VÍCTOR

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            Olía a un alcohol intenso. Todo aquel con experiencia podría detallar que se trataba de licor 48. A algunas personas le irritaba, yo no lo comprendía. El aire enredaba su largo cabello castaño y difuminaba su aroma. Sus interminables y finas piernas caminaban con ligereza sobre unos altos tacones rojos. Sus pasos eran firmes, y ese culo...Dios mío, ese culo. Sumergido en una falda corta de cuero. De repente, sus pies pararon de caminar y dieron media vuelta de un modo bailarín. Entonces pude verla de frente. Vestía un top negro brillante de gran escote. Su delantera no era gran cosa, pero sus pechos se veían firmes en ese cuerpo tan esbelto. Se encontraba a varios metros de distancia. Sólo pude divisar sus labios pintados de rojo carmín que se estiraban en forma de sonrisa. Vi sus deslumbrantes dientes. Sus ojos se habían iluminado cuando un hombre alto y fornido le gritó un piropo junto con una sonrisa de seguridad. La chica caminó acelerando poco a poco el paso hasta correr suavemente hacia el joven. Él también se encontraba algo distante a mi izquierda. Cuando llegó a su lugar, acercó su cuerpo hacia el hombre y le besó en la mejilla. La noche era fresca, llena de luces y jóvenes por las calles. Los locales habrían sus puertas de par en par dejando correr la música que destacaba de cada uno. La pareja entró en una discoteca cercana.

Alcé la vista hacia el oscuro cielo. Aquella noche París no tenía estrellas.




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