Capítulo 1

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- ¡Cassie vamos a llegar tarde! - mi madre no paraba de chillarme desde abajo de las escaleras mientras yo subía mis pantalones a la vez que me peinaba, esta mañana estaba siendo un absoluto desastre después de que mi despertador decidiese no sonar. Acabe de peinarme y decidí recoger mi pelo en un coleta alta mirándome con decepción en el espejo. Bajé todo lo rápido que pude los escalones, casi bajándolos de dos en dos y tropezándome con mis propios pies. Acompañé a mi madre a la salida y las dos nos metimos en le coche para acto seguido encender la radio y empezar a tararear las pocas canciones que me sabía, eso yo, mi madre se la pasaba en silencio no apartando ni una sola vez los ojos de la carretera. Ya estábamos llegando al que sería mi instituto y por primera vez, en un semáforo, mi madre dirigió sus ojos a mi con una sonrisa enorme dibujada en su rostro.

- ¿Preparada para un nuevo comienzo? - solté un pequeño bufido acompañado de una sonrisa mientras negaba con la cabeza.

- Llevas diciéndome lo mismo todo el Verano mamá, ya sabes lo que hay, que hayamos dejado Sydney atrás no significa nada - la escuché resoplar a mi lado para volver a centrarse en la carretera. No tardamos mas de diez minutos en llegar al que sería mi nuevo instituto. Estaba en mi penúltimo año y no paraba de pensar en que solo me quedaban 518 días para salir de este infierno.

Me bajé del coche después de despedirme de mi madre con un beso en la mejilla, acomodé mi bolso y me dirigí a la secretaría. Fui fijándome en todas, o casi todas, las personas que inundaban aquellos pasillos; había un poco de todo, desde los que me miraban curiosos, los que no se fijaban en nadie más que en sus amigos después de no haberlos visto en casi todo el verano, los que se llevaban viendo todo el verano pero actuaban como si no, de los que ignoraban todo y a todos, y obviamente no podía faltar el grupito de huecas pegadas a chicos que tenían pinta de jugar a cualquier deporte que estuviese de moda en esta escuela, y como bien supuse, ellas serían las animadoras. "Todo tan cliché" pensé. Entré en secretaria tras haber pasado unos buenos cinco minutos buscándola y piqué a la puerta antes de adentrarme en la clase observando como un chico rubio hablaba enfadado con la que supuse sería la secretaria del director.

- Lo que tu digas, pero no pienso hacer eso.

- Espinosa, sabes de sobra que no es lo que tu quieras, el director te obliga.

- Está bien - dijo finalizando la conversación aún un poco cabreado. Cuando pasó por mi lado se chocó contra mi hombro y no se molestó en pedirme perdón. Solté un suspiro y decidí ignorarle para adelantarme y colocarme al lado del mostrador donde se encontraba aquella mujer que me miraba curiosa.

- Vengo a por mi horario, soy nueva, estoy en el penúltimo año - sonreí y la mujer cerró la boca puesto que no la había dejado hablar.

- Aquí tienes - me entregó un papel en el que estaban escritas muchas horas y asignaturas, y aborrecía la mitad de ellas. Salí de aquella sala aún mirando mi horario cuando alguien tocó mi hombro haciendo que me sobresaltara.

- ¿Y tu quien eres? - dije mirándole de arriba abajo, notando que era el mismo chico con el que me había topado unos minutos antes en secretaría.

- Soy Matthew, estoy castigado y me han mandado enseñarte esto, hoy no darás clase, solo me seguirás y conocerás esto, y por favor... no molestes - iba a contestarle la primera grosería que se me pasara por la cabeza, pero decidí callarme y no buscarme problemas el primer día de clases. Seguí a aquel chico y recé por que esta mañana no se me hiciese demasiado larga.

(...)

-¿Entonces todo claro? - asentí aún observando el último aula que el tal Matthew me había enseñado aquel día, había mas de las que hubiese deseado y el laboratorio de ciencias no era la que mas me apasionaba - bien, entonces me retiro... no te olvides de decírselo al director.

Solté el decimo bufido del día y me dirigí al despacho del director para decirle como aquel idiota me había dicho que debía hacer, que me había quedado todo clarísimo. Una vez hecho esto, llevándome varias miradas de desaprobación del director ante mi gesto de indiferencia salí de aquel instituto aún bajo la atenta mirada de varias chicas. Coloqué mi bolso incomoda y me dirigí al aparcamiento buscando a mi madre con la mirada siendo incapaz de encontrarla. Saqué mi móvil y leí un mensaje de la misma diciendo que no podría pasar hoy a por mi y que lo sentía. Miré mi móvil con resignación cuando alguien golpeó mi hombro con su dedo índice haciendo que me girase hacia aquel chico.

- Te veo un poco perdida - dijo riendo, contagiándome inmediatamente con su graciosa risa - Cameron Dallas, encantado - me tendió la mano y yo la tomé con gusto.

- Mi madre no ha venido a buscarme y sinceramente no tengo ni idea de como volver a mi casa, Cassiopeia Blackley, lo mismo digo - respondí riendo - puedes llamarme Cassie - aquel chico agarró mi brazo negando con la cabeza pero aún riendo y me arrastró por todo el aparcamiento del instituto de nuevo captando la curiosa mirada de varias chicas. Sacó unas llaves de su bolsillo y abrió el que supuse era su coche.

- Yo te llevo - abrió la puerta del copiloto y me invitó a entrar con la mano mirándome aún sonriente.

- Oh, no es necesario de verdad...
- ¿Y si nos saltamos la parte en la que tú dices que puedes ir caminando y yo te insisto durante unos largos 5 minutos y te subes de una vez?.
Literalmente me empujó dentro y rodeo este para sentarse a mi lado y arrancar aquel coche que parecía bastante caro para comenzar a dirigirse a mi casa. Todo el camino fue muy divertido puesto que Cameron se pasó los diez minutos haciendo chistes horribles. Me despedí de aquel agradable chico quedando en que nos veríamos mañana en clases para meterme en mi casa y pasar otra tarde aburrida de las muchas que iba a pasar a lo largo de mi estancia en San Francisco.

My BoyWhere stories live. Discover now