Capítulo Único.

30 3 0
                                        


Se despertó en el campo.

Soñando despierta sobre su pasado, pensando en él. Constantemente, se escapa de la realidad recordando el tiempo que habían pasado juntos. Aún después de cinco años, no podía olvidarlo, sentía como si una parte de su alma desapareciera con cada segundo sin él.

Debía volver a la realidad para ocuparse de ciertos asuntos.

Physel recogió su cabello, estaba manchado de un extraño tinte rojizo en las puntas. Siempre terminaba ensuciándose al hacer vino, su vestido también había corrido la misma suerte pero trabajar en lo que su esposo había amado era lo único que calma sus recuerdos. Por breves instante, estaba enfocada, tenía una dirección, un camino a seguir que no la conducirá a ningún lugar pero le mantendría apartada, de las memorias que a su mente le gustaba tanto revivir.

De alguna forma, las disfrutaba, se sentía cerca de él nuevamente, como si el tiempo no hubiera pasado... Sobre todo con aquellas que revivían momentos felices aunque muy de vez en cuando aparecían las pesadillas, que la consumían durante todo el día, dejándola adormecida, sin ningún rastro de vida.

Le habría encantado soñar con su amado durante la noche pero los recuerdos solo venían durante el día.

Physel contempló por largo rato el viñedo que se expandía ante ella, había trabajado duro para sacarlo adelante, era lo que traía comida a su casa y a la de sus tías. Todo lo que él había dejado, no permitiría que muriera.

A veces se preguntaba si lo que estaba haciendo era una locura ¿Podría ella sacar adelante el viñedo de Aldrich? Era aterrador, pero allí estaba la prueba de que podía hacerlo.

Lo había conocido siendo apenas una jovencita.

Descendió en dirección contraria al viñedo.

Había sido amor a primera vista. Desde el momento que lo vio, supo que iba a pasar el resto de su vida con él pero la vida tuvo otros planes para ella.

Esa tarde de hacía diez años estaba guardada en su memoria, como un tesoro invaluable, su recuerdo era tan vivo que sentía que podía tocarlo, transportarse a ese momento donde la felicidad estaba presente.

Dónde no había muerte y dónde habitaba la felicidad de un tiempo remoto que se había perdido a pesar de que ella no quisiera aceptarlo.

Las personas le decían que el tiempo lo curaba todo, sólo perdía mas el juicio con cada día sin Aldrich.

Su vida había comenzado gracias una fiesta de té.

Se encontraba en la misma sala dónde sin saberlo, pediría su mano en matrimonio solo unas semanas más tarde. Iba con su vestido azul que resaltaba sus ojos lapislázuli. Sus tías también se encontraban a su lado intentando presentarla como institutriz, cuando no había ningún niño en esa casa, ni razón para fingir sus verdaderas intenciones.

--¿Cómo voy a ser una institutriz en la mansión de la Sra. Wright si no hay ningún niño?-le pregunté a tía Clara cuando íbamos de camino-.

--Es sólo una excusa para ir y conocer al nieto—respondió la misma pellizcando mis mejillas-. Te encuentras muy pálida querida, tendrías que haberte colocado un poco más de color.

--¡No sigas Clara!—protestó tía Sofía. Ahora tiene la nariz mucho más roja. De esa manera, no causará una buena impresión.

--Tengo un poco de frio—confesé—Intentando esquivar un charco de lodo.

El camino hacia el viñedo era solamente de dos kilómetros y no podíamos costearnos un carruaje. Vivíamos en una pequeña cabaña dentro de la propiedad de los Wright, Tía Clara la había conseguido a un buen precio pero sobre todo la Sra. Wright se comportaba como un ángel en lo referente a mi familia, como podía nos ayudaba y estaba segura que nos había dejado la cabaña para que le hiciésemos compañía.

PhyselStories to obsess over. Discover now