01| Mini Ken el come juguetes y la Japonesita gruñona.

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Odio a los niños. No hay duda alguna en que algún día me quedare sola con cinco gatos, tres perros y un loro parlante, sin duda alguna, el paraíso. Pero, como la suerte me adora, me toco trabajar por la tarde en una guardería llena de bebes traga papillas. Seguro y los bebes si están a mi cargo quedaran colgados en el ventilador para así ver quien cae primero o quien se muere primero. Una de dos.

Para la poca suerte mía, mi mamá se compró su amada pelota para aerobics, y como la utilizara en la tarde cuando llegue de la escuela, no tendré que oír ni oler sus pedos cuando se agache o estire. Y mi papá como el masoquista que es, verá como mi madre lo haga, doble razón para amar un poco el trabajo.

Había llegado a tiempo, la señora Rusell iba a inspeccionar que todo este bien, pasaría de vez en cuando mostrando su cara de anciana, la señora era muy vieja, ademas de amargada y viuda.

—Le advierto Bell que si esos niños salen lastimados, bajara su calificación—me había advertido la señora apuntándome con su bolígrafo negro.

Yo solo asentí, no era algo que me preocupara en lo absoluto, no le haría nada malo a esos bebes, ni que me los fuera a comer o a robar. Esta bien que los odie, pero, no es para tanto.

El grupo constaba de diez niños, cinco niñas y cinco niños, estaban sentados en una alfombra en forma de rompecabezas de diferentes colores, los niños al escuchar la puerta abrirse los ojos se posaron en mi.

—Suerte—golpeó mi hombro la señora Rusell dejándome  sola con los bebes.

¿Y ahora que tengo que hacer? ¿Les bailó la macarena? ¿Les enseño a bailarla? 

—Hola pequeños hijos de Dios—dije haciendo que todos me vean—. No quiero indisciplinas señores, esto no es una guardería, bueno, en realidad si, pero no es el caso.

Los bebes solo me miraban curiosos, parecía una idiota hablando con ellos, tal vez me entiendan pero no me pueden hablar.

—¿gutata?—dijo una rubia de ojos azules.

—No mini Barbie, no podrán ir al baño—dije estricta.

—¡Ah!—gritó un pelinegro aventando su pequeño juguete.

—Se que es algo injusta esta regla, pero, yo solo hago lo que me piden—dije caminando de un lado al otro.

—¡Papa!—exclamó un castaño, vaya, un bebe se viste mejor que yo.

—No soy tu padre mini Ken—dije haciendo que este hiciera un puchero.

Escuché una fuerte carcajada desde afuera, miré hacia la puerta y vi el estúpido rostro de Jeremy, tenia un gesto divertido, entró sin pedir permiso y caminó hasta detenerse dos metros lejos de mi.

—Vaya Ame, pensé que eras más madura—dijo haciendo que ruede los ojos.

—Y yo que tu eras más responsable, se supone que tienes que cuidar tu grupo ahora genio—dije haciendo que este sonriera.

—Lo sé, fui al baño, la señora Rusell los esta cuidando por ahora, no pude evitar tu conversación con estos infantes—dijo señalando a los bebes.

—¡Tu mini Ken, suelta ese juguete, no es comida!—exclamé haciendo que este lo chupara por completo. Se lo volvió a meter varias veces a la boca.

Caminé hasta el y agarre el juguete con mis manos, trate de quitárselo pero este encajo sus pocos dientes en el juguete. Traté de abrirle su boca pero fue en vano ya que el muy estúpido bebe me mordió el dedo. Jeremy solo se carcajeaba de lo imbécil que me veía, hasta que en un tirón saque el juguete de la boca de este.

—¡Aja!—exclamé dando un leve brinco de victoria aun con el juguete todo lleno de babas.

Inspeccione rápidamente que no le haya sacado algún diente, al ver que todo estaba en su lugar, deposite el juguete en un cajón del escritorio, donde no lo pueda agarrar.

—Me haces reír mucho Ame, lastima que solo tengas ese don—dramatizó Jeremy haciendo de cuenta que lloraba.

—Y tu solo una cara bonita—dije haciendo que este se llevara una mano a su pecho.

—Eso ya lo sabia.

— ¡Jeremy!—exclamó la señora Rusell haciendo que este pegue un brinco—. ¡Puntos menos!

—¡Señora Rusell no!—dijo Jeremy saliendo del salón.

Miré a los pequeños bebes, parecían inocentes pero todos eran unos diablillos, más mini Barbie y mini Ken, los tendré en la mira. Divisé una hoja con los nombres de los bebes, junto a su nombre venía una foto de estos para identificarlos.

—Vamos a ver—dije viendo las fotos—. ¡Mini Ken se llama Ken!—dije al ver la foto del niño y su nombre—. Mini Barbie no se llama Barbie, se llama Trinity, pobre Ken, te morirás solo.

Seguí viendo las fotos, noté que tenia que pasar lista, así que, agarre una pluma de tinta negra y comencé a poner un punto en "asistencia" si el bebe había venido y una diagonal sino vino.

—¡Hay una japonesita!—exclamé al ver a la bebe con ojos rasgados, camine hasta ella y me senté enfrente de ella—. Saludos, princesa de Japon—dije haciendo el típico saludo que hacían los chinos, creo que le ofendió eso, ya que me lanzó su juguete que traía en su mano—. ¡Auch! ¡Japonesita! 

Sin duda a tan poco edad era una japonesita gruñona, seguí viendo las fotos de los bebes, noté que una tenía mi nombre, una bebe muy linda que traía un broche en su cabellera negra y unos ojos verdosos.

—¡Tocaya! Dame esos cinco—dije haciendo que esta sonriera y chocara los cinco conmigo—. No le digas a los demás bebes, pero, tu eres mi favorita—abrace a la pequeña. Sentí que me lanzaron algo en mi espalda—Mini Barbie, tranquila, yo los amo por igual—sonreí hacia los demás bebes—. No es cierto—murmuré hacia la pelinegra.

Se podría decir que, ahora me llevó bien con algunos bebes, con otros no porque me odiaban o me lanzaban sus juguetes. Seguí viendo la lista, noté que uno se llamaba Harry, ahora que me doy cuenta, este niño se parecía mucho a Harry Styles.

—¡Eres el hijo de Harry Styles! Si es así, dile que me adopte y así ser tu hermana mayor—el niño me sonrió y unos hoyuelos se hicieron presentes en sus mejillas—. ¡Santa Madre Teresa de Calcuta! ¿Sabes que? Me esperare a que vengan por ti, así, me voy en la cejuela del coche y veré a tu padre.

Seguro si alguien me viera hablando con los niños pensaría que necesito un psicólogo urgente, la verdad es que si, pero, yo me niego.

—Patética—escuche una voz femenina detrás mio.

Me gire a ver quien era la persona, no era nada mas ni nada menos que, Megan  Thompshon.

—Megan—dije sonando como Josh cuando dice el nombre de esta.                                                          

                                                  

¡Guerra en pañales!Stories to obsess over. Discover now