cuando me vea llegar con él y en un Penthouse.

Mierda...

- Vuelvo en un rato... - Le prometo al cachorro con una última caricia.

Camino de regreso y en dirección al Hospital nuevamente, pero antes de ingresar lo miro por última vez.

Grands agachado a su altura, juega tipo luchitas con Rata.

Guau.

Es perrero como yo.

Y me encojo de hombros, abriendo la puerta de ingreso.

Luego de los gritos de alegría de Gladys en la recepción al verme aparecer, seguidos por los de horror al depositarlo en mi estado calamitoso de mi rodilla magullada, pantys a la miseria y con huellas caninas de tierra en mi falda que alguna vez fue blanca.

Para luego, reír a carcajadas con otras nurses al contarle mi encuentro con Rata.

Pido por favor por alguien, que le alcance agua y comida en la playa de estacionamiento, mientras Gladys gentilmente me conduce a una pequeña habitación para que me deshaga de mis medias a la miseria y poder limpiar como curar mi herida.

Una vez con mi bandita desinfectante en mi rodilla, nos encaminamos al pabellón de las Disney princesas y Caballeros del Zodiaco.

El gritito feliz de todos los niños al verme, me hace olvidar de todo mal y tristeza.

Corren hacia mí, por abrazos y como Herónimo hace, me siento en una de las sillitas de madera de color para escucharlos, enseñarme su juguetito o ver sus dibujos nuevos mientras los ayudo a colorear.

Les podría decir que la ausencia de Juli se nota en cada rincón y lugar del pabellón.

Suspiro de nuevo.

Pero, nop.

No es su ausencia lo que se siente, es su bonita presencia la que irradia en cada rincón y lugar.

Porque, Julianna es el ángel de todos.

Sonrío más, cuando entre los papis que se acercan a saludarme, la madre de Benjamín me da la linda noticia que vuelven a su hogar.

Los progresos de mi pequeñito son positivos y por ende, el tratamiento pasa a ser ambulatorio.

La madre tímidamente me entrega un papel apuntando su número telefónico y dirección para visitarlos que por supuesto lo haré y la abrazo fuerte a esa madre soltera tan chiquita de tamaño, pero con la fortaleza de un león como su hijo.

Me dedico toda la tarde a dibujar y jugar con ellos, ante siempre la mirada y presencia de Benjamín que le cuesta compartirme.

Pero me tomo mi último momentos en el Hospital a uno que está muy decaído, bajo los efectos de la quimio en su camita azul.

Le leo un cuento y jugamos a los naipes un rato, donde pateó mi trasero las tres jugadas y pude sacarle varias sonrisas.

Siendo la hora de irme, lo arropo en su cama y con un beso en su frente, me despido.

Su nombre es Caldeo.

Oriundo de África.

Creo.

Ya que, no se sabe bien su paradero, porque está en investigación.

Como Juli, fue encontrado y casi desvanecido por su enfermedad, en un callejón por una patrulla policial haciendo su ronda nocturna en pleno suburbio de mala muerte.

Es un hermoso niño de unos 3 años aproximadamente, con su piel con un tono de piel café con leche y con unos bellos ojos grises claros como un día nublado.

Únicos.

Ingresó hace pocos días, pero nadie sabe de él.

Nadie tampoco lo reclamó hasta ahora y el pequeñín tampoco habla.

Solo, pronuncia su nombre.

Caldeo.

- Tengo un secreto que contarte, Caldeo... - Le susurro bajo. - ...solo tú, además de mí, lo sabe... - Le digo.

Bajo sus frazadas de los Caballeros de Zodiaco, no hace movimientos como tampoco gesticula en sus lindos labios llenos para hablar.

Pero tengo toda su atención, porque sus infantiles y lindos ojos de un hielo gris, brillan por saber que es.

Sigo susurrando.

- ...encontré, un perrito antes de ingresar acá... - Su mirada, sigue mi mano señalando con un dedo la gran ventana. - ...está ahí, afuera esperando por mí, y le puse Rata. - Y sus ojitos sonríen. - Y te prometo algo. Bien termine tu tratamiento y Rata vea un médico de perritos, te lo enseño ¿te agradaría, ello?

No me contesta, pero aprieta mi mano que está entre la suyas.

Y eso, es suficiente para mí.

- Lo prometo, Caldeo. - Le murmuro, dando un último beso en su frente a modo despedida con cariño.

***

Muerdo mi sándwich.

- ¿Y bien, que opinan? - Pregunto a Marcello y a Hollywood una vez ya en el Pen, sentada en unas de las banquetas de la barra de la cocina mientras observan en detalle.

- Aha... - Dice Hollywood con las manos en sus labios mirando detenidamente y rondándolo. - Como que, le falta glamour y un cambio de imagen urgente, querida... - Acota, luego de analizar minuciosamente a Rata que a mi lado que va recibiendo pedacitos de mi merienda que me preparó Marcello.

Río e inclino mi cabeza.

- Ayuda, por favor. - Miro la hora de mi reloj. - Herónimo vendrá en breve y necesito opiniones y consejos urgente, antes de la presentación de ambos.

- Yo empezaría por un baño. - Dice Marcello, pero lo mira mejor. - Que sean, dos baños.

Y río, tapando mi boca con una mano.

- ¡Santo Dios! ¡Los hombre de esta casa, apestan! - Exclamo, caminando en dirección a la habitación de Herónimo con Rata a mi lado por su doble ducha y con la risa de ambos a mis espaldas.

- ¡Santo Dios! ¡Los hombre de esta casa, apestan! - Exclamo, caminando en dirección a la habitación de Herónimo con Rata a mi lado por su doble ducha y con la risa de ambos a mis espaldas

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.



La pasión de Vangelis®Donde viven las historias. Descúbrelo ahora