Retrato

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Mi infancia son recuerdos de una vieja televisión,

y un patio claro donde crecen hermosas plantas;

mi juventud, tantos años en tierras de Andalucía;

mi historia, algunos casos que sigo atormentando.


Ni un seductor Juan, ni un Quevedo he sido

-ya conocéis mi torpe actitud-,

más recibí la flecha que me asignó Cupido,

y amé a cuanto ellas puedan tener los pobres.


Hay en mis venas gotas de sangre negativa,

pero en mi verso brota de lago sincero;

y, más que en un hombre al uso que sabe su vida,

soy, en el sentido de la palabra, raro.


Desdeño las exhibiciones

y el coro de las voces graves.

a distinguir me paro las enseñanzas de los gritos,

y escucho solamente, los gritos, entre todo.


Converso con una voz

-quien habla solo espera a su consciencia-;

mi soliloquio es plática con ese elemento

que me enseñó el camino hacia lo cierto.


Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he hecho.

A mi deber acudo, con mi existencia pago el terno oscuro que me halla y la superficie que coexiste,

el sustento que me alimenta y el catre en donde descanso.


Y cuando llegue el día del último periplo,

y esté al partir del tren que nunca tomé,

me encontraréis en la nada,

casi despedazado, como una de las estrellas que desaparecen por el firmamento.

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⏰ Última actualización: Mar 31, 2016 ⏰

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