.oneshot.

595 40 1
                                        


Casi sin notarlo había llegado el 14 de febrero, no era un día especialmente diferente para la academia Yosen, sólo sus actividades tras las clases se cancelaban, pues claro, los estudiantes tenían bastante jaleo entre confesiones y entregas de regalos; cosa que los profesores comprendían. El equipo de básket no era una excepción, y aunque los sempais sí estuvieran en busca y captura de alguna buena chica, especialmente para su capitán, pues los dos nuevos miembros iban caminando bastante tranquilos por los pasillos de camino a los dormitorios.

— Muro-chin, ¿por qué tienes tantos chocolates? — preguntaba el más alto mirando desanimado las bolsas que el otro iba cargando, todas repletas de dulces.

— No es mi culpa si las chicas me regalan tantas cosas, yo no las pido.

— Qué envidia.

— No pensé que te interesara tener admiradoras, Atsushi. — de hecho la mirada de Himuro se sorprendió un poco.

— No me interesa, quiero chocolate. — bostezó tapando su boca con la mano derecha.

— Tú nunca vas a cambiar, ¿cierto? — suspiró— Creía que te pondrías celoso, las chicas no dejan de hablarme desde la misma mañana, ¿no te molesta?

— Umh... ¿debería molestarme? — le miró terminando el bostezo.

— Atsushi, ¿no sabes lo que son los celos? — preguntó un tanto irónico.

— No estoy celoso de tu popularidad con las chicas, Muro-chin.

— Lo importante es el chocolate, ¿cierto?

— Por supuesto, esta semana ha habido muchos descuentos en las tiendas, — sonrió— debería ser San Valentín todos los días.

"¿Tú te escuchas cuando hablas?", pensó Himuro arqueando una ceja. El gesto se mantuvo cuando un grupo de chicas vinieron hacia ellos, pero esa expresión calmada cambió a sorpresa cuando las chicas hablaron con Murasakibara. El azabache no pudo evitar chasquear la lengua ante la escena, le molestaba que sonriera tan tranquilo mientras recibía una caja de bombones caseros, sin duda el chico desconocía de los sentimientos ocultos en esos dulces y su aceptación tan despreocupada y alegre.

— Atsushi, ¿vas a tardar mucho? — se dio cuenta de lo seca que había sonado su voz, así que se cruzó de brazos intentando disimular la irritación de alguna forma.

— No, sólo est-...— pero apenas pudo dar un paso hacia él y una de las chicas sujetó la chaqueta del pelimorado, entregándole otra cajita junto a una nota que ella misma escribió.

— ¡Murasakibara-kun, por favor, acéptalo! — le gritaron casi a coro.

— Esto es extraño...— murmuró cogiendo las cajitas con los dulces— Pero gracias por el chocolate.

— ¿Los comerás? — preguntaron emocionadas.

— Umh. — asintió con la cabeza— Muro-chin, ¿puedes dejarme una bolsa? No puedo cogerlos todos con las manos...— ese furioso rostro le confundió— Muro-chin, ¿estás bien?

— Perfectamente. — vació una de sus bolsas, ocasionando una pequeña estampida de chocolates contra el suelo -pareciendo una colorida cascada-, luego se la dio al otro con no muy buenas maneras.

— ¿Muro-chin? — le volvió a llamar pero Himuro no contestó, de hecho su silueta había desaparecido entre los pasillos.

— ¿Qué demonios le pasa? — se preguntaron las chicas prácticamente rodeando al jugador que allí quedaba.

— Qué molestia. — bajó la mirada para poder ver a las improvisadas pasteleras— Muro-chin se ha enfadado conmigo...— movió esta vez su mano izquierda, acercándola lentamente a la cabeza de una de las chicas hasta dejarla sobre sus cabellos, apretando un poco sus dedos— Y ahora quiero aplastarte.

Las estudiantes gritaron entrando en pánico, aterrorizadas por el repentino cambio de actitud del pelivioleta, huyeron en cuestión de segundos dejándole a solas en el pasillo rodeado de chocolate. Permaneció un buen rato en silencio mirando los dulces esparramados por el suelo. Un leve suspiro y después se agachó guardando muy lentamente todas las cajas en la bolsa.


