Mi infancia son recuerdos de una vieja televisión,
y un patio claro donde crecen hermosas plantas;
mi juventud, tantos años en tierras de Andalucía;
mi historia, algunos casos que sigo atormentando.
Ni un seductor Juan, ni un Quevedo he sido
-ya conocéis mi torpe actitud-,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé a cuanto ellas puedan tener los pobres.
Hay en mis venas gotas de sangre negativa,
pero en mi verso brota de lago sincero;
y, más que en un hombre al uso que sabe su vida,
soy, en el sentido de la palabra, raro.
Desdeño las exhibiciones
y el coro de las voces graves.
a distinguir me paro las enseñanzas de los gritos,
y escucho solamente, los gritos, entre todo.
Converso con una voz
-quien habla solo espera a su consciencia-;
mi soliloquio es plática con ese elemento
que me enseñó el camino hacia lo cierto.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he hecho.
A mi deber acudo, con mi existencia pago el terno oscuro que me halla y la superficie que coexiste,
el sustento que me alimenta y el catre en donde descanso.
Y cuando llegue el día del último periplo,
y esté al partir del tren que nunca tomé,
me encontraréis en la nada,
casi despedazado, como una de las estrellas que desaparecen por el firmamento.
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Retrato
PoesíaHe de decir que es no es una copia del famoso poema de Antonio Machado. Es solamente un poema que hice en clase de Lengua, pero cambié algunas palabras de todos los versos.
