(Deberías escuchar alguna canción leyendo esto. Es más reconfortante.)
Enamorarse es una de las cosas más bonitas que existen cuando es mutuo.
Creo que poder vivír eso y sentirlo, es precioso y terrible.
Precioso porque encuentras a alguien que te llena, que te da lo que necesitas. Que te ayuda, que te quiere, que te apoya.
Llega una persona que te lo cambia todo y te mueve el mundo como quiere, pero sinceramente, desearía no volver a vivír eso hasta que encontrase a esa persona que de verdad me de el poder de enamorarme y no dejar de hacerlo nunca hasta que todo llegue al final de nuestra vida. E aquí, la parte terrible de enamorarse.
Siempre he soñado con ser la protagonista de esas películas románticas en las que suelen ocurrir tantas cosas bonitas.
De esas películas en las que viene el otro complemento de la historia y te abraza por detrás, te coge, te busca, te enseña, te ayuda, te quiere.
Pensar que eso no lo he tenido ni de la persona de la que estuve enamorada, es difícil de llevar.
Creo que si mis sueños se hicieran realidad, sería la persona más feliz del mundo, porque ahí es donde vivo y siento las cosas que nunca podré sentir y vivir.
Sinceramente, soy un mundo por dentro y otro por fuera.
Y es que no tienen nada que ver.
Solo decir, que las pocas personas que me han dejado enseñarle mi interior son las que a día de hoy siguen a mi lado.
Y supongo que gracias, por no juzgarme nunca y por quererme y valorar todo lo que hago.
Tengo esperanzas de recibir algún día la mitad de lo que yo suelo dar. Tengo esperanzas de encontrar a esa persona que me haga vivir en un película y esperanzas en saber lo que es que alguien te haga la persona más feliz del mundo.
