El silencio se rompió con una dulce voz y una melodía que inundo la habitación al abrir la puerta.
El joven de unos veinte años se quedó en la puerta observando la escena, era como un cuadro, una perfecta foto de lo que representa la paz, la tranquilidad, el amor y el cariño, lamentablemente totalmente discordante a la realidad.
El sol del atardecer que entraba por la ventana daba un color cálido a la habitación, una mujer con un vestido blanco ceñido debajo del busto con una cinta dorada tomaba en brazos una niña de unos dos años que poco a poco se dormía, la voz de la mujer era como un dulce somnífero que te hace caer en la brazos de Morfeo, al propio joven le transmitían un cariño que hacía que se adormeciera.
Habían pasado ya casi tres años desde que estaban allí, ella había cambiado, ahora tenía un pelo largo que casi le llegaba a la cintura, caía como una cascada, aquellos rayos dorados que entraban por la ventana transformaban su pelo castaño en un dorado resplandeciente, el joven ya casi había olvidado quien era realmente ella, su aspecto había cambiado, el brillo de sus ojos al ver a su hija era único, cuando la conoció le pareció muy seria y exigente, en cambio durante su estancia en aquel lugar había visto otras facetas que jamás habría imaginado, su vestimenta, su carácter, su ser en sí habían vuelto, según había oído, a como era cuando vivía allí, admiraba a aquella como a pocos, ella le había enseñado muchas cosas, era su mentora y en muchas ocasiones la creía como una hermana mayor/madre.
La mujer dejó con mucha delicadeza a la niña en la cama, todavía cantaba, mientras se sentó en la silla que estaba al lado, después de terminar aquella melodía se llevó las manos a al nuca y tras desabrochar lo que tenía en el cuello se acercó a la cama y lo depositó entre las manos de la dormida, y como un susurro apenas audible, sólo por la niña dijo «tuyo es mi corazón hasta la eternidad» le dio un beso en la frente y se dirigió a la puerta.
Allí, el joven se había apartado para dejarla pasar, antes de cerrar la puerta ella se asomó dirigiendo su mirada a la cuna de la niña, una pequeña lágrima corrió por su mejilla izquierda y está la apartó sin que el joven se percatase, después de cerrar la puerta se dirigió al joven que se había movido hasta quedar a la izquierda de la puerta. Él se acercó
- ya han llegado - dijo - están esperando en el despacho, el resto están fuera, en los alrededores.
- toma - dijo entregándole una llave antigua, la de la puerta que acababan de cerrar - cuando yo me vaya, quiero que entres, cierres la puerta y esperes, tienes tu arma? - él asintió - no abras a nadie, ni siquiera a mi antes de las doce, entendido?
- señora, creo que sería mejor que os acompañará, así podría protegeros y- ella lo corto
- aquí vas a proteger lo más valioso, mi corazón - dijo mirando la puerta - mi hija, prometerme que la protegerás bajo cualquier circunstancia , promete lo - pidió rogante
- con mi vida - dijo bajando la cabeza
- si pasase algo, - los ojos del joven se abrieron pero cuando el iba a decir algo ella lo corto - si pasase algo - repitió dándole un bolso de color marrón - te llevarás a la niña, aquí están pasaportes, dinero, algo de ropa, la llave del hangar del helicóptero y cinco cartas, una es para ti, en ella de indicó lo que debes hacer. No creo que pase nada pero me siento más tranquila si se que todo está bajo control.
- claro, entonces nos vemos luego - dijo tranquilamente
- si, hasta luego - contesto ella mostrándole una sonrisa
Ella avanzó y paso por su lado, el joven pudo observar como su mirada cambia tras marcharse, se quedo observando un buen rato el lugar por donde había desaparecido, después de un rato entro en la habitación y cerro la puerta con la llave, dejo en bolso encima de la silla y se sentó en el suelo junto a la ventana, los últimos rayos de soy alumbraban todavía las paredes, sin darse cuenta se durmió.