-----


"Me pregunto qué le habrá pasado a Muro-chin...", pensaba ya frente a la puerta de su habitación, dudaba entre si tocar o no, el otro aún debía seguir enfadado y no sabía el por qué; era esto último lo que más le preocupaba.

— ¿Qué debería hacer? — murmuró totalmente estático frente a la puerta comiendo un Kit Kat.

Para su sorpresa la puerta se abrió sin haberse acercado a ella, asomándose por un lado esa cabecilla oscura que tan bien conocía; la cual le miró fijamente antes de decidirse por hablar.
— No deberías quedarte ahí sin moverte, es escalofriante.

— Has dejado los chocolates en el pasillo y los he traído. — expandió su brazo, cargando en su mano una bolsa repleta de bombones preparados por las chicas.

— En serio tú...— suspiró dándole paso— Entra un momento, tengo que hablar contigo.

— ¿Puedo traer golosinas de mi habitación?

— No.

— Qué cruel, tengo hambre, Muro-chin.

— Entra de una vez, por favor.

Suspiró obedeciendo, se agachó un poco para poder pasar por el marco de la puerta sin golpearse en la cabeza, se quitó las zapatillas y dejó la bolsa junto a la cama, sentándose en ella; removía los labios mirando algún punto de la pared, aun saboreando ese regusto dulce que habían dejado sus chocolates.
"Parece un hámster", pensó Himuro con una divertida sonrisa. Avanzó hacia él y se sentó a su lado soltando un pequeño suspiro.

— Atsush-...

— ¿Sigues enfadado? — le interrumpió con la mirada perdida en el techo— No me gusta cuando Muro-chin se enfada conmigo.

— No, yo...— volvió a suspirar llevándose la mano al rostro, sentía sus mejillas sonrojarse— Lo siento.

— ¿Umh? ¿El qué? — le miró de reojo.

— Es absurdo...— apoyó la cabeza en su hombro, impidiendo que le mirara— Me enfado por tu indiferencia, y para colmo soy yo el que se puso celoso sin razón... es tan estúpido que me avergüenza...

— Sigo sin entenderlo, pero supongo que está bien si no estás enfadado.

— Atsushi, lo normal es ponerse muy celoso cuando la pareja es asediada por un grupo de admiradoras, ¿sabes?

— ¿Por qué?

— ¿Cómo que por qué? ¿No es algo obvio? ¿Es que te gusta verme rodeado de chicas?

— Umh... pero Muro-chin no tiene interés por ellas, así que no debería preocuparme.

— Tú... ¿lo dices en serio? — alzó la cabeza mirándole asombrado.

— No suelo bromear demasiado, Muro-chin.

— ¿Te das cuenta de la confianza que me tienes?

— ¿No debo confiar en Muro-chin?

— No es eso... sólo...— suspiró— Olvídalo.

— Ahora estoy aún más confundido. — dijo ladeando la cabeza.

— Me gusta este Atsushi de mente tan simple.

— Muro-chin, eso es ofensivo. — refunfuñó.

— No necesariamente. — sonrió besando su mejilla— Atsushi~— de nuevo su voz había cambiado, sonaba cantarina y juguetona.

— ¿Umh? — le miró sin inmutarse— ¿Pasa algo? ¿Es chocolate?

— De verdad, ¿dónde está tu lívido? — suspiró manteniendo la sonrisa, igual que un gato se había deslizado por la cama hasta quedar arrodillado sobre el regazo del otro, mirando en todo momento sus ojos— Cómeme a mí en su lugar, piensa que soy un dulce.

— Muro-chin es más amargo.

— Ahora eres tú el que ofende al otro.

— ¿Es así?

— ¿Podrías callarte y besarme, Atsushi? — preguntó inclinándose hacia él, ya sus dedos jugaban con algún mechón de su cabello.

— No tengo muchas opciones ahora, Muro-chin.

— Supongo que llevas razón. — sonrió segundos antes de unir sus labios con los ajenos, un pequeño escalofrío le recorrió la espalda con las manos del otro colándose bajo su ropa, ahora acariciaban su abdomen.

Se retorció cuando esos largos dedos viajaron hacia la zona trasera de su cuerpo, trepando lentamente por su espalda. Apretó el agarre en su cabello con esos pequeños chispazos que su entrepierna recibía, no en vano había empezado a moverse y frotarse contra el otro, descubriendo que "cierta" zona bastante importante en su anatomía comenzaba a ganar varios grados de temperatura.

— Muro-chin, si te mueves tanto me cuesta besarte.

— Eres tú el que no se mueve, Atsushi, apúrate. — se quejaba desabotonando el uniforme del pelimorado, pudo quitarle sin problemas la chaqueta y ahora se disponía a desatar el nudo en la corbata cuando la situación cambió.

Himuro estaba acostado en la cama, no tenía posibilidad de escape cuando sus manos estaban sujetas a la altura de las muñecas por encima de su cabeza, y la huida era más que imposible con Murasakibara a gatas sobre él; conocía esa mirada suya, lejos quedaba el aburrimiento que normalmente reflejaba.

— ¿Atsushi? — tragó saliva viéndole quitarse la corbata, ésta la usó para atar sus manos, ahora inmovilizadas contra el cabezal de la cama— Oye, ¿qué estás...?

— Si no te ato te seguirás moviendo, Muro-chin. — le interrumpió cuando acabó el nudo, asegurándose de que no se iba a soltar por mucho que tironeara, aunque Himuro no se había resistido a sus movimientos.

— ¿Vas a comerme? — preguntó bastante emocionado por la situación en la que se encontraba.

— No.

— ¿Eh? — se quedó de piedra, el pelimorado se había sentado a su lado en la cama, rescatando la bolsa con las chucherías de San Valentín— No puedes ir en serio, ¿verdad?

— ¿Umh? ¿En serio con qué? — le miró confundido mordiendo una chocolatina.

— Atsushi, es 14 de febrero, ¿quieres dejar las golosinas?

— No veo por qué.

— ¡Porque estoy yo aquí! — suspiró— Por lo menos suéltame, es bastante estúpido estar atado en mi propia cama cuando no haremos nada.

— Pero esta parte de Muro-chin sí quiere que haga algo. — comentó con su mano sobre la entrepierna del otro, le daba golpecitos mientras comía el dulce.

— N-no lo toques...

— Me gusta esa voz, Muro-chin. — hizo caso omiso de lo que le pidió, bajando la cremallera del pantalón para acariciarle por sobre la ropa interior— Oh, estampado de rayas. — tragó el chocolate que comía y terminó por quitarle los pantalones— Parece un caramelo, Muro-chin, ¿puedo comerlo?

— ¿Qué clase de pregunta es ésa...?— jadeó, sus manos trepaban por sus muslos yendo cada vez más arriba— A-Atsushi...

— Me gusta MUCHO esa voz, Muro-chin.

Otro fuerte escalofrío recorrió la espalda del azabache, si bien la mirada del otro cuando se libraba del aburrimiento le robaba el aliento, esa sonrisa que mostraba ahora aceleraba sin remedio los latidos de su corazón. Sabía que a partir de este punto no había vuelta atrás, resultaría imposible calmar a Murasakibara cuando le sonreía de esa forma, aunque no estaba en sus planes detenerle.

— Debo quitarte el envoltorio antes de empezar. — decía desabotonando su chaqueta, muy poco a poco la dejó abierta y la deslizó lo suficiente por sus brazos hasta apartarla del camino, haciendo lo mismo con la corbata— Estás temblando, Muro-chin.

— N-no hace falta que lo digas...— murmuró desviando la mirada, escuchando esos ligeros plop-plop por cada botón de su camisa que se desabrochaba, ¿tenía que hacerlo TAN despacio? Le estaba volviendo loco y ni siquiera había empezado a acariciarle.

— Creo que los M&M'S irían bien aquí. — sonrió acomodándose donde estaba, de un mordisco abrió el paquete de golosinas, cayendo esas coloridas bolas de chocolate por el pecho de Himuro. Sólo las más traviesas se aventuraron a bajar hasta su abdomen, escondiéndose en su ombligo— Voy a comerte ahora, ¿de acuerdo?

Tatsuya se removió en su sitio sintiendo la húmeda lengua del otro deslizándose por su piel de un M&M'S a otro, dejando varios mordiscos por el camino. Retorció sus piernas cuando la boca fue bajando y gimió cuando esa conocida intrusa se detuvo a jugar en su ombligo, rescatando de ahí todas las golosinas que había en él.

