1. Borrón y cuenta nueva

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14 de septiembre, 2015.

Y allí estoy yo, sentado en el pupitre, penúltima fila, mirando el móvil para disimular mis nervios ante la gente. Quedan dos minutos para que empiecen la clases. Una chica con el pelo corto, bajita, se acerca con una sonrisa.

—¡Hola! ¿Eres nuevo verdad? ¿Cómo te llamas?
—Sí, me llamo Gabriel, encantado —titubeé.

Seguidamente, Cloe me invita a ir con su grupo de amigos, y acepto. Veo a una chica y dos chicos.

—¡Hey! Os presento a Gabriel. Gabriel, estos son mis amigos, Eduardo, Ana y Axel.

Todos me saludan amablemente y yo les respondo con una sonrisa, levantando la mano para saludarles. Cloe empieza a hablar con Eduardo. Ana se acerca para hablarme mientras Axel busca algo en su mochila.

—¿Y qué bachillerato haces? —Pregunta Ana.
—El científico, aunque no tengo claro lo que haré en el futuro. ¿Y tu?
—Yo hago el humanístico, me encanta la literatura y todo eso. Del grupo me parece que solo Axel hace el científico, así que os veréis más a menudo.
De pronto, entra el profesor y toda la clase se sienta en sus respectivos pupitres.
—Gabriel, si quieres, en el patio puedes venir con nosotros, así te enseñamos el cole y tal.
Asiento con la cabeza y vuelvo a mi sitio. El profesor empieza a explicar horarios y nos hace  la típica introducción de curso.

Mientras el profesor explica las optativas de cada modalidad, me fijo en Eduardo y Cloe, que escriben algo en un papel y se lo intercambian, seguido de algunas risas. El profesor prefiere ignorarlos y seguir con el discurso.
Mientras Edu y Cloe siguen haciendo sus cosas, observo a Axel, que parece estar atento, aunque sus ojos reflejan un estado de sosiego y calma. En ese preciso instante, Axel se gira y me pilla observándolo. Sonrío avergonzado y desvío la mirada hacia mi libreta. Él sonríe y sigue con sus indagaciones. —Qué idiota soy— pienso.

En la hora del recreo, Eduardo, Cloe me hacen un interrogatorio de mi antigua vida. Les explico que antes de mudarme a Barcelona, vivía en un pueblo a las afueras, en el que siempre he estado y vivido.
—Por cierto Gabriel, puedes llamarme Edu, no me van las formalidades y esos rollos. —suelta Eduardo
—A mi me podéis llamar Gabe, si queréis.
—Pues a mi me llamáis por mi nombre, sólo si queréis, claro —dice Cloe sarcástica.
Los tres soltamos una carcajada y vemos como Axel y Ana se acercan, Ana pretende iniciar conversación pero Axel la interrumpe.
—Perdonad chicos, ¿habéis visto mi estuche? Es de color azul oscuro con una cremallera negra. Antes buscaba en mi mochila, sin resultado y ahora sigo sin encontrarlo. Si lo veis decídmelo.
—¿No te lo habrás dejado en casa Axel? —pregunta Cloe.
—Estoy seguro que no, me acuerdo perfectamente de cómo lo metía en el bolsillo de la mochila.
—Pues eso es que te lo ha quitado alguien —Espeta Edu.
—No exageres, seguro que llevaba la cremallera abierta y al andar se le ha caído —responde Ana.

Al acabar el recreo, el grupo se dispersa y cada uno vuelve a clase. El profesor, llama a cada alumno y reparte los libros de cada optativa, dependiendo de cada tipo de bachillerato.
—¡Rodrigo! —el profesor llama al alumno y él se levanta para recoger sus libros, pero un chico le hace la zancadilla y el alumno se tropieza. Suenan algunas risas.
—¿Qué haces? —Grita el chico avergonzado.
—¡Guillermo! ¡Sal de la clase! —Espeta el profesor.
El chaval, alto, rapado y vestido con chándal, sale de la clase con una sonrisa y la aprovación de su pandilla, que siguen riéndose.
Cuando acaba la hora, el grupo se reúne, pero esta vez en la mesa de Gabriel. Esta vez Ana emprende la conversación.
—¿Habéis visto lo que le ha hecho el Guille al pobre Rodrigo?
—No he entendido porqué lo ha hecho. ¿Quién es ese tal Guille? —Pregunté.
—Ese tío es un "chulo-piscinas", hay que ignorarlo y punto. —responde Edu.
—Su pandilla en general es el problema. —continua Cloe.
—No te pases Cloe, ellos solo le siguen el juego. Guille es un chaval que ha repetido primero de bachillerato. Ya has visto lo que ha pasado, ese chaval no es de fiar, los únicos compañeros que tiene son su pandilla, se cree que por tener más pelos en la cara es superior —responde Ana.

Axel escucha con atención pero se muestra indiferente. Seguidamente, entra la profesora, que imparte castellano. Todo el mundo se sienta en su sitio.
—¡Hola a todos! Por lo que veo hay muchas caras nuevas este año. Intentaré recordar los nombres, aunque no prometo nada —dice sonriente.
—A ver, a ver... ¡Tú! ¿Cómo te llamas? —Pregunta senyalándome con el dedo.
—Gabriel, o Gabe —respondo.
La profesora repite mi nombre unas cuantas veces y sigue preguntando a otros rostros, siguiendo el mismo método.

Al acabar las clases, todos se levantan, cogen sus mochilas y van marchando del aula progresivamente. Antes de irme, me dispongo a ir al lavabo.
Cuando entro, hay dos chicos meando. Yo, que prefiero no mear en público, me dirijo hacia el grifo, cojo el agua con las manos y bebo, de manera que pareciera que hubiera ido al lavabo por tener sed, y no por mear.
Al salir del lavabo me dirijo a clase, donde no quedan casi alumnos, cojo mi mochila, y en ese preciso instante, veo un estuche de color azul detrás de la mesa de Guillermo. —¿Es el estuche de Axel?— Recojo el objeto, me preparo para salir rápidamente e intentar alcanzar a Axel, para devolverle el estuche.

Al pasar por los pasillos, esquivo a la gente y a lo lejos veo al propietario del objeto perdido, y cuando estoy lo suficientemente cerca, lo llamo.
—¡Axel!
—¡Hola Gabe! ¿Qué pasa? —Responde Axel al verme.
—He encontrado tu estuche, y quería devolvértelo antes de que acabara el día. —Dije mientras le enseñaba el estuche —¿Es éste verdad?
—¡Sí! ¿Donde estaba? —Pregunta mientras le devuelvo el objeto.
—Detrás de la mesa de Guille, en el suelo —le respondí.
—¿Enserio? ¡Pues muchísimas gracias Gabriel! Ya lo daba por perdido. —Dijo mientras esbozaba una cálida sonrisa.
—¡De nada! —Dije sonriente.
—Por cierto Gabriel, esta tarde hemos quedado Ana y yo para dar una vuelta por ahí, si quieres, puedes venir.
—¡Claro! Aunque no puedo quedarme hasta muy tarde —Respondí.

—Qué tío más majo— pensé. Gracias a Cloe y sus amigos, forjaría una gran amistad. Y quizás mucho más...

Príncipe no tan encantadorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora