-¿En serio nos estas llevando de paseo a un cementerio? Y por si fuera poco, ¿nos llevas a un pueblo en lo más profundo del territorio nacional? ¿¡No podía ser a uno cerca de la ciudad!?.- Pregunté, imaginándome toda clase de escenarios. El que más me aterraba era que los habitantes de San Ángel fueran caníbales.
-Los llevo a conocer un pueblo del que salio mucha cultura, presidentes nacieron allí. Ahora bien, sino te callas juro dejarte abandonada ahí, mona fea.- Gruñó mi tío, ¡Me dijo fea! ¡Me dijo mona!
-Mi fealdad es hereditaria, tío.
-Jorge, dile que se cierre la boca por favor.- Rogó mi tío a mi primo, su hijo.
-Cállate Satanás, matarás al viejito.- Mi primo dos años menor hablo desde el asiento de atrás, solo íbamos nosotros tres.
-Me llamo Santana.- Corregí, no tan molesta pues me agradaba que me dieran así, me hacía sentir mala y dura. Cuando en realidad sólo media 1.56, pesaba 85 libras y tenia 17 años. Recién cumplidos.
-¿Prefieres que te sigamos llamando "Pali papa".- Y ambos estallaron en carcajadas. Odiaba que se burlaran de mi peso, a veces lloraba hasta dormirme por todas las cosas hirientes que la gente decía de mi. Más nadie lo sabia.
-¿De qué te burlas? Tu hundes el titanic con esos michelines. De nuevo.
Y ahí acabo la conversación-pelea.
Luego de quince minutos mas de viaje, llegamos.
Y era asqueroso.
-Bien, llegamos.- Nah, ¿En serio?
-¿Y ahora?.- Pregunté, esperando que no tardaramos mucho.
-Iremos a la mina, luego ala iglesia y por último al cementerio.
-Positivismo Santana, tal vez encuentres un novio aquí.- Se burló mi primo, yo solo le saque la lengua.
Comenzamos a subir el Cerro, (altillo, loma, colina, como lo prefieran), con toda la energía del mundo, para que a medio camino por poco y me desmayo por la falta de condición física. Los pobladores no dejaban de reírse de mi.
Cuando por fin llegue (Mi tío y primo ya habían llegado) me senté en un roca.
-¡Que bien, sobreviviste! Ahora vamos de regreso.
-¡¡ACABO DE LLEGAR!!
-Si, pero nosotros llevamos aquí dieciséis minutos más que Tú y ya recorrimos el lugar.
Escuche la risita de mi primo y considere el poder empujarlo desde donde estábamos.
-Los odio.
Por suerte a la mitad del camino convencí a mi primo de que me llevará en su espalda.
Caminamos por las calles empedradas de un pueblo fantasma, no había gente en la calle, no era el típico pueblo donde todos se conocen y hay ferias cada semana, este lugar estaba tan muerto.
Cuando llegamos a la iglesia la encontramos cerrada así que continuamos nuestro camino hasta el cementerio local.
-Recuerdame de nuevo por que te gusta visitar cementerios, tío.
-Me encantan los mausoleos antiguos, tumbas de la época de la colonia, es simplemente enriquecedor.
No se lo discutía, algunos mausoleos eran preciosos, sus detalles y el hecho de que una familia entera estuviese ahí, unida por siempre.
Entramos al cementerio que por cierto era extremadamente grande, para ser un pueblo pequeño mucha gente moría al parecer. Estaba abarrotado de tumbas, no quedaba un lugar más.
-Wow.- Exclamó mi primo, Jorge.
Recorrimos el lugar dirigiéndonos a los mausoleos, me daba un morbo increíble el pensar en que quizá debajo de nosotros había catacumbas.
Me aleje dos metros de mi tío y mi primo para leer un epitafio bastante extraño:
"Para que sirve la sangre sino es para derramarse."
Retrocedí dos pasos y cuando levante la vista todo estaba en completa oscuridad, no era de día, pero no era de noche, no había estrellas ni luna, todo era oscuro.
No podía ver nada, ni mis manos frente a mi.
-¿Me desmaye?.- Pregunté. No sea a que o a quien pero sabía que estaba acompañada.
-No. No te desmayaste.- Hablo alguien tras de mí.
¡ESTABA JUSTAMENTE ATRÁS DE MÍ! Si retrocedía un paso más, chocaria con él.
Trate de mantener la calma, hasta ahora no me había hecho nada, solo contestar mi pregunta.
-Entonces, ¿Qué sucedió conmigo?
-Dejaste de existir.
-¿Morí?
-No, nunca naciste, no existes, nadie te recuerda, ningún registro tiene tu nombre, ni siquiera Dios sabe de ti.
-¿Có-Cómo es eso posible?
-Santana.- Saboreo mi nombre, puso su fría mano en mi hombro desnudo.
Fue cuando me di cuenta de que verdaderamente no tenia ni una tan sola prenda en mi cuerpo. Use mis manos para cubrirme con rapidez, pero quien sea que estaba tras de mi gruño como un animal salvaje.
-Llevo horas observando tu cuerpo desnudo, no necesitas cubrirte ahora.- Continuo.
-¿Qué quieres? ¿Qué hice?.- Lloriquee, tenia miedo, mucho miedo.
-No insiste nada, no te preguntes tanto, querida. No eres alguien especial, ni siquiera lo suficientemente guapa para mí.- Vaya, eso dolió.- Pero eres aceptable, bonita, sumisa, no darás problemas, serás un medio para un fin.
-¿Qué quieres de mi? ¿Qué asesine a alguien? No lo haré, no te sirvo.
-No, quiero que hagas lo único que los humanos hacen bien.
Tengo miedo, estoy molesta y totalmente pérdida.
-Muchacha idiota.- Me volteo con brusquedad, de pronto pude ver algo más que oscuridad. Su rostro, un hombre de quizá 25 años, atractivo, hermoso, no era su belleza lo hechizante, era su esencia, embriagaba. Acercó sus labios a mi oído y susurro muy despacio.- Voy a follarte.
Sus palabras se repitieron en mi mente una y otra vez, me sonrió maliciosamente y luego me mordió, enviandome a la oscuridad.