— A-aatsushii...— el gemido se repitió, la lengua había bajado y ahora se entretenía en su bajo-vientre, con los dientes rozando el borde de su ropa interior y la barbilla sobre el bulto que era ahora su entrepierna.

— Estás muy caliente aquí, Muro-chin. — sonrió trepando por su cuerpo hasta llegar a su rostro— Dejaré mi dulce favorito para el final. — mordió la punta de su nariz antes de tomar de nuevo distancia.

Esta vez fue el turno de los Maltesers en este excitante juego que practicaban, el paquete se abrió y esas perlas de cacao rodaron libres por aquella pálida piel. Murasakibara sujetó una con sus dedos índice y pulgar, acariciando con ella el firme abdomen del azabache antes de comerla, dejando unas apetecibles manchas de cacao por la zona. Unos pocos segundos más tarde fue una inquieta -y larga- lengua la encargada de lamer tan dulce rastro. Himuro cerró con fuerza sus ojos a cada caricia que recibía, que lejos de terminar, continuaban; logrando que cada poro de su piel reaccionara, incluso el más mínimo roce de esos largos mechones púrpuras le arrancaba más de un suspiro.

— Muro-chin, ahora estás más duro que antes. — decía yendo hacia abajo, sus manos delinearon el pecho del azabache hasta que quedaron una a cada lado de su cintura.

— ¡A-atsushi... n-no muerdas...!— se quejó en mitad de un gemido, ese mordisco no le había dolido tanto como había creído. Al contrario, sentir sus dientes casi perforando la tela que ya inútilmente le cubría le provocó una sacudida que llegó hasta los dedos de sus pies.

— Haai~— canturreó separándose, se relamió las labios quitando esa molesta prenda que aún tapaba al otro— Oh, ya estás mojado aquí, Muro-chin.

Himuro giró el rostro incapaz de mantener la mirada, ahora tenía a ese curioso pelimorado arrodillado entre sus piernas, acariciando tan tranquilo su erección mientras comía algún que otro Pocky de chocolate, tenía claro que sólo Murasakibara podría comer en un momento tan íntimo como éste... y extrañamente eso no le molestaba, lo consideraba como un peculiar hábito suyo.
— Me pregunto qué pasará si lo pongo aquí.

— ¡Aaah! ¡¿P-pero qué estás...?!— echó a un lado su vergüenza para mirar la escena, lo que vio le descolocó por completo, ¿por qué había un Pocky literalmente clavado en la punta de su miembro?

— Oh, puede entrar. — presionó ese palito de chocolate y comenzó a bajar, haciéndose hueco por el orificio de la uretra— ¿Te duele?

— ¡P-p-p-por supuesto que me dueeleee...!

— ¿Estás seguro? — dejó el índice sobre el Pocky, comenzando a moverlo de forma circular mientras lo iba retirando muy poco a poco hasta que quedó fuera; sonrió escuchando los sonoros gemidos que el otro soltaba en respuesta. — Parece que sí te ha gustado, Muro-chin. — dijo comiéndose el aventurero Pocky que había realizado tan excursión en el cuerpo ajeno— ¿Quieres que lo vuelva a hacer?

— ¡N-noo...!— luchó por liberar sus manos, esfuerzo que resultó inútil dada la fuerza del nudo en esa corbata.

— Como quieras. — se alzó de hombros cogiendo 4 palitos de chocolate, los lamió mirando en todo momento los ojos de Himuro, le gustaba esa expresión casi desesperada que le mostraba— Haré que todo Muro-chin se vuelva dulce.

— ¿Eh? — la confusión sólo duró unos segundos, un escalofrío le recorrió la espalda viendo la dirección de esos Pockys— ¡No... A-Atsushii...!— se mordió el labio con el primero comenzando a entrar, para su mala suerte aquello no le dolía en absoluto.

Detalle que Murasakibara supo apreciar, dejando al resto de visitantes colarse por el mismo sitio; separó un poco más las piernas del azabache y comenzó a mover los Pockys. Tras un rato donde mantuvo un continuo movimiento circular cambió a uno vertical, para volver luego al horizontal... se entretenía bastante en la faena, dejando que el chocolate se fundiera y endulzara ese delicioso interior que él mismo pensaba visitar más adelante.

