Era maravillosa la vista que tenía en ese momento, lo miraba con mucha discreción mientras él miraba hacia el piso y el viento travieso se deslizaba y jugaba con su cabello castaño y largo que cubría parte de su rostro, su melancólico rostro pálido y de piel lisa sin ningún defecto, no parecía tener ninguna expresión falsa, eso lo hacia tertiblente atractivo. Sus labios gruesos y provocativos nunca me habían dirigido ninguna palabra y en realidad deseaba que lo hicieran, sus ojos se encontraban ocultos detrás de sus cabellos y no tenia ni idea de cuál era su color y como brillaban.
Yo me encontraba sentada en frente de él y parecía que nunca lo notaba, pero no solo pasaba eso conmigo. En la cuadra de la calle 17 hay un montón de jóvenes que salen para liberarse de sus casas y convivir con los demás, y de verdad era el perfecto lugar para hacerlo. No transitaba ningún auto y la gente no andaba por allí por temor a ser asaltados y ser víctimas de algun crimen, lo cual era absurdo, pero era bueno que pensaran eso, nadie podía vigilar lo que hacíamos o no las noches que nos reuníamos.
El nombre de ese chico era Eduardo Montaño y vivía cerca de la calle, por eso siempre estaba en el mismo lugar todas las tardes y las noches. Se encontraba solo sentado en la banqueta, parecía que estaba esperando a alguien, y sabia que era así. Muchos dicen que la muchacha con quien siempre es visto es su novia, otros dicen que son amigos cercanos y era difícil saberlo porque nunca se separaban, él solo reía y hablaba con ella y con sus otros amigos, todos varones, ella era la única chica que tenia el privilegio de estar cerca de su persona. Y yo la envidiaba. Yo no era muy conocida por todos, él sí, parecía que su perfecto físico le ayudaba mucho en ese sentido y yo no era la única que tenia la curiosidad de conocerlo y no me quedaría con las ganas.
No tenía ni idea de lo que debía hacer para que Eduardo me pusiera atención, no sabia lo que le tenía que decir o como tener una pequeña conversación con ese seductor joven callado.
—¿estas bien? —pregunto mi vieja amiga Vanessa, con quien siempre me reunía en esa cuadra. —Desde que llegamos estas muy callada mirando en frente, no me haces caso, ingrata.
—¿cuándo será el día en que él me mire?— voltee a verla fijo y después mordí un poco mi labio.
—¿porqué no le hablas tú? Parece que sólo de esa forma se dará cuenta de que existes —tomó un sorbo de su jugo de arándano y puso un mechón de cabello rebelde detrás de su oreja.
—¿tú crees? No lo hago por miedo a que me ignore, me daría un ataque de nervios si me manda por un tubo. —en ese instante solté mi cabello y lo esponje un poco para darle cuerpo, me levante y me acomode la blusa.
—¿a dónde vas, Diane?— dijo con un tono altanero y después soltó un risa.
—a hablarle, de verdad me gustaría saber cuál es la razón de su apariencia tan oscura y su objetivo con eso, quiero ser su amiga.
—pues suerte —dijo casi escupiendo el sarcasmo. —, aunque él chico no se ve tan amigable.
—no importa...vuelvo en un rato.
Me dirigí hacía él lentamente y aun no se daba cuenta, esa indiferencia me causaba algo de inseguridad pero aun así pude llegar hasta donde él y me senté a su lado.
—hola ¿porqué tan callado?
—hola...no soy callado —me volto a ver y me sonrió algo indiferente.
—no, claro que no... —hice notar mi sarcasmo.
—¿cómo te llamas? —hizo un movimiento con su cabeza para descubrir sus ojos que me dejaron afónica, eran hermosos.
—Dianella, dime Diane. —le dedique una sonrisa muy natural y después me senté a su lado.
—pues, Diane, siempre te veo a ti y a tu amiga rubia, siempre pasan en frente de mi y siempre me miran de frente y aun así nunca, ninguna de las dos, me ha hablado. —me vio divertido.
—no lo hacíamos porque no mostrabas interés.
—siempre, desde que llegaste aquí, me ha interesado ver tus ojos verdes, son muy lindos.
Bajé la mirada sonrojada y de inmediato volteé a verlo a él, no podía creer lo que estaba diciendo y por esa razón hice notar una indiferencia ante ese comentario.
—debiste haber hablado tú primero, no yo.— le di un pequeño golpe en el hombro.
—no es así, pero ya lo hiciste...
—sip, entonces... ¿Eduardo?
—ese es mi nombre ¿cómo lo sabes? —fruncio el seño y después sonrió.
—iré a caminar —me levanté rápido y sacudí mi paltalon —¿vienes?
—pues claro, aguarda... —saco su celular de la bolsa de su pantalón y supe que mandaba un texto por el sonido que producía el aparato.
—vamos ya.
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Nothing And Everything
RomanceÉl parecía una persona normal a simple vista y no sé porque tenía la curiosidad de conocerlo...pero no así. Yo quería saber como ganarme su amistad, como tratar con alguien que tiene apariencia oscura y sin vida, y ahora estoy atada a su cama sin ni...
