Prólogo (I)

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Aquella noche prometía. Habían quedado todos los primos para salir: una noche alejados del control paterno, algo que rara vez ocurría. La primera en estar lista para salir fue Amy, quien nunca había escondido su pasión por la juerga. La segunda en bajar fue Valentina, quien llevaba un vestido hasta la rodilla y casi sin escote, a lo que Amy enarcó una ceja, como si aquel atuendo no le pareciese adecuado. Sí es verdad que ella llevaba una vestimenta mucho más atrevida. Se trataba de un top rojo palabra de honor y unos shorts negros de imitación cuero. Lo había completado con unos tacones de aguja negros. La tercera en aparecer fue Patricia, la más joven del grupo, con un vestido hasta encima de las rodillas, con vuelo y la espalda al descubierto. Era la más joven, y, además, por su maquillaje, aparentaba aun menos edad. Por último, apareció el único chico del grupo, Andrés, en camisa y pitillos. Se encontrarían con las demás en el bar. El trayecto en coche era corto, pero durante el cual Valentina aprovechó para deshacerse del recatado vestido que llevaba y mostrar lo que tenía debajo: un vestido corto, de tirantes, azul y con lentejuelas, que le llegaba a tapar la ropa interior casi de milagro.

-Eso ya me parece más acorde contigo, Valen. -comentó Amy, que había dejado de ser la más provocativa del grupo.

Patricia observaba la escena sorprendida. Para ella, su hermana había sido siempre un ejemplo de la perfección: era adorada por sus padres, una estudiante perfecta y nunca había llevado chicos a casa, pero tenía la sensación de que todo aquello era solo una fachada de cara a sus padres para mantener la generosa asignación mensual que recibía.

-Ey, Patri, de esto nada a papá y mamá, ¿me has entendido? -dijo Valen, guardando el vestido que se había quitado en el maletero del Volkswagen Polo de Andrés. Patri asintió, estupefacta.

-Por cierto, ¿no os importará que me despiste un rato, verdad? -volvió a decir, mirando su móvil.

-Has quedado con Alejandro, ¿no es así? Claro que no, primita, todo en nombre del amor. -ironizó Andrés, quien ya había mostrado en otras ocasiones su desagrado respecto a la relación de su prima con un hombre quince años mayor que ella.

-¡Qué va! No te preocupes, Valen. Guardaremos el secreto. -dijo Amy. -Amanda, Clara y Elena ya están allí. Dicen que se irán pronto: Clara mañana trabaja y Elena tiene a la niña con fiebre.

Elena era la única de los primos que se había reproducido, era, además, la más mayor, seguida por Clara, que hacía poco había roto con su novio, y por su hermana, Amanda, que pese a la devoción que mostraba por su sobrina, renegaba de cualquier compromiso o relación. Por orden de edad, la siguiente era Valentina, luego iba Andrés, un año más tarde e hijo único hasta el momento, ya que su padre se había vuelto a casar; apenas un par de meses por detrás estaba Amy, y los dos habían ido juntos al colegio, incluso compartiendo amigos. Por último estaba Patricia, la más joven del grupo, la única menor de edad y con diferencia la más inocente, contrastando con su hermana, quien pese a haber recibido la misma educación en un colegio exclusivamente femenino nunca había tenido ningún problema en relacionarse con el sexo opuesto.

El bar al que se dirigían era un cruce entre bar al uso y discoteca, en el que no pondrían ningún problema para dejar pasar a Patri, quien había insistido que si querían ir a una discoteca ella podría quedarse en casa, a lo que su prima Amy se había opuesto rotundamente; pues según ella, aquella noche era para enseñarle a Patri el mundo real.

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⏰ Última actualización: Apr 19, 2016 ⏰

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