— A-aatsushii...— le llamó retorciendo sus pies, sujetando con sus dedos las sábanas que cubrían la cama— Pa-paara ya con e-eso...

— Muro-chin, te lo has comido todo. — sonrió retirando muy despacito cada Pocky, mirándolos satisfecho antes de prácticamente devorarlos, sin pizca de chocolate en ninguno de los cuatro.

Bajó la mirada y se relamió los labios con el chocolate -ya totalmente derretido- deslizándose hacia fuera del otro, cayendo hasta la cama. No iba a permitir que una sola gota del dulce se desaprovechara, así que cargó las piernas del azabache hasta dejarlas sobre sus hombros; una vez listo se inclinó y avanzó sin dudarlo hacia su entrada, dejando a su lengua llevar la delantera en esta expedición.
El buscado gemido no se hizo esperar, estimulándole a continuar con lo que hacía. Esa voz tan notablemente excitada lograba estremecerle, pero de una forma totalmente distinta a la que sentía con las victorias del Yosen y totalmente distinta al descubrimiento de esos sabores nuevos de sus dulces favoritos... tenía claro que este sentimiento tan placentero sólo afloraba frente a Himuro. En cierta manera lo veía lógico, por algo eran pareja; sin embargo no mentiría al afirmar que aún no comprendía del todo el concepto.

— A-atsu...shiii...— era precisamente esta voz la que más le gustaba oír— Pa-paaraa... v-voy aaa...

Se separó sólo unos segundos para relamerse los labios, recuperando ese sabor dulzón que el chocolate había dejado en ellos; apenas bastaron unas ligeras lamidas en el miembro del azabache para que éste volviera a gemir, se retorciera y acabara manchando la cara del pelimorado.

— Está caliente y pegajoso...— dijo incorporándose, se limpió la mejilla con una de sus manos y miró curioso sus dedos, esa sustancia blanquecina se deslizaba por ellos, desprendiéndose del índice para ir al corazón y caer por su palma, más de una gota bajaba ya por su muñeca y caía hasta humedecer las mangas de su uniforme.

Lleno de curiosidad y dispuesto a probar el sabor de algo nuevo comenzó a lamer su mano... la desagradable mueca que puso a continuación le arrancó una carcajada al azabache.
— Puaj... sabe horrible...— se quejó sacando la lengua y sacudiendo su mano de un lado a otro, esperando deshacerse de lo que la cubría casi por completo.

— ¿Qué te esperabas? — suspiró negando con la cabeza— ¿Podrías desatarme? Debo limpiar ese pequeño desastre...— una vez se vio liberado, Himuro no tardó ni 5 segundos en colgarse de su cuello para volverle a besar.

Apenas notó el sabor del propio semen, era solapado por el dulce de tantas chucherías, de hecho si tuviera que describir los besos de Murasakibara en una sola palabra, ésa sería DULCE. Tan dulces y cálidos que lograban echar a volar todas las mariposas por su vientre, golpeándole con fuerza y ocasionando una punzada que a veces se tornaba dolorosa de lo profunda que llegaba a ser.
Al separarse paseó su lengua por su rostro, al menos por esas partes donde el semen le había manchado... esa imagen era excitante, pero le parecía bastante más divertido escuchar los refunfuños del pelimorado porque le hacía cosquillas al lamerle. Se separó ya del todo buscando una posición más cómoda, supo perfectamente lo que iba a hacer, razón por la que sonrió al llevarse varios mechones tras su oreja, no quería que nada le interrumpiera ahora. Esa sonrisa creció un poco viendo el leve sonrojo del pelimorado cuando sus hábiles dedos habían desabrochando su pantalón, bajándolos luego junto a la ropa interior, un poco, no mucho, sólo lo necesario como para que "ese" músculo pudiera liberarse.

— Haa...— Himuro esta vez rió acariciándolo con su mano derecha, dando pequeños golpitos en la punta, humedeciendo sus dedos con el líquido translúcido que se acumulaba ahí— Atsushi, todo tu cuerpo es enorme, ¿lo sabías?

