Los veranos en Swanpert, un reino en decadencia, eran tranquilos y apacibles. Junether Staton, hija única del Rey Thaleo I dedicaba todas las mañanas a observar la extensión de los dominios de su padre, día tras día entristeciéndose por cómo se marchitaba. Recordaba que cuando era niña, el color verde predominaba sobre todas las cosas. Que cuando inhalaba el olor del bosque le inundaba las entrañas, y que sus oídos percibían las voces alegres de su gente. Ahora no escuchaba sonido alguno, y el verde parecía un color fantasma. Después de años de recesión la gente parecía trasladarse al reino vecino, Rodflame.
El castillo donde vivían ella junto con su familia estaba construido del mármol aperlado más bello que jamás se había visto. Pero para ella su hermosura ya no tenía sentido, ¿qué era un reino sin su gente? ¿Qué era un rey sin poder? ¿Quién sería ella en un sitio desolado? Junether había sabido desde niña que la vida que tenía no le pertenecía a ella, y que en algún momento de su vida sería usada como peón de su padre para mejorar su posición en el juego. Aún y todo, ella amaba a su padre. Mientras que su madre le reprendía por tener un comportamiento inadecuado, su padre le defendía argumentando que June sería una reina, y que ellas se daban el lujo de hacer lo que les viniese en gana.
Fue el verano más triste del mundo cuando June se enteró de la terrible enfermedad de su padre, y durante días enteros se dedicó a cabalgar, como si aquello la alejase de sus problemas. Sin amigos con quien tratar, aunado a sus cabalgatas, pidió a su padre un instructor que la guiara en el arte de la guerra y del combate. Las primeras semanas habían sido terribles, y el mal humor del que era poseedora se mostraba de un modo más continuo. No se limitaba a mantenerse en un pequeño capullo dentro de ella, sino que arrasaba con quien se le pusiera enfrente. Al menos así les parecía a los demás.
Pero la realidad que acontecía por las noches era totalmente diferente. Lo primero que hacía cada noche era salir a observar las estrellas, y conforme la caída de Swanpert avanzaba a ella le parecía que los astros se alejaban. Maldecía a los Dioses Viejos y Nuevos, y mientras lloraba sus lágrimas clamaban a gritos por un milagro, por una manifestación del gran poder del que le habían enseñado eran poseedores.
Sus súplicas se vieron respondidas un día de viento. Las nubes se arremolinaban en el cielo y por algún motivo su entrenador creyó que era un día idóneo para practicar sus habilidades tirando cuchillos. Cada vez que lanzaba uno, se detenía a inhalar y exhalar cuatro veces, calculando la fuerza con la que tendría que hacer el lanzamiento, además de la inclinación que le daría a su mano. Apretaba los dientes, frustrada al fallar los tiros. Pero volvía a intentarlo uno y otra vez.
Sus padres observaban aquel espectáculo a lo lejos. La Reina Hadreena portaba una mueca de desaprobación absoluta, y Thaleo aunque quería no podía ignorarla. Sus figuras contrastaban, pues ella se mantenía firme y erguida. Él, con el rostro pálido, necesitaba que lo llevasen de un lado a otro en la silla de la que nunca se despegaba desde el día que se supo enfermo. Hadreena y Junether eran demasiado parecidas. Aunque las facciones de ambas podían revelar la más diáfana de las ternuras, poseían una dureza que halaba la piel. Si June hubiese sido un poco mayor, incluso podrían haber pasado por hermanas. Pero la ligereza de sus movimientos, la libertad que poseían venían todo de su padre, al igual que la determinación y el cristal por el cual hacían atravesar al mundo para observarlo.
El Rey nunca se había detenido en pensar en lo mucho que amaba a su primogénita, y lo mucho que lamentaba no poder darle a elegir la vida que quería. Pocas veces se detenía a admirarle en medio de sus prácticas, y esa tarde al fin lo comprendió. Hadreena había detectado aquel pensamiento con apenas mirarle, y en un tono que voz que combinaba a la perfección con la dureza en su rostro le instó:
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Catexia
FantasyJunether Staton ha sabido desde niña que la vida que tenía no le pertenece a ella, y que en algún momento de su vida será usada como peón de su padre para mejorar su posición en el juego. Cuando el momento llega, la realidad cae sobre ella: Swanper...
