Recuerdos

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Pequeños fragmentos de cordura perduraban en su mente. Como un susurro sus lagrimas caían, dejando ver el lado más aterrador de su apariencia. Su aspecto deplorable y nostálgico recordaban a aquella familia pobre que antaño vivía a las afueras del pueblo y que persistía gracias a la caridad de su gente. Su mas remoto sentimiento de unión a este mundo acaba de desaparecer, ante sus ojos. La muerte se lo había llevado para dar lugar a nueva vida. Como un esclavo de la ira, echó a correr. Camillas y mesas llenas de aparatos médicos caían a su paso, sonidos de cristales rotos inundaban el silencio de las habitaciones circundantes. Los allí asistentes quedaron mudos ante tal arrebato de furia.

Sentado en un húmedo rincón de la avenida más cercana yacía el hombre roto, sin alma, carente de vida. Su mirada, centrada hacia ningún lado concreto, con las luces de los automóviles centelleantes en su retina, solo mostraba vacío. Párpados medio caídos, profundas arrugas cruzándole el rostro, marcas rojas de dolor real. No tardarían en encontrarle. Con sus cortas piernas deterioradas por la edad apenas podría haber recorrido una distancia considerable como para darse por perdido. Rechazando todo gesto de comprensión, trató de escapar de su propia consciencia. Las heridas en su interior se abrieron y rompieron en pedazos todo lo que una vez había sido él. Descubriendo lo que él mismo era, adentrándose en su memoria, su corazón quebrado trató de recomponerse a base de recuerdos de juventud, momentos de plenitud, de vida pura. Los recuerdos mas blancos y puros que jamás pudo divisar en las profundidades de su memoria. Acompañados a estos conectaban otros de menor importancia, pero no despreciables. Momentos cotidianos que formaron su existencia, su ser, su personalidad desde bien pequeño. Momentos de felicidad, de tristeza, de errores y correcciones. Estaba volviendo a aprender a vivir. La lucidez del momento conectó con los recuerdos de su adolescencia. Janet. Jamás otro nombre había resonado tanto en el vacío que él mismo había creado. Como si de tinta negra se tratase, un mal sentimiento comenzó a inundar todos los recuerdos. Ahora todos conectaban con una única cosa, Janet. Cristales caían, las uniones se rompían, recuerdos quedaban aislados, memorias rotas, cordura perdida. Janet. La oscuridad lo invadía todo. Más rápida de lo que él mismo podía permitir avanzaba sin detenerse, abarcándolo todo. Janet, Janet. Crecía, saboreaba su miedo. Cielo e infierno se juntaban en un mismo lugar, locura imparable. Caos. Recuerdos corruptos. Janet, Janet, Janet, Janet. Su nombre resonaba en todos rincones, ecos de una voz dulce resonaban, pronunciaban su nombre, repetidas veces, distintos tonos, distintas voces. Aferrándose a los últimos recuerdos que su colapsada mente podía procesar, corría desesperado. La calle terminaba. Gritaba, corría. Sus manos sobre su cabeza parecían intentar arrancar la piel de su rostro a tiras. Temblaban, sudaban. Janet, Janet, Janet, Janet, Janet, Janet. Un puente conectaba las dos localidades cercanas. Apresurado y con paso errante se apresuró a cruzarlo. Necesitaba espacio, necesitaba tiempo. Volvían, ellos y sus recuerdos. Ignorarlos parecía no funcionar. Su cordura mermaba a cada paso. Vacío, silencio, lo único que necesitaba. Cada vez estaban más cerca, rogaban que volviera, que habría tiempo para hablarlo, decían aquellos que le seguían, detenidos al principio del puente. Era demasiado estrecho e inestable para que pudieran cruzarlo varias personas a la vez. Estaba calmado. Estaba furioso. Estaba adolorido. Su cabeza palpitaba. Otra vez, volvían. Rogaba que parasen, no quería que le torturasen más. Su propia oscuridad le ahogaba. No podía pensar con claridad, cualquier pensamiento se volvía negativo. Igual este era el fin de su limitada existencia. Si sus pensamientos no se detenían, tendrían que hacerlo de otra forma. Paseando de la mano, miradas fijas uno frente al otro, ligeras sonrisas que escapaban, sonrojos de inocencia iluminaban su blanca y luminosa piel. No podía, cada vez los recuerdos dolían más. Su peso era mayor que sus propias ganas de vivir. 

Con las pocas fuerzas restantes, se subió al mástil que se alzaba como estructura clave de sujeción del puente. Janet. Estaba consumido por sus propios recuerdos, no podía pensar con claridad, no le quedaba nada por lo que luchar, nada que cuidar, nada que amar. Miraba al cielo, unas pocas estrellas se asomaban esa noche. Una iluminaba más que el resto. Hace mas de 70 años que observaba esas mismas estrellas, tenía bien estudiado esa porción del cielo, incluso le llegó a enseñar algo de astronomía a ella, la cual juró que si algún día la estrella más brillante de esa porción del firmamento llegase a apagarse, aún con el cese de su luz, jamás llegaría a dejar de vivir. Habría existido, habría llegado a formar parte de un todo, pues con su luz daría lugar a nueva vida. 

- Hoy tu luz se ha apagado para siempre. En cambio tu estrella sigue desprendiendo la misma luz que el primer día. Se que estás aquí conmigo, pero no puedo soportarlo. Necesito tu luz. He vivido muchos años, los suficientes para poder decidir que hacer conmigo mismo. Se que no aceptarías lo que estoy haciendo, pero ya me conoces, no he sido nunca bueno siguiendo consejos de nadie. Tengo miedo, sé que lo tengo, siempre lo he tenido, de que llegase hoy y no poder hacer nada. Tú y yo lo sabíamos, pero no estábamos preparados, especialmente yo. No quería aceptar esto, quería reescribir nuestra historia, convertirnos en estrellas. Pero no puedo hacerlo solo. Me gustaría poder sonreír al pronunciar tu nombre, pero no puedo. En su lugar me caen lagrimas, me queman mi desgastada piel. No puedo. No puedo. Quiero convertirme en tu estrella, brillar por siempre, estar a tu lado. No olvidar, recordar cada momento a tu lado. En cambio esos recuerdos se han vuelto irreconocibles. Quiero limpiarlos, Janet, quiero hacerlo, necesito que me ayudes. Te ruego sin siquiera saber que es lo que tu realmente harías en esta situación. Voy a hacerlo, no puedo vivir más con ellos. Me están atormentando. Quiero que sepas que he pasado los mejores años de mi vida a tu lado, no sé de otro modo de haberlos disfrutado más que contigo. Quiero estar a tu lado. No puedes, yo sí. Me invade el miedo, no puedo hacerlo, pero lo voy a hacer. Quiero que seas mi estrella, nos vemos dentro de poco, Janet.

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⏰ Last updated: May 09, 2016 ⏰

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