— ¿Eso es un halago, Muro-chin?

— Sin duda es algo bueno. — murmuró sin poder borrar esa maliciosa sonrisa de sus labios, los separó para comenzar a lamer y chupar sólo la cabeza, simulando que era un helado de extraño sabor.

Quizá era por la anormal cantidad de dulces que Murasakibara comía a diario, pero esta clase de fluidos no tenían mal sabor en absoluto, o al azabache no le molestaba en lo más mínimo tragarlo casi como si fuera agua, aunque sí le preocupaba que nunca le hubiera disgustado hacer el amor con otro hombre, al contrario. Si bien a Atsushi le quería y solían hacerlo bastante a menudo -¿para qué evitarlo si se sentía mejor que cualquier otra cosa?-, su cuerpo no era el de una mujer, por tanto el orificio usado para esto era bastante más sensible que el femenino en sí. Y a pesar de ello, sabía que nunca se iba a negar si se lo pedía, aunque la mayoría de las veces era él mismo quien tomaba la iniciativa, impaciente por sentirle temblar en su más profundo interior, ¿debería empezar a preocuparse de verdad o simplemente lo debería llamar amor?

— Mu-murochin... vas muy leento...

Ante esa pequeña queja, el pelinegro soltó el aire en un profundo suspiro y avanzó, tragando poco a poco todo lo que podía, acomodando la lengua alrededor del músculo para poder moverla con algo de libertad y escuchando los jadeos del otro durante el proceso. Por esa voz merecía la pena cualquier esfuerzo.
Una mano se quedó en la base comenzando a masturbarle, mientras que su boca seguía el ritmo de sus movimientos, así empezó de manera lenta y acabó alternando el ritmo, a veces más lento, a veces más rápido, luego volvía a ralentizarlo o incluso llegaba a detenerse. Él mismo se excitaba sintiendo tan importante músculo palpitar en el interior de su boca, saboreándolo en cada momento como si se tratara del mejor de los dulces... aunque esto le gustaba mucho más que cualquier dulce que se vendiera en tiendas.
Sonrió cuando unos gigantescos dedos sujetaron varios de sus mechones, llegando a tirar de ellos; alzó la mirada para poder ver al culpable gemir... oh, aquélla sí que era una magnífica vista, de esas imágenes que se graban a fuego en la mente y se niegan a salir de ella. Una mano sobre su oscuro cabello y la otra se mantenía frente a su boca, a veces llegando a morderse algún dedo intentando controlar los espasmos que recorrían su cuerpo, la lengua de Himuro le provocaba irrefrenables escalofríos.

"Está por venirse, ¿cierto?", pensó de manera acertada apurando el ritmo de sus movimientos, cerró los ojos concentrándose en lo que hacía. No le tomó mucho tiempo sentir su boca llenarse de la sustancia que quería probar una vez más, se separó lentamente con más de una gota cayendo por sus labios, detalle que no le podría importar menos. Miró de frente al otro sonriendo, el sonoro GLUP se dejó oír y los ojos de Murasakibara se abrieron sorprendidos.

— Muro-chin... es imposible que eso esté bueno...

— A mí me gusta bastante. — le dijo lamiendo las últimas gotas de sus labios, una pena que se hubiera acabado.

Sintió el calor emanar de sus mejillas con el siguiente movimiento del pelimorado, había apartado su flequillo para dejar en su frente uno de esos besos tan cálidos y dulces, esos que le arrancaban los suspiros.

— ¿Qué debo hacer? —murmuró— No es suficiente...

— Ya lo veo. — agachó la mirada descubriendo para su deleite personal que ese preciado músculo estaba reaccionando de nuevo ante él.

"No te dejaré salir de la habitación esta noche, Atsushi", rió un poco mientras se acercaba, juraría ante cualquier letrado que sus intenciones no eran puras.
Dejó una mano en su abdomen -ésta sería su soporte-, pero sobre la ropa pues el otro aún llevaba su uniforme. Y la otra había vuelto a sujetar su erección, jadeó, estaba casi tan dura y caliente como la anterior. Se mordió el labio inferior mientras se acomodaba en aquella posición, le dio un rápido beso antes de dejarse caer, logrando que a ritmo lento pero constante ese imponente visitante fuera entrando en él.

— Aaahhh...— un sincero gemido que hizo eco por toda la habitación se dejó oír. Prueba de que toda célula en su cuerpo había reaccionado al ansiado contacto entre ambos, "está todo dentro...", echó hacia atrás la cabeza dejando que su voz trepara por su garganta, convirtiéndose en una jadeante sinfonía que se mezclaba con su agitada respiración.

Pudo sentir los brazos de Murasakibara rodearle, pegándole por completo a él; esta vez fue su aroma quien nubló su mente, ya no sólo era tener su miembro quemándole desde el interior, sino también su lengua jugando por su oreja y sus fuertes brazos impidiendo que de alguna forma se alejara de donde estaba.

— Aat-ttsushiii...— con sus temblorosos dedos tanteó el rostro del otro casi a ciegas, debido a las lágrimas que se empezaban a arremolinar en sus ojos, y sonriendo al toparse con sus labios. En medio del beso se acomodó buscando una posición donde él también pudiera moverse; no pensaba dejarle al otro todo el trabajo.

Una fuerte sacudida recorrió su cuerpo cuando alzó y bajó sus caderas, la sensación se repitió con la 2ª vez y gimió casi en un grito cuando las manos del pelimorado le guiaron en la tercera. Se aferró a su cuello ya arrodillado sobre su regazo, subiendo y bajando al ritmo que el otro le dictaba con sus manos, ¿pretendía que perdiera la cabeza? Estaba ya a punto de lograrlo, no podía parar de gemir con cada movimiento que hiciera por su piel, ya fueran besos, mordiscos o simples caricias, todo acababa en lo mismo.

— Muro-chiin...— jadeó cerca de su oído, ocasionándole un involuntario suspiro acompañado de un escalofrío— Sigue sin ser suficiente... quiero más de Muro-chin, quiero todo de Muro-chin... ¿qué hago...?

Himuro se estremeció, esa voz tan grave y excitada mezclada con las certeras estocadas a sus caderas se iban volviendo un cúmulo de sensaciones cada vez más difíciles de asimilar, de hecho, ahora mismo le costaba horrores formar una frase coherente en su cabeza, a duras penas logró formular un simple pensamiento: "estás celoso".
Sin quererlo sonrió aferrándose por completo a él, sospechaba que Murasakibara ahora pudiera oír los alocados latidos de su corazón, parecía que las mariposas de su estómago habían emigrado hasta su pecho, golpeando sus costillas y pulmones hasta el punto de robarle el aliento.

— A-atsushii...— apenas consiguió llamarle, apoyando su frente en la suya para poder mirar sus ojos, ¿debía verse tan irresistible ahora? Con sólo ver ese excitado rostro estuvo cerca de alcanzar el orgasmo, era preocupante— Es-está bie-en...

Volvió a retorcerse mordiéndose el labio, en los planes del otro no estaban el detenerse o el bajar el ritmo ni siquiera por un momento, le resultaba más que complicado expresarse de manera correcta ahora, ¿cómo lograría entenderle?

— A Muro-chin le cuesta hablar ahora...— rió relamiéndose los labios, con varios mechones de su largo cabello cayendo por su cara; era Himuro el encargado de retirarlos y echarlos hacia atrás, dejando totalmente despejado su rostro.

— V-ven... — suspiró, ahora podía verle sin el menor de los problemas— Haz lo que quieras c-conmigo hasta acabar satisfecho, ¿d-de acuerdo?


-----


Ojalá hubiera pensado mejor esas palabras, porque abrió los ojos ya bien entrada la mañana y con un punzante dolor golpeando la parte baja de su cuerpo, ¡cuánto agradeció que hoy fuera sábado y no hubiera entrenamiento! En estos momentos le resultaría imposible realizar el tiro más sencillo, incluso correr mientras botaba el balón le parecía una utopía.
"Es aterrador, no encuentra el límite...", pensó girando en la cama muy despacito hasta poder alzar la cabeza. Miró de un lado a otro buscando a quién faltaba, lo encontró sentado en el suelo rodeado de envoltorios vacíos y demás paquetes de chucherías, ¿cuánto tiempo llevaba despierto?

— Atsushi, buenos días. — le saludó en medio de un bostezo mientras lograba incorporarse en el colchón.

— Llevas mucho rato durmiendo, ¿estás bien? — preguntó apretando en su mano una caja de dulces bombones preparados por alguna estudiante de Yosen.

— Sí, sólo estoy cansado...— respondió acomodándose el cabello, se movió lo suficiente hasta acabar sentado al borde de la cama, con sus pies cayendo hacia el suelo— No me has dejado ni un solo bombón... y se supone que eran míos. — suspiró— Atsushi, ¿me estás escuchando?

— Quiero aplastar todo esto.

"En efecto no me estaba escuchando", pensó poniéndose en pie, ignoró el dolor en sus caderas y caminó sin poder apurarse mucho hasta uno de sus mueblitos en la habitación, rebuscando entre sus cajones.

— ¿Acaso te queda algo más por destrozar? — preguntó con notable sarcasmo, Murasakibara continuaba golpeando las cajas que estaban cerca de su mano derecha, con su puño no le resultaba difícil convertir los bombones en papilla de cacao.

— Es molesto. — murmuró viendo el chocolate manchando sus dedos, lo limpiaba con una servilleta, manteniendo esa mirada de desagrado dirigida a los dulces.

— Atsushi. — el azabache se acuclilló frente a él tendiendo su mano con una cajita lila en ella— Es para ti.

— ¿De Muro-chin? — preguntó abriendo la caja, cogiendo el primer bombón.

— Así es.

— Es amargo. — dijo mordisqueando unos pocos más, todos a la vez para captar mejor el sabor— Sin duda es el chocolate de Muro-chin. — sonrió relamiendo sus labios.

— Es bueno que te guste... supongo. — se alzó de hombros poniéndose en pie, dio los primeros pasos de regreso a la cama cuando un agarre en su brazo le impidió seguir andando, bajó la vista viendo la mano del pelimorado sujetándole— ¿Atsushi?

— ¿Significa esto que Muro-chin me quiere?

El azabache se sonrojó un poco girándose hacia él, se agachó descubriendo entonces que su rostro, bajo el cabello que lo cubría, estaba sonrojado, "así que los dos estamos avergonzados, ¿eh?", pensó divertido.

— Muro-chin quiere mucho a Atsushi. — le susurró besando su mejilla.

— Ya... ya lo sabía. — murmuró girando el rostro, sujetando la cajita de bombones entre sus dedos e intentando que no se cayera, ¿en qué momento había comenzado a temblar? Tenía el consuelo de que Himuro también temblaba, pudo notar su tambaleo al tenerse en pie— Ah, Muro-chin... la práctica ha sido adelantada para hoy, ya que ayer no entrenamos, me lo dijeron los sempais ant-

— No voy a ir. — interrumpía dejándose caer en la cama, disfrutando de la sensación de tener un colchón bajo el pecho— Más concretamente: no puedo ir -por tu culpa.

— Umh. — el otro asintió volviendo a comer otro bombón.

— Deberías disculparte ahora.

— Ah... lo siento.

— No sabes siquiera por qué quiero que te disculpes, ¿verdad? — le miró de reojo con su cabeza apoyada en la almohada.

— No.

— Podrías al menos fingir que te importa.

— Oh... entonces me importa.

— Olvídalo y ven a abrazarme.

— ¿Puedo comerme ahí tus bombones?

— Haz lo que quieras, —suspiró— pero no tardes en venir, tengo frío y quiero un abrazo.

Murasakibara se puso en pie y con la cajita lila aún en su mano se acomodó boca-arriba en la cama, sonrió con el azabache acostándose sobre él, cubriéndolos a ambos con la sábana.

— Umh...— le miró de reojo mordisqueando uno de sus chocolates, pese a ser los más amargos eran los que más le gustaban— Feliz San Valentín, Muro-chin.

— Feliz San Valentín a ti también, Atsushi. — murmuró ya medio dormido bien acomodado en su pecho.
Podía afirmar con toda seguridad que no pensaba moverse de allí en todo el día.
------------------------  

Derechos reservados para el forum [MundoYaoi] y su respectivo escritor(a)=Yaoi-Life!

MY JEALOUS KYANDI!Stories to obsess over. Discover now